Índice

     


    Arequipa y la antigua tradición del mate en el Perú Virreinal

    Después de recorrer la historia del mate en el Perú virreinal, resulta natural preguntarse cuál fue su importancia en Arequipa. Lejos de ser una costumbre ajena, la ciudad se convirtió entre los siglos XVII y XIX en uno de los principales centros de consumo y distribución de la Yerba del Paraguay en el sur andino.

    Su ubicación estratégica dentro de las rutas comerciales que unían las misiones jesuíticas del Paraguay con el Alto Perú permitió que la yerba llegara con frecuencia a la Ciudad Blanca. Gracias al intenso tránsito de arrieros y comerciantes, el mate dejó de ser una bebida exótica para integrarse plenamente a la vida cotidiana de los arequipeños.


    “El uso del Mate que anteriormente era tan general, requería un reposo y unas cautelas que no son compatibles con la publicidad de una tienda: así esa bebida era propia para el estrado, y no de los regalos domésticos, que consecutivamente ha ido perdiendo el crédito”. Y también explican que el mate “se compone de agua caliente con la yerva del Paraguay y azúcar” [sic] (“Mercurio Peruano”, Lima, 1771, Tomo I, páginas 109, 110).


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    La tradición alcanzó tal arraigo que el propio lenguaje popular conservó su huella. Como explica Juan Guillermo Carpio Muñoz en su Diccionario de Arequipeñismos, en Arequipa la palabra mate no solo designaba la infusión preparada con yerba del Paraguay, sino también otras bebidas elaboradas con plantas medicinales. Sin embargo, durante la época virreinal y hasta mediados del siglo XIX, cuando un arequipeño hablaba simplemente de "tomar mate", todos entendían que se refería a la tradicional infusión de la hierba del Paraguay.

    El prestigio de esta bebida fue tan grande que incluso dio origen al refinado mate perulero, un recipiente de calabaza finamente decorado con aplicaciones de plata y otros metales preciosos, considerado una de las expresiones más representativas de la platería virreinal peruana arte que aún se puede apreciar en piezas de Mates burilados del Valle del Mantaro (siglos XVIII – XX).   . En las principales casonas arequipeñas, poseer un elegante juego de mates era sinónimo de distinción y buen gusto.

    Pero el verdadero protagonismo del mate en Arequipa no se explica únicamente por la belleza de sus recipientes. Su importancia radica en el papel que desempeñó dentro del comercio colonial, en las costumbres domésticas, en la literatura, en el lenguaje popular y en la identidad de una ciudad que, durante más de dos siglos, encontró en la hierba del Paraguay una bebida tan cotidiana como hoy lo es el café.

    Es precisamente esa historia, casi olvidada por las nuevas generaciones, la que las siguientes páginas buscan recuperar.

     

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    Una tradición olvidada que marcó la historia de la Ciudad Blanca


    Si hoy preguntáramos cuál fue la bebida tradicional de los arequipeños durante la época colonial, la mayoría respondería que la chicha de guiñapo. Sin embargo, pocos recuerdan que durante más de dos siglos otra infusión formó parte inseparable de la vida cotidiana de la ciudad: el mate elaborado con la llamada Yerba del Paraguay.

    Durante los siglos XVII, XVIII y buena parte del XIX, beber mate era una costumbre tan común que cronistas, viajeros y autoridades lo mencionaban constantemente en sus escritos. La yerba llegaba desde las antiguas misiones del Paraguay siguiendo largas rutas comerciales que atravesaban el Alto Perú hasta alcanzar ciudades como Potosí, Cusco y Arequipa. Aquí no solamente se convirtió en una bebida de consumo diario, sino también en un símbolo de hospitalidad, de prestigio social e incluso de identidad regional.

    Con el paso del tiempo, el café y el té desplazaron esta tradición hasta casi hacerla desaparecer. No obstante, el recuerdo del mate sobrevivió en la literatura, en el vocabulario popular y, sobre todo, en el extraordinario Diccionario de Arequipeñismos de Juan Guillermo Carpio Muñoz, quien dejó registrada una valiosa explicación acerca del significado que tuvo esta palabra entre los arequipeños.

     

    Nota: La afición de beber la yerba mate o de los jesuitas decreció en el territorio peruano en la segunda mitad del siglo XVIII tras la expulsión de la Orden jesuita en 1767, y ya creado el virreinato del Río de la Plata, las rutas internas de comercio cambiaron de rumbo. El beber café se consolidó como alternativa y, finalmente, con el advenimiento del té en el siglo XIX, desapareció totalmente la costumbre de tomar la infusión, reservándola exclusivamente para el hábito de los habitantes de los países sureños. Kelly Carpio Ochoa.   MATE PERULERO HISTORIA Y CULTURA DEL CONSUMO DE YERBA MATE EN EL PERÚ VIRREINAL.

     

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    El origen de la "Yerba del Paraguay"


    La planta conocida científicamente como Ilex paraguariensis era utilizada desde tiempos prehispánicos por los pueblos guaraníes, quienes le atribuían propiedades estimulantes y medicinales. Fueron los jesuitas quienes, entre los siglos XVII y XVIII, organizaron su cultivo y lograron convertirla en uno de los productos comerciales más importantes del sur de América.

    Desde las reducciones jesuíticas la yerba comenzó un largo recorrido que unía Paraguay con el Alto Perú y el Virreinato del Perú. Gracias a esta extensa red comercial, la infusión llegó a ciudades tan distantes como Lima, Cusco y Arequipa, donde alcanzó una enorme aceptación.




     La Leyenda de la Yerba mate.

    Cuenta la tradición guaraní que Yasí (la luna) observaba la Tierra todas las noches y deseaba caminar por sus selvas. Un día le pidió ayuda a Araí (la nube rosada del atardecer) y juntas descendieron al monte convertidas en dos hermosas jóvenes. Mientras paseaban maravilladas, fueron sorprendidas y acorraladas por un feroz yaguareté (jaguar) a punto de atacarlas. En ese momento apareció un valiente y viejo cazador guaraní quien, empuñando su arco y flecha, ahuyentó a la fiera y salvó la vida de las diosas. Él las invitó a su humilde choza y compartió con ellas lo poco que tenía para comer.

    A la mañana siguiente, cuando las diosas ya habían regresado al firmamento, el cazador despertó y descubrió unos árboles desconocidos de hojas verdes y flores blancas que habían brotado exactamente donde había estado la choza. La luna Yasí le habló desde el cielo, explicándole que esas eran las hojas de un árbol mágico nacido en agradecimiento por su bondad. Le enseñó a recolectar las ramas, tostarlas al fuego, molerlas y colocarlas dentro de una calabaza. Al agregarle agua caliente y beberlo mediante una cañita, el anciano descubrió que la infusión le quitaba el cansancio y la sed.

    El cazador preparó la bebida y la compartió con su familia, pasando el recipiente de mano en mano. Desde ese día, el mate se convirtió para el pueblo guaraní no solo en una bebida reconfortante para sus largas jornadas de caza, sino en un símbolo sagrado de hermandad, unión y hospitalidad, una tradición que perdura hasta el día de hoy.

     Chamamé de la Yerba Mate


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    Arequipa: una ciudad donde el mate era casi una necesidad


    Lo que hace especialmente interesante el caso arequipeño es que el consumo del mate no obedecía únicamente al gusto.

    El cronista Ventura Travada y Córdova afirmaba que los habitantes de Arequipa bebían yerba del Paraguay para "humedecer los humores", pues consideraban que el clima seco de la ciudad producía una excesiva resequedad en el organismo. Esta explicación médica, propia de la época, ayuda a comprender por qué la bebida alcanzó un consumo extraordinario.

    Las fuentes coloniales incluso señalan que en Arequipa podían consumirse alrededor de tres zurrones de yerba al día, una cantidad que revela la enorme popularidad que tuvo esta costumbre.



    El Suelo de Arequipa convertido en cielo. 1772.


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    Nota: Un zurrón es una bolsa grande de pellejo, que regularmente usan los pastores para guardar y llevar su comida u otras cosas.

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    El mate: mucho más que una bebida

    En la Arequipa colonial, ofrecer un mate era una muestra de cortesía. Así como hoy se invita una taza de café o un té a quien llega de visita, durante los siglos XVII y XVIII era casi una obligación ofrecer una infusión de yerba del Paraguay a familiares, amigos y visitantes.

    Los viajeros quedaron sorprendidos por la frecuencia con que se consumía. Algunas crónicas cuentan que en las casas principales las señoritas servían hasta tres mates por la mañana y otros tres por la tarde a cada concurrente. Para evitar que el agua hirviendo manchara los vestidos, el servicio se realizaba utilizando pequeños azafates o bandejas. Aquella sencilla bebida había llegado a convertirse en un verdadero ritual social.

    Pero el mate no era exclusivo de las familias acomodadas. Lo bebían comerciantes, artesanos, arrieros, religiosos, mineros e incluso los sectores populares. Era una costumbre compartida por prácticamente toda la sociedad arequipeña.


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    ¿Qué significaba "mate" para un arequipeño?


    Uno de los aportes más interesantes del Diccionario de Arequipeñismos de Juan Guillermo Carpio Muñoz consiste en demostrar que la palabra mate tenía en Arequipa un significado mucho más amplio que el que hoy conocemos.

    Carpio explica que, en primer lugar, mate era el nombre de la infusión preparada con hojas y pequeñas ramas de diversas plantas aromáticas o medicinales. No solamente podía elaborarse con yerba del Paraguay, sino también con té, cedrón, manzanilla, coca, toronjil, hierbabuena, menta, valeriana y muchas otras yerbas utilizadas tradicionalmente en la medicina popular arequipeña.

    Asimismo, el término designaba también la bebida ya preparada e incluso la infusión elaborada mediante pequeñas bolsitas filtrantes, significado que con el tiempo terminó imponiéndose en el castellano moderno.

    Sin embargo, Carpio recuerda que antiguamente, cuando en Arequipa se hablaba simplemente de "tomar mate", la mayoría de las personas entendía que se trataba específicamente de beber yerba del Paraguay, costumbre que se mantuvo aproximadamente hasta mediados del siglo XIX. Según el autor, la práctica comenzó a desaparecer entre 1840 y 1850, cuando el café y el té empezaron a desplazar lentamente a la tradicional infusión.


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    Una costumbre llegada desde el sur


    Carpio Muñoz plantea además una interesante explicación sobre el origen de esta costumbre en Arequipa.

    Según sus investigaciones, probablemente fueron los arrieros y comerciantes arequipeños que viajaban constantemente hacia el gran centro minero de Potosí quienes introdujeron el hábito de beber mate. Durante los siglos XVII y XVIII miles de comerciantes recorrían las rutas que unían Arequipa con el Alto Perú, llevando vinos, aguardientes, textiles y numerosos productos europeos, mientras regresaban con plata, lana y, por supuesto, grandes cargamentos de yerba del Paraguay.

    No resulta extraño entonces que la bebida terminara incorporándose a la vida cotidiana de la ciudad.

    Para la investigadora Kelly Carpio Ochoa, en su artículo MATE PERULERO HISTORIA Y CULTURA DEL CONSUMO DE YERBA MATE EN EL PERÚ VIRREINAL nos dice :    

    [...] Si bien en la actualidad el Perú no es un país consumidor de yerba mate, durante el virreinato esta infusión fue parte de la vida cotidiana de la sociedad limeña, consumiéndose después de las comidas e incluso en cualquier momento de ocio. El hábito de beber mate quedó registrado no solo en textos históricos, sino también en grabados, como el publicado en el siglo XVIII por el viajero francés Amedée-François Frézier (1682-1773), que representa a una dama de la época disfrutando de esta infusión. Además de evidenciar la costumbre de su consumo, estas imágenes muestran la vajilla y los implementos utilizados para su preparación y servicio. Representaciones como esta reflejan el refinamiento de la sociedad virreinal y contribuyeron a la difusión de la fama del mate perulero en todo el virreinato, destacando la originalidad de su elaboración, el uso de materiales distintivos y la rica ornamentación que lo caracterizaba. [...] 


    Vista general de Potosí "Oleo de Gaspar Miguel de Berrio Siglo-XVIII.

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    Del recipiente nació la palabra


    Existe otro detalle lingüístico que suele pasar desapercibido.

    La palabra mate no designaba originalmente la planta ni la bebida, sino el recipiente donde esta se preparaba. El vocablo procede del quechua mati, nombre que recibía la pequeña vasija elaborada con una calabaza seca.

    Con el tiempo ocurrió un fenómeno muy común en el idioma: el nombre del recipiente terminó identificando también a la bebida que contenía. Algo parecido sucede hoy cuando decimos "tomemos una copa", aunque en realidad nos referimos al vino y no al recipiente.

    Este cambio de significado explica por qué el Diccionario de la Real Academia Española define actualmente el mate como la bebida que se toma con bombilla, mientras que antiguamente el término hacía referencia principalmente a la calabaza utilizada para beberla.

     




    El más antiguo fue descubierto por el arqueólogo estaunidense Junius Bird, en el Complejo arqueológico de la Huaca Prieta, en La Libertad (se encuentra en el Museo Nacional de Cultura Peruana).


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    Nota: Mucho antes de la llegada de los españoles, los indios guaraníes ya disfrutaban la yerba para su consumo personal y a través de los contactos e intercambios comerciales extendieron su uso a pueblos de otras regiones, como los quichuas y chiriguanos (Chiriguano es la forma despectiva castellanizada con la que los pueblos de habla quechua se referían a los guaraníes del Chaco occidental). (Oberti, 1955).

    En este proceso, se dieron una serie de asociaciones, préstamos y reemplazos de las voces indígenas guaraní y quechua utilizadas por los pueblos aborígenes. El nombre mate que provenía del quechua mati, con el cual se designaba a la calabaza seca y vaciada portadora de alimentos o bebidas de antigua tradición precolonial andina, se generalizó para denominar a la infusión y su recipiente en todo el territorio del virreinato peruano. ¿Cómo sucedió? Oberti, (1955) el estudioso del mate en argentina plantea una interpretación de este proceso. Cuando el nombre guaraní caiguá asciende hasta el virreinato del Perú, se hace llana para adaptarse a las características graves del quechua, de esta manera el nombre quechua de la calabaza mati o mate desciendió hasta los bosques del Paraguay, para castellanizarse y convertirse en mate. Posteriormente la castellanización de la palabra quechua mati resultó de la interacción de las distintas culturas, tradiciones y costumbres en el Alto Perú y dio como resultado la generalización del término mate.  Kelly Carpio Ochoa.   MATE PERULERO HISTORIA Y CULTURA DEL CONSUMO DE YERBA MATE EN EL PERÚ VIRREINAL.

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    Mate “galleta”. Siglo XVIII. Lagenaria burilada con 
    aplicación de plata dorada. Colección Museo Pedro de 
    Osma. El fruto decorado. Mates burilados del 
    Valle del Mantaro (siglos XVIII – XX). Imagen en : Kelly Carpio Ochoa.   MATE PERULERO HISTORIA Y CULTURA DEL CONSUMO DE YERBA MATE EN EL PERÚ VIRREINAL.

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    El refinamiento del "mate perulero"


    Aunque el recipiente original era una simple calabaza seca, en el Virreinato del Perú adquirió un refinamiento extraordinario.

    Los plateros comenzaron a decorar los mates con aplicaciones de plata burilada, bases labradas, asas y adornos que convertían un objeto cotidiano en una verdadera obra de arte. Estos recipientes llegaron a conocerse como mates peruleros y fueron especialmente apreciados durante el siglo XVIII.

    Poseer un elegante juego de mates era un símbolo de prestigio social, al punto que aparecen registrados en inventarios de bienes pertenecientes a autoridades, comerciantes acomodados y familias distinguidas de Arequipa.

     

    Nota: El mate perulero fue el término con que los estudiosos del arte argentino designaron a los recipientes de la yerba mate procedentes del virreinato peruano. La capacidad técnica del platero, el espíritu creador del artesano, la riqueza del mineral, el lujo de las costumbres y los caprichos de los clientes, obligaron al artífice a concebir piezas y adornos diversos durante el siglo XVIII. Como ya hemos señalado, Lima como capital de virreinato, ejerció un radio de influencia estilística en las demás ciudades coloniales. “La primera actitud de los habitantes [del sur], fue vivir con los ojos fijos hacia Lima o Chile. De allá bajaba todo: las provisiones […, las] ordenanzas 1 virreinales, [y] las mercancías de España [...]” (Oberti, 1955).


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    Arequipa: el gran puente de la yerba del Paraguay


    Para comprender la enorme importancia que tuvo el mate en Arequipa, primero debemos imaginar el mapa del Virreinato del Perú durante los siglos XVII y XVIII. No existían ferrocarriles ni carreteras; el comercio dependía casi exclusivamente de interminables caravanas de mulas que atravesaban montañas, desiertos y quebradas durante semanas o incluso meses.

    La yerba mate nacía muy lejos de la Ciudad Blanca. Provenía de los bosques subtropicales de Paraguay, donde los pueblos guaraníes ya la consumían mucho antes de la llegada de los españoles. Más tarde, los jesuitas perfeccionaron su cultivo y organizaron una compleja red comercial que permitió abastecer a buena parte de Sudamérica.

    Desde allí comenzaba un largo viaje. Los cargamentos atravesaban las actuales provincias argentinas de Misiones, Corrientes, Salta y Jujuy, continuaban hacia el Alto Perú y finalmente llegaban a ciudades como Potosí, La Paz, Cusco, Tacna, Arequipa y Lima.


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    La ruta que unía Paraguay con Arequipa


    Arequipa ocupaba una posición privilegiada dentro de este circuito comercial. Gracias a su ubicación geográfica, la ciudad se convirtió en uno de los principales centros de redistribución de mercancías entre la costa peruana y el Alto Perú.

    Los arrieros desempeñaban un papel fundamental en este sistema. Con enormes recuas de mulas recorrían cientos de kilómetros transportando no solamente yerba del Paraguay, sino también vinos, aguardientes, textiles europeos, herramientas, azúcar, cacao, harina y numerosos productos destinados a abastecer las ciudades mineras.

    Uno de los principales centros de esta actividad era Tacna, donde existían importantes gremios de arrieros. Las fuentes mencionan que en sus alrededores podían concentrarse hasta cinco mil mulas destinadas al transporte de mercancías hacia Arequipa, Cusco y Potosí. Aquellos animales constituían el verdadero motor económico del sur andino.



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    Potosí: el gran consumidor


    Buena parte de este intenso comercio tenía un destino muy concreto: Potosí.

    La famosa Villa Imperial reunía a decenas de miles de habitantes gracias a la explotación de sus minas de plata. Alimentar y abastecer una ciudad de semejante tamaño requería una red comercial gigantesca, en la que Arequipa desempeñó un papel estratégico.

    Los comerciantes arequipeños enviaban hacia el Alto Perú vinos de Vítor y Majes, aguardientes, aceitunas, ajíes y otros productos agrícolas de la región. A cambio recibían plata, lana, mercancías europeas y grandes cargamentos de yerba del Paraguay.

    Fue precisamente ese intercambio constante el que permitió que el mate se incorporara rápidamente a la vida cotidiana de los arequipeños.


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    Una mercancía muy valiosa


    Aunque hoy la yerba mate es un producto relativamente accesible, durante la época  virreinal representaba una mercancía de considerable valor.

    Las crónicas señalan que una arroba de yerba podía costar apenas cuatro reales en su lugar de origen. Sin embargo, después de recorrer miles de kilómetros atravesando caminos difíciles, su precio llegaba a multiplicarse varias veces al arribar al Perú.

    A pesar de ello, la demanda continuaba creciendo.

    Los reformistas borbónicos calculaban que en todo el Virreinato del Perú se gastaban alrededor de seiscientos mil pesos anuales en la compra de yerba mate, una cifra que consideraban exagerada para una bebida que, según ellos, no era indispensable. Sin embargo, la realidad demostraba lo contrario: para miles de personas el mate ya formaba parte de su vida diaria.


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    Cuando la yerba valía tanto como el dinero


    La importancia económica de la yerba llegó a ser tan grande que, en algunas ocasiones, funcionó como medio de pago.

    Existen registros de finales del siglo XVIII que indican que el comerciante Mariano Garagay canceló la compra de un esclavo entregando 400 pesos en yerba del Paraguay, evidencia de que el producto gozaba de plena aceptación y podía utilizarse como una mercancía de alto valor comercial.

    Además, la Corona española reconocía su importancia para el abastecimiento de la población. Por esa razón, la venta al por menor de la yerba en plazas y mercados estaba exonerada del pago de la alcabala, beneficio reservado únicamente para algunos productos considerados esenciales.

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    Más que comercio, una identidad compartida


    Con el paso de los años, la yerba dejó de ser simplemente un producto importado. Se convirtió en parte del paisaje cotidiano de Arequipa.

    Era habitual encontrar sacos de yerba almacenados en las grandes casonas del centro histórico, verla venderse en tiendas de abarrotes y observar cómo se servía a cualquier visitante como muestra de hospitalidad.

    No es exagerado afirmar que, durante más de dos siglos, el mate fue para los arequipeños lo que hoy representa el café: una bebida que acompañaba las conversaciones familiares, las reuniones sociales y los momentos de descanso.


    Libro: El corregidor de indios y la economía peruana del siglo XVIII: (los repartos forzosos de mercancías) .Alfredo Moreno 1977.


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    El mate en la vida cotidiana de los arequipeños


    Durante los siglos coloniales, el mate no era simplemente una bebida. Era un compañero de las conversaciones, de las visitas familiares, del trabajo diario e incluso de los momentos más difíciles de la vida.

    Al amanecer acompañaba el inicio de las labores domésticas; durante la tarde reunía a vecinos y familiares; por la noche servía para prolongar las tertulias o aliviar el cansancio después de una jornada de trabajo. Era una presencia tan habitual que pocas personas imaginaban una casa sin una pequeña provisión de yerba del Paraguay.

    A diferencia de la costumbre actual de Argentina o Uruguay, donde generalmente se consume amargo, en el Perú virreinal el mate se endulzaba casi siempre con abundante azúcar. Diversas fuentes históricas coinciden en señalar que la yerba y el azúcar eran inseparables en las mesas arequipeñas. Incluso los cronistas comentaban que el gasto en azúcar llegaba a ser casi tan elevado como el destinado a la propia yerba.

    Esta preferencia por las bebidas dulces explica, en parte, por qué cuando el café y el té comenzaron a difundirse durante el siglo XIX fueron aceptados con relativa facilidad por la población, no obstante ya desde 1771, el Perú para la época era el 5to productor de café, dato que se encuentra en el Mercurio Peruano del  1ro febrero 1790,  página 110.



    Arequipa en el siglo XVIII. Libro: EVOLUCION HISTORICA URBANA DE AREQUIPA 1540 - 1990 RAMON GUTIERREZ.


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    Nota: El primer café público se estableció en Lima en 1771. "El uso del Mate, que anteriormente era tan general, requería un reposo y unas cautelas que no son compatibles con la publicidad de una tienda: así esa bebida era propia para el estrado, y uno de los regalos domésticos, que consecutivamente ha ido perdiendo crédito". "Rasgo histórico y filosófico sobre los cafeés de Lima". Mercurio Peruano, Tomo I, págs.3l-31, 1791.

    Esta referencia al mate ("agua caliente con yerba del Paraguay y azúcar") no es la única en el Mercurio y otras publicaciones de la época. No sabemos mucho de su uso y de la extensión del mismo en el Perú. Solo se puede agregar que "mate" es un peruanismo derivado de voz quechua que designa la calabaza, que suele decorarse pero cuyo uso primordial fue el de recipiente. El Diccionario de Autoridades dice que es "una media calabaza en que en las Indias toman el agua caliente con la hierba que llaman del Paraguay, al modo que se toma el the; y por la figura Metonymia llaman así a la misma bebida. Javier Mariátegui. EL MERCURIO PERUANO Y LA MEDICINA 1994.

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    La Yerba del Paraguay en la literatura arequipeña


    La enorme difusión de esta bebida hizo que también quedara inmortalizada en la literatura regional.

    Uno de los ejemplos más conocidos aparece en las tradiciones peruanas de Ricardo Palma en  el Manchay-Puito, tradición que se lleva a cabo entre Arequipa y  la población de Huamanmarca-Yanaquihua - Condesuyos. Antes de que el doctor Gaspar de Angulo se entregue a la desesperación tras la muerte de su amada, la narración menciona que prepara dos tazas de yerba del Paraguay. El detalle parece pequeño, pero revela que el mate era la bebida natural para acompañar tanto la reflexión como la tristeza.




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    También aparece en la novela costumbrista Jorge, el hijo del pueblo, donde un humilde artesano, después de apagar el anafe, prepara agua hirviendo para servir unos pocillos con aromática yerba del Paraguay y azúcar. La escena refleja con gran sencillez la vida cotidiana de los barrios tradicionales de Arequipa, donde el mate era una bebida al alcance de ricos y pobres.

    Estas referencias literarias demuestran que el mate no era un lujo reservado para las familias adineradas, sino una costumbre profundamente arraigada en toda la sociedad.


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    Cuando la historia y el mate se encontraron


    La yerba del Paraguay también aparece ligada a uno de los episodios más curiosos de la historia arequipeña.

    Durante los acontecimientos políticos conocidos como la Revolución de 1834, la célebre Francisca Zubiaga y Bernales, más conocida como La Mariscala, esposa del Mariscal Agustín Gamarra, habría encontrado refugio durante varios días en un almacén repleto de sacos de yerba del Paraguay para evitar ser capturada.

    Más allá de la anécdota, el episodio pone de manifiesto la enorme cantidad de yerba que circulaba por Arequipa y cómo era habitual almacenarla en grandes cantidades dentro de las casonas comerciales del centro de la ciudad.




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    Nota: El Levantamiento de Arequipa (1834). Tras dejar el poder presidencial su esposo, el mariscal Agustín Gamarra, la pareja respaldó un golpe de Estado contra el presidente constitucional Luis José de Orbegoso. Al fracasar el golpe en el centro del país, Gamarra y La Mariscala se refugiaron en Arequipa en abril de 1834. 

    Al llegar a la ciudad, intentaron recaudar dinero forzosamente cupos a las familias ricas de la ciudad, desatando la furia de los arequipeños. La población civil de Arequipa, de fuerte convicción liberal, organizó un motín popular masivo en apoyo al presidente Orbegoso para expulsar a los gamarristas.

    Al ser el blanco principal del odio popular, la casa donde se hospedaba Francisca fue rodeada por una turba armada. Su huida se convirtió en una leyenda de la historia peruana.  Para evitar ser capturada o linchada, saltó desde la azotea o balcón del segundo piso hacia el patio de una vivienda vecina.

    Buscó refugio en el Convento de Santa Catalina. Las monjas la ayudaron a escapar de la ciudad disfrazada de clérigo o sacerdote.

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    El lenguaje conserva lo que la historia olvida


    Aunque el hábito de beber yerba del Paraguay prácticamente desapareció en Arequipa, el lenguaje ha conservado numerosas palabras asociadas a aquella tradición.

    Juan Guillermo Carpio Muñoz recoge varias de ellas en su Diccionario de Arequipeñismos, recordándonos que los antiguos recipientes de calabaza seguían formando parte de la vida cotidiana mucho después de abandonarse el consumo del mate.

    Así, el porongo era la calabaza de mayor tamaño utilizada para transportar agua durante los viajes por las pampas o conservarla fresca en las viviendas.

    Cuando ese porongo se partía por la mitad daba origen al huinco, una especie de cucharón muy utilizado en las picanterías para servir chicha y en las antiguas tiendas de abarrotes para medir arroz, azúcar, trigo o menestras.

    Mostajo recuerda también que en los baños de Tingo era frecuente unir dos poros mediante una faja para fabricar improvisados flotadores con los que los niños aprendían a nadar. Los poritos más pequeños servían como sonajeros infantiles gracias al ruido que producían sus semillas secas. Incluso quedaron expresiones populares como "cabeza de poro" o "cabeza de huinco", empleadas para referirse con humor a una persona distraída u olvidadiza.

    Todo ello demuestra que la cultura material asociada al mate sobrevivió mucho más tiempo que la propia costumbre de beberlo.



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    El lento adiós al mate


    Ninguna tradición permanece intacta para siempre.

    A partir de la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a cambiar los hábitos de consumo de la sociedad peruana. La influencia europea, el crecimiento del comercio internacional y la llegada masiva del té y del café transformaron las costumbres domésticas.

    Francisco Mostajo observó que incluso el significado de la palabra mate comenzó a modificarse. Lo que durante siglos había identificado a la infusión de yerba del Paraguay terminó utilizándose para designar cualquier bebida preparada con yerbas medicinales.

    Sin embargo, la desaparición no fue inmediata.

    Una prueba interesante aparece en el diario El Pueblo de mayo de 1908. En un aviso comercial del almacén "El Misti", de Octavio Bacigalupe, todavía se ofrecía la yerba del Paraguay junto con arroz, azúcar y otros productos de primera necesidad. Esto demuestra que, aunque el café y el té ya ganaban terreno, todavía existían familias arequipeñas que mantenían viva aquella antigua costumbre.



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    El legado del mate en la memoria de Arequipa

    Hoy resulta difícil imaginar que una bebida casi desconocida para la mayoría de los arequipeños haya sido, durante más de dos siglos, una parte esencial de la vida de la ciudad. Sin embargo, las crónicas, los documentos coloniales, la literatura costumbrista y el vocabulario popular coinciden en demostrar que la yerba del Paraguay fue mucho más que una simple mercancía.

    Su historia está íntimamente ligada al crecimiento económico de Arequipa, al intenso comercio con el Alto Perú y a las largas caravanas de arrieros que recorrían los caminos del sur andino. También forma parte de la vida doméstica de las antiguas casonas, donde ofrecer un mate era un gesto de cortesía y hospitalidad que distinguía a las familias arequipeñas.

    Con el paso de los años, la modernidad transformó aquellas costumbres. El café y el té, impulsados por nuevas modas y por la apertura comercial del siglo XIX, ocuparon lentamente el lugar que durante generaciones había pertenecido a la yerba del Paraguay. La transición fue tan gradual que todavía en 1908 algunos almacenes de Arequipa continuaban anunciando la venta de yerba mate entre sus productos de primera necesidad.

    Pero las tradiciones no desaparecen por completo. Permanecen ocultas en las palabras, en los objetos y en los recuerdos.

    Gracias al trabajo de investigadores como Juan Guillermo Carpio Muñoz, sabemos que el término mate tuvo en Arequipa un significado mucho más amplio que el actual. Su diccionario conserva expresiones, definiciones y costumbres que permiten reconstruir una parte importante de la vida cotidiana de nuestros antepasados. Del mismo modo, los estudios de Francisco Mostajo, Ventura Travada y Córdova, Ricardo Palma y otros autores nos permiten comprender que el mate fue un elemento característico de la identidad cultural del sur peruano.

    Quizá por ello no resulte exagerado afirmar que, antes de que el aroma del café inundara las cocinas arequipeñas, fue el vapor de la yerba del Paraguay el que acompañó las conversaciones familiares, las reuniones sociales, las noches de vigilia y hasta los momentos de mayor tristeza de varias generaciones.

    Redescubrir esta historia no significa proponer el regreso de una antigua costumbre, sino reconocer que la identidad de Arequipa también se construyó alrededor de pequeños gestos cotidianos que hoy casi hemos olvidado. El mate fue uno de ellos: una sencilla infusión que unió a Paraguay, Potosí y Arequipa mediante el comercio, la hospitalidad y la vida diaria.


      


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    Epílogo: El regreso de una tradición olvidada


    La historia de la yerba del Paraguay en Arequipa demuestra que las costumbres no desaparecen de un día para otro; cambian al ritmo de las transformaciones políticas, económicas y culturales. Durante más de dos siglos, el mate fue parte inseparable de la vida cotidiana de los arequipeños. Acompañó las conversaciones familiares, las reuniones sociales, las jornadas de los artesanos, el descanso de los arrieros y hasta inspiró páginas de nuestra literatura y de la tradición oral.

    Su declive no fue consecuencia únicamente de un cambio en las preferencias de la población. También respondió a un profundo cambio geopolítico. Con la independencia de las colonias hispanoamericanas se desarticuló el sistema comercial que el Imperio español había mantenido durante siglos entre Paraguay, el Alto Perú y ciudades como Arequipa. Aquellas rutas de arrieraje que abastecían regularmente de yerba a la región fueron perdiendo importancia, mientras que el creciente predominio del comercio británico introdujo nuevos productos, nuevas costumbres y nuevas formas de consumo. El café y el té, símbolos de una época diferente, terminaron desplazando lentamente a la antigua "yerba del Paraguay", que durante generaciones había sido la bebida predilecta de los arequipeños.

    Sin embargo, la historia tiene la curiosa costumbre de regresar.

    En los últimos años han aparecido en Arequipa diversos emprendimientos dedicados a importar y comercializar yerba mate procedente de Argentina, Paraguay y Brasil. Para muchos consumidores esta bebida parece una moda reciente llegada desde los países del Río de la Plata. No obstante, la documentación histórica demuestra que el mate no es un desconocido en nuestra ciudad: forma parte de una tradición que floreció durante la época virreinal y que estuvo profundamente ligada al desarrollo comercial y social del sur andino.

    Hoy es posible encontrar tiendas especializadas, mercados, ferias y pequeños negocios donde se ofrecen yerbas, bombillas y mates de diversos estilos. Cada vez más jóvenes descubren esta infusión atraídos por sus propiedades naturales o por la influencia cultural de nuestros países vecinos. Sin saberlo, muchos de ellos están recuperando una costumbre que sus propios antepasados practicaron hace más de doscientos años.

    Tal vez el mate no esté llegando por primera vez a Arequipa.

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    Tal vez simplemente esté regresando.


    Y ese regreso tiene un profundo significado histórico. Nos recuerda que Arequipa no fue un espectador aislado de la historia sudamericana, sino uno de los grandes centros comerciales del antiguo eje que unía Paraguay, el Alto Perú y el Pacífico. La yerba mate fue uno de los muchos productos que recorrieron esos caminos, llevando consigo costumbres, palabras, formas de convivencia y una identidad compartida entre pueblos que hoy pertenecen a distintos países, pero que durante siglos formaron parte de una misma realidad histórica.

    Quizá nunca vuelva a alcanzar el protagonismo que tuvo en las antiguas casonas arequipeñas, donde ofrecer un mate era un gesto de cortesía y hospitalidad. O quizá sí. Después de todo, las tradiciones más auténticas rara vez desaparecen por completo; permanecen dormidas en la memoria colectiva, esperando el momento adecuado para renacer.

    Si el siglo XXI está siendo testigo del retorno de la yerba mate a las mesas arequipeñas, no deberíamos verlo como la adopción de una costumbre extranjera, sino como el redescubrimiento de una parte olvidada de nuestro propio patrimonio cultural.

    Quién sabe si dentro de algunos años, al igual que ocurrió durante los siglos XVII y XVIII, compartir un mate vuelva a convertirse en un gesto cotidiano entre los arequipeños. Si ello ocurre, la historia habrá cerrado un círculo que comenzó hace más de trescientos años, cuando la antigua "Yerba del Paraguay" llegó por primera vez a la Ciudad Blanca para convertirse, durante generaciones, en una de las bebidas más apreciadas de sus habitantes.

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    Fuentes:

    • Ballón Lozada, Héctor (ed.). Francisco Mostajo: Escritos sobre folklore y costumbres arequipeñas.
    • Carpio Muñoz, Juan Guillermo. Diccionario de Arequipeñismos, Texao Tomo IV.
    • Carrió de la Vandera, Alonso. El lazarillo de ciegos caminantes.
    • Alfredo Moreno 1977. El corregidor de indios y la economía peruana del siglo XVIII: (los repartos forzosos de mercancías) .
    • Contreras, Carlos y Mazzeo, Cristina. Historia Económica del Perú.
    • Gutiérrez, Ramón y colaboradores. Arequipa y el Sur Andino.
    • Middendorf, Ernst Wilhelm. Perú. Observaciones y estudios del país y sus habitantes.
    • Palma, Ricardo. Tradiciones Peruanas.
    • Travada y Córdova, Ventura. El Suelo de Arequipa Convertido en Cielo.
    • Mostajo, Francisco. Diversos artículos sobre folklore arequipeño.
    • Diario El Pueblo, Arequipa, mayo de 1908.
    • MATE PERULERO HISTORIA Y CULTURA DEL CONSUMO DE YERBA MATE EN EL PERÚ VIRREINAL. Kelly Carpio Ochoa. patrimonioculturalperu.com/wp-content/uploads/2025/04/03-texto-mate-perulero-kelly.pdf
    • El Perú y su historia - La "hierba mate" en el Perú virreinal
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    A la memoria de Isabel, mi querida paraguaya.

    Este escrito nació mucho antes de que comenzara a escribir la primera línea. Nació el día en que compartimos nuestro primer tereré y el primer mate, cuando me enseñaste que en tu tierra esta antigua bebida es mucho más que una infusión: es amistad, conversación, familia y hospitalidad.
    Con los años descubrí, como  investigador de las tradiciones arequipeñas, que aquella costumbre que tú llevabas con tanto orgullo también había sido parte de la vida de mis antepasados. Comprendí entonces que, sin proponértelo, me habías ayudado a reencontrar un capítulo olvidado de la historia de Arequipa. Estas páginas están dedicadas a tu memoria, porque cada dato investigado y cada línea escrita llevan también el recuerdo de aquellas conversaciones compartidas entre un paraguayo tereré y un arequipeño curioso. Allí donde estés, deseo pensar que este trabajo logra tender, una vez más, ese puente de afecto entre Caaguazú  y Arequipa que un día comenzamos a construir juntos.