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La Revolución de 1865 y la Plaza 28 de febrero

Este episodio de la historia nacional tuvo a la ciudad de Arequipa como protagonista. El tratado Vivanco - Pareja fue rechazado por la población arequipeña que secundó el pronunciamiento del general Prado. Contando con el apoyo del coronel Domingo Gamio, Mariano Lino Cornejo y el coronel Ginés, tercer jefe del batallón Ayacucho y su ayudante el teniente coronel Elias Suárez puso en marcha la revolución contra Pezet.

Con tal fin, fueron citados al local de la prefectura los jefes de los cuatro cuerpos acantonados en Arequipa. Como se manifestaron opuestos a los planes rebeldes de Prado, éste ordenó su arresto mientras conseguía la adhesión de los demás miembros del ejército. En tales circunstancias, se reunió el pueblo de Arequipa el Io de marzo de 1865, en cabildo abierto, en el local de la Universidad Nacional de San Agustín. En la sesión participaron las corporaciones civiles y eclesiásticas de la ciudad, con el objeto de deliberar sobre la grave situación del país. Y en consideración además al pronunciamiento que, en la víspera, 28 de febrero, hizo el coronel Prado. Surgió así el Acta de Arequipa que en base a varias razones, entre ellas la humillación del honor nacional a raíz de la firma del tratado Vivanco - Pareja, declaró que el general Pezet había cesado en el mando de la República, "por haber violado la Constitución y las Leyes en la celebración del tratado de 27 de enero".

Fue entonces que, mientras el llamado por la ley asumía sus funciones, en este caso el general Pedro Diez Canseco, como segundo vicepresidente de la República, se encargó el poder político y militar al coronel Mariano Ignacio Prado. El documento fue firmado por más de 10 mil personas. A su turno, los jefes y oficiales del ejército pertenecientes a los cuerpos de la división existentes en esta plaza de Arequipa, también suscribieron un acta adhiriéndose a la otra del pueblo arequipeño.

Al día siguiente, 2 de marzo, el coronel Prado dio un manifiesto a la nación, en que justificó el movimiento rebelde en base a la "inconsecuencia y traición de parte del general Pezet". Dijo entonces lo siguiente: "Aquí tenéis a la patria colocada al borde de un espantoso abismo que amenaza tragarla. Es menester que sus esforzados hijos se presenten frente a frente del traidor para salvarla". Y en otro párrafo agregó: "La valiente y magnánima Arequipa se ofrece a vuestra vanguardia (...)". En seguida, el ejército restaurador a órdenes de Prado, estableció su cuartel general en la plaza de Arequipa, "mientras convenga a las operaciones de la guerra". Luego se trasladó a Chincha Alta en el departamento de lea, hasta ocupar la ciudad de Lima.

Pero el espíritu de la revolución del 28 de febrero no fue sino consecuencia del ambiente que rodeó el pronunciamiento del coronel Prado en la ciudad. Con fecha 19 de febrero de 1865, en el pliego N° 1 de "La Guillotina", editado en la imprenta de Valentín Ibáñez, se publicó un manifiesto revolucionario que el historiador Francisco Mostajo atribuye al abogado Cayetano Sánchez. Aunque también expresó el sentimiento del equipo de redactores de "La Guillotina", integrado aparte de Sánchez por Mariano Ambrosio Cateriano, José Moscoso Melgar, Eliodoro del Prado y Daniel Barreda. Sin embargo, el propio Mostajo afirma que Sánchez, al releérselo el manifiesto, le dijo: "debí estar profunda-mente conmovido cuando escribí así".


El manifiesto revolucionario condenó el tratado y al gobierno de Pezet. Terminaba diciendo lo siguiente: "¡Despertad, peruanos, levantaos! El vapor humeante de la sangre de nuestros hermanos de Lima, el Callao reclaman el castigo de los criminales asesinos: Viértase la sangre de los traidores y tiranos y quede extinguida para siempre esa raza maldecida que infama nuestro nombre".

Otro medio de comunicación escrito de la época fue el bisemanario "EL FERROCARRIL" , que en 1863, Cayetano Sánchez, Mariano A. Cateriano, José Lorenzo Melgar, Justiniano Bustamente y el Poeta Ernesto Noboa, fundasen también y al igual que la GUILLOTINA, también se manifestó contra el tratado Vivanco - Pareja.

Participaron en el movimiento rebelde los juristas arequipeños Toribio Pacheco, José Simeón Tejeda y José María Quimper, formando parte del gabinete llamado de los talentos que presidió José Gálvez. Fue aquella la época de mayor gloria del coronel Prado. Su nombre estuvo asociado por mucho tiempo a la victoria del 2 de mayo de 1866. Esta situación cambió radicalmente con la Guerra del Pacífico en 1879. De héroe pasó a ser tratado como traidor. El viaje que hizo a Europa en plena guerra, a juzgar por sus consecuencias, fue un grave error político que dio origen a la leyenda negra de Prado.

El dictador Mariano Ignacio Prado y su “Gabinete de los Talentos”, conformado por José Gálvez Egúsquiza, José María Químper, Manuel Pardo y Lavalle, José Simeón Tejeda y Toribio Pacheco y Rivero.





Antecedentes

El general Juan Antonio Pezet, Presidente de la República del Perú de 1863 a 1865.

El 4 de agosto de 1863, a poco de asumir el poder el general Juan Antonio Pezet, se desató un incidente en la hacienda peruana de Talambo (cerca de Chiclayo) entre inmigrantes vascos y agricultores peruanos, como resultado del cual un español resultó muerto y otros cuatro quedaron heridos. El gobierno español decidió entonces el envío de Eusebio Salazar y Mazarredo bajo el título de Ministro de Su Majestad en Bolivia y Comisario Extraordinario para el Perú, pero el gobierno peruano, aunque aceptó entrevistarse con el enviado español, le indicó que no reconocía el cargo de Comisario Extraordinario, ya que rememoraba a la época colonial y era impropio desde el punto de vista diplomático. Salazar rechazó entonces cualquier entrevista y marchó al encuentro de la Escuadra Española, que se hallaba surta en el Callao.

El 14 de abril de 1864, la Escuadra Española, instigada por Salazar, se dirigió a las islas Chincha, ricas en yacimientos guaneros, que fueron ocupadas por los marinos españoles. Acto seguido, el almirante español Luis Pinzón decretó un bloqueo al puerto del Callao para forzar negociaciones con el gobierno peruano. Sin embargo, sus acciones fueron observadas con mucho cuidado por el gobierno español; que si bien en un comienzo no dio su aprobación para estas acciones, finalmente decidió respaldarlas con el envío de cuatro buques de guerra. Asimismo, se decidió el reemplazo de Pinzón por el vicealmirante José Manuel Pareja.

En diciembre de 1864, una vez en territorio peruano, Pareja se enfrascó en intensas negociaciones diplomáticas con el general Manuel Ignacio de Vivanco, nombrado representante del presidente Pezet, las mismas que concluyeron el 27 de febrero de 1865 con la suscripción del Tratado Vivanco-Pareja. El documento establecía el intercambio de embajadores, el saludo a los respectivos pabellones, la reprobación oficial a Salazar, la desocupación de las islas Chincha y el pago a España de 3 millones de pesos como indemnización por los gastos causados.

Dicho acuerdo, sin embargo, fue rechazado por un mayoritario sector de la ciudadanía peruana, pues lo consideraba muy humillante y contrario a los intereses del país. Tampoco fue aprobado por el Congreso de la República. La falta de reacción del gobierno ante esta situación generó gran indignación en todo el país, que desembocó en el estallido de una revolución nacionalista.

Estallido de la Revolución

El coronel Mariano Ignacio Prado, quien se levantó contra el gobierno de Pezet.

El 28 de febrero de 1865, el coronel Mariano Ignacio Prado, que era entonces prefecto de Arequipa, inició allí una revolución nacionalista. Esta revolución adoptó el nombre de «restauradora» y sus fuerzas, el «Ejército Restaurador».

Prado marchó hacia el Cuzco y a Ayacucho a fin de dominar todo el sur peruano, preparándose así para la toma de la capital, Lima. Simultáneamente, en Chiclayo (norte del Perú), se sublevó el coronel José Balta, convergiendo igualmente su movimiento revolucionario hacia Lima.

Desarrollo de la campaña


El 25 de abril de 1865, Prado se proclamó Jefe Supremo Provisorio. Pero los demás revolucionarios invocaron el respeto a la constitucionalidad y por eso pidieron al segundo vicepresidente del gobierno de Pezet, general Pedro Diez Canseco, que asumiera la presidencia. Éste aceptó, y desde Ayacucho, Prado se vio obligado a reconocer su autoridad, entregándole el mando del «Ejército Restaurador», el día 24 de junio.

A fines de setiembre de ese mismo año se reunieron en Chincha (sur de Lima) los dos ejércitos revolucionarios, el de Balta y el de Prado, que sumaban en total 10.000 hombres. Allí recibieron el apoyo del gobierno de Chile, porque esta nación ya se encontraba en guerra contra España, a raíz de un pliego de reclamos presentado por el almirante español José Manuel Pareja al gobierno de Chile por supuestos agravios inferidos a España. El gobierno chileno contestó declarando la guerra el 24 de setiembre, y para aunar esfuerzos con los peruanos, envió al campamento revolucionario a Benjamín Vicuña Mackenna como su representante.

Caída de Lima

El 22 de octubre, el «Ejército Restaurador» marchó sobre Lima desde el sur. El día 27 llegó a Chilca y luego a Lurín, donde acamparon, preparándose para la entrada a la capital.

Al mando del general Pedro Diez Canseco, las fuerzas restauradoras empezaron a ingresar a la capital en la madrugada del 6 de noviembre de 1865, burlando a las tropas gobiernistas que vigilaban los contornos de la ciudad. Esta entrada se dio por la Puerta de Juan Simón, que fue abierta tras pequeña resistencia. El populacho se unió a los revolucionarios y el Palacio de Gobierno fue atacado. Tras seis horas de lucha, la resistencia en Palacio fue vencida, siendo sometido este local al incendio y al pillaje, perdiéndose importantes archivos que se remontaban a la época colonial. Entre los defensores de Palacio estuvo el prefecto de Lima, Francisco Diez-Canseco Corbacho, hermano de Pedro Diez Canseco. En la noche del día 7 cayó tras feroz resistencia el cuartel de Santa Catalina, donde se había parapetado el ministro de Pezet, Evaristo Gómez Sánchez. Ese mismo día, los revolucionarios entraron en el Callao, donde ya la soldadesca y la chusma habían saqueado y destruido las propiedades de los extranjeros.

Pezet, que se hallaba en las afueras de Lima, al frente de sus tropas, al ver caída la capital y contrariando el deseo de sus generales, no quiso causar más derramamiento de sangre y renunció al poder, el 8 de noviembre. Acto seguido, se asiló junto con sus principales colaboradores en la corbeta británica Shear Water. Acusado por el bando vencedor de traidor y ladrón, se embarcó para Europa.

Consecuencias

Triunfante la revolución restauradora, asumió el poder el general Pedro Diez Canseco, quien pronto perdió la popularidad, pues no adoptó decisiones rápidas y drásticas que la ciudadanía reclamaba con respecto al problema con España. Diez Canseco sostenía que era el Congreso quien debía decidir la declaratoria de guerra; aparentemente quería así ganar tiempo esperando la llegada de los nuevos buques de guerra adquiridos en Europa. Ante esta falta de definición, el 25 de noviembre de 1865 los jefes del ejército depusieron a Diez Canseco y, al día siguiente, el pueblo de Lima reunido en cabildo abierto en la Plaza de Armas proclamó Dictador al coronel Mariano Ignacio Prado.

La consecuencia principal de esta guerra civil fue pues, la instauración de la Dictadura de Prado, que declaró la guerra a España el 14 de enero de 1866 y se alió con Chile (país que ya se hallaba en guerra contra la escuadra española). Esta alianza sudamericana se hizo extensiva a Bolivia y Ecuador. El conflicto finalizó tras el Combate del Callao o del Dos de Mayo, con el retiro de la flota española (2 de mayo de 1866), que fue celebrado por las cuatro repúblicas aliadas como un triunfo que sellaba la independencia.




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La Plaza 28 de febrero.



La Plaza San Francisco o de la Tercera orden como también se le conoció se llamó antes "28 de Febrero" en homenaje a la revolución arequipeña de 1865 que acabó con la victoria del 2 de mayo de 1866. Fue la prolongación de la calle del mismo nombre que, en otro tiempo, como dice Víctor Andrés Belaúnde, fue "una especie de patio para las familias del barrio", los Vargas, Paz Soldán y Diez Canseco.


Se denominó Plaza "28 de Febrero", en recuerdo al pronunciamiento de Arequipa, el 28 de febrero de 1865, contra la firma del tratado Vivanco - Pareja, durante el gobierno del general Juan Antonio Pezet. En aquella oportunidad, el prefecto departamental Mariano Ignacio Prado proclamó el gobierno "restaurador" de la dignidad del país y marchó hacia Lima, donde estableció la dictadura para hacer frente a la guerra con España que acabó con la victoria del 2 de mayo de 1866.


La antigua Plazoleta San Francisco fue la prolongación de la calle del mismo nombre. Esa cuadra también fue llamada de las Educandas, porque allí que-daba el Colegio para mujeres que fundó el presbítero Jorge del Fierro y Velarde. En otro tiempo, familias tradicionales de Arequipa, como los Vargas, Paz Soldán y Diez Canseco, vivieron en el barrio de San Francisco.


El general Pedro Diez Canseco y Corbacho, abuelo del pensador peruano Víctor Andrés Belaunde, nació en la calle La Merced, en el solar de los Sánchez Corbacho, pero luego se trasladó a vivir a la calle San Francisco, cerca de la Iglesia, en el solar de los Diez Canseco.

Víctor Andrés Belaunde recuerda que su abuelo Pedro se formó en el histórico y pintoresco barrio de San Francisco. Cuenta en sus memorias que "la Iglesia bloqueaba la calle que venía de la Plaza de Armas y al formar un ángulo recto con el templo de la Tercera Orden, constituía con ésta el marco de una pintoresca plazoleta, unida estrechamente a la historia de Arequipa".


Antiguamente era en este parque donde con fastuoso desfile se  llevaba a cabo la ceremonia  por el recordatorio del combate del 2 de Mayo (foto diario el Pueblo)


Este fue uno de los pocos espacios públicos que tuvo Arequipa en aquel tiempo. Al respecto, Belaunde decía: "La calle de San Francisco y su prolongación la plazuela, formaban una especie de patio para las familias del barrio, teniendo influencia en la relación de los vecinos y en la formación de los mucha-chos". Allí se conocieron Pedro Diez Canseco y Francisca Vargas Maldonado, hija del protomédico Vargas. El general Ramón Castilla, cuando fue prefecto departamental, frecuentó la casa de los Diez Canseco. Allí conoció a Francisca Diez Canseco, con quien se casó.

En la plazoleta San Francisco quedó el antiguo Teatro Arequipa, al costado de la Tercera Orden Franciscana, era pequeño y en el segundo piso funcionó alguna vez el Diario "El Deber" y también el Círculo de Obreros Católicos.

En la Plaza "28 de Febrero", hoy San Francisco, lució por mucho tiempo un monumento de homenaje a los arequipeños que participaron en la revolución de 1865. La colocación de la primera piedra que soportaría dicho monumento se colocó  para el cincuentenario del combate , el 2 de mayo de 1916 tras emotiva ceremonia y discurso del Dr. Gerardo Cornejo Iriarte.





Discurso del Doctor Cornejo Iriarte, en la colocación de la primera piedra para el monumento.








Una de las placas recordatorias también rindió homenaje a los redactores de "La Guillotina". Otra placa lleva la siguiente inscripción: "Pueblo arequipeño cuando la nacionalidad peligra lucha como el 28 de febrero y vence como el 2 de mayo". La obra fue diseño del abogado y arquitecto arequipeño Gerardo Alberto Cornejo Iriarte.










En 1973, el Concejo Provincial tomó la decisión de cambiar de nombre a la plaza 28 de Febrero por San Francisco. La reacción del decano del Colegio de Abogados de Arequipa, doctor Raúl Cárdenas Ruiz, fue inmediata y protestó por el cambio de nombre. Sin embargo, un número importante de abogados no apoyó su actitud de rechazo a la decisión del municipio.

El monumento a la revolución arequipeña de 1865 y a los héroes del 2 de mayo de 1866 fue trasladado a la Avenida Bolognesi, frente al Club Internacional, con el nombre de Parque 28 de Febrero. En su lugar fue colocado el monumento a San Francisco, fundador de la orden franciscana. Recientemente ha recuperado su lugar original en el atrio del templo que lleva su nombre. Predicó la pobreza, y su vida fue un apostolado dedicado a los pobres.




La plaza ha recuperado su prestancia de antes. Allí se ubica el Museo Histórico Municipal que junto a la pinacoteca del Convento de San Francisco y a la biblioteca regional "Mario Vargas Llosa" forman el centro turístico y cultural más importante de la ciudad de Arequipa.

La bandera que flameo en el combate del 2 de mayo se encuentra en el museo histórico municipal , el gobierno la entrego ya que fue en Arequipa donde se inicio la revolución del 28 de febrero de 1865 que desencadeno, llegar hasta este combate , asimismo muchos arequipeños murieron también en esta parte importante de nuestra historia antiguamente lo que hoy es el parque san francisco , se llamo parque 28 de febrero el monumento pequeño que allí había hoy se encuentra en la av. Bolgnesi.







Referencias:

Bibliografía

  • 1866-1916 . Nuestro 2 de Mayo 1917.
  • Basadre Grohmann, Jorge: Historia de la República del Perú (1822 - 1933), Tomo 5. Editada por la Empresa Editora El Comercio S. A. Lima, 2005. ISBN 9972-205-67-3 (V.5)
  • Chirinos Soto, Enrique: Historia de la República (1821-1930). Tomo I. Lima, AFA Editores Importadores S.A., 1985.
  • Mario Rommel Arce Calles y Plazas de Arequipa.
  • Vargas Ugarte, Rubén: Historia General del Perú. Noveno Tomo: La República (1844-1879). Segunda Edición. Editor Carlos Milla Batres. Lima, Perú, 1984. Depósito Legal: B. 22436-84 (IX).

Historia del Teatro Fénix


Desde comienzos del siglo XVII las principales ciudades del Perú poseían su teatro permanente y sus compañías de actores y actrices; las piezas, escritas ya en el Perú, ya en España, servían de deleite a todos, nobles o plebeyos. Contribuyeron mucho al desarrollo del teatro las giras que realizaban por los centros más importantes del territorio las compañías de actores profesionales de Lima.Quizás los datos más antiguos sobre la presencia del Teatro en Arequipa daten del siglo; XVIII, con la crónica ;ocasión de la jura de nuevos monarcas, para esto se organizaban actos festivos, en agasajo del rey en todos los dominios españoles de la América colonial. Estos festejos que abundaron sobremanera consistían, en general, en la representación de obras teatrales, la ejecución de danzas, la realización de corridas de toros, fuegos de artificio y simulacros de combates, además de otras diversiones populares.

Gracias a un códice que lleva por título Continuación de la relación de las reales fiestas de proclamación que esta ciudad de Arequipa, en el Perú, celebró con motivo de la exaltación al trono de , el señor don Carlos IV, este año de 1790, se pudieron conocerse los festejos organizados en, esa ciudad en honor de su rey, los que fueron recogidos por un fraile que actuó como cronista de las fiestas reales entonces celebradas,  José Luis Trenti Rocamora, quién describió los sucesos y mencionó como se vivía y sentía la presencia del teatro en la ciudad.



El Teatro Fénix

En 1825 se formó una sociedad de los caballeros mas pudientes de Arequipa, para llevar fondos para la construcción de un Teatro. Formado el Comité, se acordó pedir los planos a París, confeccionados estos por el célebre ingeniero Eiffel autor de la Torre que lleva su nombre en París y remitidos a esta ciudad fueron aprobados, y para la construcción del Teatro fue enviado un ingeniero constructor a base de esos planos, y se procedió a la construcción del Teatro que hoy lleva el nombre de Fénix. Emprendida la obra de la construcción no se pudo terminar, debido a la azarosa situación de la guerra y el Comité o Sociedad lo liquidó.


Pero según el arquitecto René Muñiz Rodríguez: "la historia del Teatro Fénix se remonta a los primeros años del siglo XIX, los albores de nuestra República, y es sin lugar a dudas el primer Teatro que tuvo Arequipa. El 18 de abril de 1828, el rector de la Casa de Niños Expósitos de esta ciudad, don Antonio Gregorio de Tamayo, "cura propio de la doctrina de Santa Marta", en representación de la Junta de Gobierno de dicha casa, vende un "sitio" a la Compañía Empresaria del Teatro representada por los señores don Manuel Rodríguez de la Rosa, don Mariano Herrera y don Luis Gamio ."


Dicha casa era el orfanato de los Claustros de la Compañía de Jesús, que abarcaban" la manzana cuadrada de la Compañía '" probablemente desde la expulsión de dicha Orden de los territorios de América a mediados del siglo XVIII.

"Según el Acta celebrada el 14 de abril de 1828, la Junta de Gobierno de la Casa conformada por los señores don Antonio Gutiérrez de la Fuente, don Manuel Gandarillas, don Manuel de Córdova, don Sebastián de la Llosa y don José María Luna Victoria, decide vender una parte del terreno. Que ocupan los Niños Expósitos en razón a la propuesta  hecha por los empresarios de un coliseo público quienes quieren comprar o solicitan la venta de las varas necesarias para la construcción de dicho coliseo en la esquina del Pilón con ambos frentes, que mira el uno a la calle de San Juan de Dios y el otro a la que baja a la Compañía ".

Esta venta la hacían en forma de censo irredimible o perpetuo con un interés del 5 % mensual, esto es, que no cancelaban el valor de la propiedad en el momento del contrato, sino que deberían pagar por siempre, cada año en la fecha de la firma del camerinos, o vestidores para los actores (había diez camerinos), y los almacenes o depósitos, todos ellos construidos con muros y bóvedas de calicanto. Desde la calle San Juan de Dios, ingresaban dos "callejones", por los cuales se llegaba a la platea (hoy ingreso a la galería) y al escenario (posiblemente la tienda n° 219). Al parecer, y según se puede comprobar en este documento, las covachas y palcos no contaban con mobiliario por lo que era costumbre que las familias que tomaban estas localidades enviaban anteladamente las sillas.


Volviendo a la tasación que practicaron el 16 de abril de 1828 los agrimensores don Gregorio Maldo nado y don Genaro José de Bejarano, el terreno objeto de la transacción tenía 2.788 varas cuadradas (1.949 m2), que fueron tasadas en 10.075 pesos y 3 1/2  reales del valor del principal censado sobre el que se fijó el 5 % ya mencionado. Según esta tasación, el terreno se encontraba cercado con muros de calicanto y en su interior habría únicamente dos rústicos pesebres. Es probable que el estar prácticamente desocupado el terreno y la cercanía a la Plaza Mayor fueran factores determinantes para la elección del lugar en que edificaría el primer teatro de la ciudad. Adicionalmente, y según se puede ver en el mismo documento, la calle hoy General Morán era más importante y determinó la ubicación del ingreso principal, ya que San Juan de Dios corresponde a una calle falta de vecindad .


Entre esta fecha y el año de 1845, el general don Trinidad Morán, de intermitente residencia en Are-quipa, adquiere la propiedad del Teatro , adquisición que debió realizarla en transacción privada, pues no existe la escritura pública de compra, e inclusive en el laudo de particiones no refieren protocolización alguna de este documento.


Tiempo después el General D. Trinidad Moran (héroe de la Independencia) casado con la señora Zereceda, dueña que fue en parte del terreno en que se construyera el teatro, emprendió la obra de su terminación, pero tampoco pudo dar término a la obra pues ésta quedó sin techo y posteriormente se le colocó provisionalmente un techo de lona como las carpas de los circos.


El Teatro Fenix le dio el nombre a la calle donde se encuentra,  por muchos años se le conoció como la calle del Teatro, hasta que posteriormente se le cambio a Calle General Morán, en honor a don Trinidad Morán  militar venezolano que se asentó en Arequipa y que lucho por la Independencia del Perú y de América.


Bajo este techo actuaron infinidad de compañías líricas, dramáticas de comedia y otros espectáculos. Desfilaron muchísimas celebridades mundiales tales como, en el género lírico, Ana Bazzuri e Ida Vitali, en el dramático, el gran Olloglin y otras más.


Es digno de anotarse que estas grandes compañías que visitaban Arequipa con más frecuencia que en la época actual, hacían la travesía como ya hemos dicho del puerto de Islay a esta ciudad a lomo de mulas y se alojaban no en hoteles, porque estos eran escasos y de ínfimo orden, sino que tomaban en alquiler casas amobladas.


A la muerte del general Trinidad Morán, en diciembre de 1854, su esposa doña Rafaela Zereceda de Morán y sus hijas, doña Rafaela Morán de Guiñáis y doña Fortunata Morán de Corzo, proceden a la partición de los bienes, realizándose para tal efecto la tasación de los bienes dejados por el general, concluyéndose en el laudo de particiones del 16 de marzo de 1864*. No se ha podido establecer si el general Morán participó en alguna parte de la edificación del Teatro, pero en la tasación que se hizo de éste el 13 de junio de 1862 por el agrimensor don Martín Lizarraga se puede ver que, además del local del Teatro propiamente dicho, existían otros edificios complementarios a éste, donde fun-cionaban los billares (calle General Morán n° 106 y 108), y una bodega café y otras tiendas (calle San Juan de Dios n° 220 al 223) todas ellas construidas con muros de calicanto (sillar) y bóvedas (algunas de arista) de ladrillo y sillar, algunas de las cuales permanecen hasta hoy.


"El local del Teatro funcionó como ha sido descrito hasta aquí; los herederos del general Morán lo alquilaban a Manuel Pardo y otros". Según este contrato, los inquilinos deberían realizar, además del techado de la platea y la refacción y arreglo de todas las instalaciones, el cambio del piso de la platea y de las covachas por piso machambrado de una pulgada de grueso y si no de ladrillos iguales a los del templo de San Francisco ". Cambiarán todos los asientos de la platea con bancos de asiento divididos y un cojín para cada banca, o si no con silletas de doblar llamadas butacas.

Dos particularidades importantes presentaba el Teatro en 1862. La primera era que "la platea no tenía techo, razón por la que, en el contrato de arrendamiento del Teatro en 1891" a los señores Manuel Pardo, Maximiliano de la Cuba y Alejandro Cervantes, se estipulaba en la primera cláusula que deberían techar la platea, partiendo de la pared circular en forma de sombrilla con armazón de madera cubierto con fierro galvanizado nuevo de 8 planchas por quintal de 2 x 6, techando igualmente el corredor de los palcos con el mismo fierro ".

"De otro lado, en el contrato de arrendamiento de 1891 ya referido se establece que con el fin de independizar el teatro de los departamentos laterales, se dará al departamento de la esquina una parte del patio igual a otra que se adjudicará al departamento de abajo ".

La segunda particularidad está referida a la existencia de un patio, parte del cual debió ser el actual hall del Teatro, que continúa del zaguán de ingreso. A este patio que no disponía de techo tenía ac-ceso no sólo el Teatro, sino todas las tiendas y locales alrededor de éste, tal como se puede ver en los contratos de arrendamiento de la tienda junto a los claustros (General Morán n° 106 y 108) al señor Selinger para el funcionamiento de los billares en 1848"; y a los Srs. Appiani para el funcionamiento de una sombrerería en 1902"; que tienen derecho al uso de la mitad del patio cuando no haya funciones teatrales ", puntualizando en el documento de 1848 que"en las noches de teatro en que haya funciones, las puertas que dan al patio del teatro serán cerradas y las llaves del departamento de los billares serán entregadas al empresario ".


El Teatro no contaba con mobiliario propio, pues era costumbre que las familias que tomaban palcos, tenían que enviar anteladamente las sillas a estos compartimientos del Teatro. Un detalle muy curioso y desde luego muy lógico dada la calidad del techo, era el que cuando llovía -como solía llover en Arequipa- las gentes de platea tenían que abrir sus respectivos paraguas. Este techo de lona subsistió más o menos hasta el año de 1890 en el que la Empresa formada por los señores Alejandro Cervantes y Santa María, Manuel Pardo y Rivero y Maximiliano Cuba, cambió la forma del techo, que ha subsistido hasta la reconstrucción hecha en el Teatro Fénix con motivo de las obras ordenadas por el Municipio para el IV Centenario.


"A pesar de que algunas versiones refieren la existencia de un foso para la orquesta en el Teatro, en ninguno de los inventarios y documentos encontrados y ya mencionados, existe referencia a tal espacio".


"En el año de 1902 se procede a la cancelación de este tipo de contrato entre la Sociedad de la Beneficencia Pública de Arequipa, administradora de la Casa de Huérfanos, y los herederos del general Morán, propietarios del Teatro, debiendo estos cancelar a la Beneficencia el monto del Principal del año 1828 (monto de la tasación). Así como los intereses atrasados.


"El año de 1916, a raíz de la partición de los bienes del Sr. Julián Escudero, esposo de una nieta del general Morán, se lleva a cabo una nueva tasación del local del Teatro

"Antes de terminar el plazo del contrato de arrendamiento el Sr. Oldrati (10 de abril de 1918), aproximadamente entre 1916 y 1917, el Teatro pasa a la administración del Sr. Ricardo Rodrigo", época en que se inicia también como sala de cine ."


El Teatro propiamente dicho siguió las pautas generales del "teatro a la italiana", a la manera de hemiciclo en forma de elipse truncada, a fin de darle mayor acústica' (la Scala de Milán, 1778); y estaba compuesto del ingreso en forma de zaguán abovedado con portón de madera, en el cual se ubicaban la boletería y la guardianía. Hacia el interior, y encerrado dentro de un muro de sillar de forma elíptica, había diez covachas a nivel de la platea, sobre las cuales se ubicaban veintiún palcos en segundo piso con paredes de ladrillo amalgamado con yeso y cal, y barandas de fierro; y sobre éstos, en un tercer nivel, la galería o cazuela, también con barandas de fierro.

En 1908 la Empresa formada por los Hermanos Luis y Carlos Oldrati, emprendieron la reforma del Teatro dotándole de un compartimiento más, que se le llamó preferencia, construido sobre la fila de palcos y encima de este compartimiento se construyó la cazuela. Por la mayor altura de esa construcción hubo que derribar el arco del palco escénico, puesto que la visión de la parte más alta no era posible para un arco mas bajo que el actual.


En el espacio central rodeado por estas localidades se encontraba la platea con su piso de ladrillo y 72 bancas de madera  en mal estado". El proscenio tenía hacia la platea un arco" y murallones que sirven de estribo en ambos costados ", el piso de alerce y un techo" de ladrillo sobre columnas de fierro y madera". Alrededor del escenario, formando los muros de éste, se ubicaban los de octubre de 1908"; según los cuales se comprueba que el Sr. Oldrati colocó las butacas de fierro y cobre fundidas de doblar con asientos de madera , entabló el piso de la platea, realizó la instalación de la luz eléctrica en el local del Teatro, transformó la antigua cazuela en el local de preferencia con 18 pilares de fierro fundido y dos de madera con 20 rejillas de fierro que sirven de separadores"; sobre ésta construyó la nueva cazuela modificando el ingreso por la calle San Juan de Dios para darle acceso independiente. Demolió el antiguo arco del proscenio construyendo uno nuevo, más alto, de cemento, elevando a su vez el techo del escenario; cambió el empedrado del patio por mosaico, arreglando las gradas interiores. Igualmente a él se deben las dos estatuas de fundición del tamaño natural que se encuentran sobre los pilares de entrada a los palcos, teniendo focos de luz eléctrica."


                                   

 La demolición de esa obra de arquitectura a la vez que artística del antiguo arco, costó un trabajo de romanos, por la solidez y la forma en que había sido construida; arco que había resistido al horrible terremoto del 13 de Agosto de 1868. Por los años de 1916 al 17 se hizo cargo del Teatro Fénix el Sr. Ricardo Rodrigo que ya en ese entonces era también sala de cine. En el año de 1919 más o menos el Teatro Fénix pasó a los Sres. Cáceres Pereyra que tomaron a su cargo la reconstrucción del Teatro y cambiaron el propio y. definido estilo lo que hasta entonces conservaba ese viejo Teatro-, convirtiéndose en recintos cerrados y suprimiendo la balaustrada que conservaba y permitía ser más visible a las personas que los ocupaban. La reforma se quedó a medias pues no llegaron a efectuar ninguna de las obras a que se obligaron.


Quedando en esta condición y que con motivo de las fiestas centenarias se hicieron algunas reformas, suprimiendo los altos relieves que habían en los techos de los palcos y cobachas, y colocándose un techo plano de estilo moderno. Después pasó al Sr. Rafael Guinassi, cediendo después dicho contrato a la Empresa Nava y Valcárcel y en el año de 1931 la volvió a tomar el Sr. Ricardo Rodrigo hasta su fallecimiento en que se hizo cargo de este Teatro su señor hijo formando la Empresa Cinema Teatro de Arequipa Ricardo M. Rodrigo Sucs. en el año de 1940. La acústica del Teatro Fénix es verdaderamente sorprendente y tiene fama, tanto que alguna vez ha llegado procedente de Buenos Aires a esta ciudad un técnico en acústica habiendo quedado maravillado de ella, después de muchos ensayos que hizo, colocándose en diferentes lugares del Teatro, lo que que se atribuyó a la construcción de los palcos llamados cobachas.


Dentro de los muchos sucesos acontecidos en el Teatro, se puede ver, que:

En 1883, la pedagoga Amelia Lazo Castellanos de 31 años, organizó una velada literario musical  para ayudar a los heridos de la guerra con Chile, así como a viudas y huérfanos, dando así una clara muestra de patriotismo , velada a la cual incluso asistió el presidente Montero y sus ministros.

 El 16 de octubre en 1884 se estrenaría la gran obra indigenista Hima Sumac o el secreto de los Incas, escrita por Clorinda Matto de Turner, siendo redactora en jefe del la Bolsa de Arequipa (1884-1885), y en 1893, se pone en escena la obra épica “el Yaraví o Mariano Melgar”, encargada a la compañía de Zarzuela Albella.





El 4 de mayo de  1897 se exhibió por primera vez en Arequipa una función cinematográfica en el Teatro Fénix , pasándose a llamar tras ese suceso “Cine Teatro Fenix”, sólo hace 2 años atrás recién se había estrenado en Europa por los Hermanos Lumiere.

Diario El Deber del 4 de mayo de 1897



Diario El  Deber del 6  mayo de 1897, tras el gran suceso 

Como es lógico suponer, en un local como éste se han sucedido numerosos hechos y anécdotas, habiéndose encontrado en la revisión documental un compromiso que en 1900 celebraron los propietarios del teatro debido a las continuas molestias y criticas que tenían por entregar el Teatro para funciones de beneficio casi nunca agradecidas, estableciendo a partir de este documento que aquél que entregara el local gratuitamente pagará 1.000 soles a cada uno de los copropietarios, quedando excluido de este acuerdo uno de los días de fiestas patrias para la distribución de premios a las escuelas municipales y la función que se piensa dar a beneficio del Hospital.





Para la tarde del 8 de noviembre de 1901, llamó mucho la atención la proyección del cinematógrafo, con luz eléctrica, como describe  el Diario El Deber del 9 de noviembre de ese año.









Velada Patriótica, el 7 de mayo de 1910. Noticia en la revista limeña Variedades



El 2 de mayo de 1916 para el cincuentenario del Combate del 2 de Mayo, el teatro Fenix fue escenario de importantes manifestaciones patrióticas.


El 27 de abril de 1916, se presentó en el Teatro  una de las mejores zarzuelas peruanas (género lírico-dramático que se alterna entre escenas habladas y cantadas de una obra) "El Condor Pasa" de Daniel Alomia Robles, cuyo estreno fue en 1913.


Diario El Pueblo 27 de abril de 1916


Diario El Deber 1917


El 23 de octubre de 1919 debutó en el teatro la Compañía de ópera Hipólito Lázaro, con la obra La Favorita de Verdi. El público acude en gran número para oír a Lázaro, el mejor tenor de esos tiempos después de Caruso. Es la primera vez que en Arequipa se paga un espectáculo tan caro y al que el público ha asistido complacido. Los precios son: Palcos S/2.40, Platea S/20.00, Preferencia S/24, Galería S/5.00. Esta compañía ofreció dos funciones más con las óperas Aida y Rigoletto.


Diario El Deber 1919


Otro hecho anecdótico: se llevó a cabo en el Teatro una asamblea general de los empleados del comercio, agrupación creada el 27 de septiembre de 1919, con el fin de fijar las horas de trabajo, aumentos de sueldo, vacaciones, jubilación, ascensos en el trabajo, por grados y méritos y preferencia sobre los extranjeros que hoy abundan en las casas de comercio. En esta Asamblea, presidida por el Dr. Manuel Jesús Montoya  se reunieron como 40 ciudadanos, decretándose la huelga general para el día siguiente .

Otro hecho singular es el que entre 1908 y 1914 pudo desaparecer el Teatro merced a que en el contrato de alquiler de 1908 se estipulaba como cláusula adicional que sí en los primeros seis años el Sr. Oldrati conviene en derrumbarlo para construir un pasaje con tiendas a sus dos lados deberá presentar los planos a los propietarios para su aprobación, y hacer la nueva construcción de sillar con viguetas de fierro .

En los años 30  el Teatro Fenix fue testigo de las primeras proyecciones del cine  sonoro, la primera película en estrenarse en el teatro  fue : "Sevilla de mis amores" de la Metro Goldwing Mayer, el 2 de septiembre de 1931.

Nota : El 17 de  Marzo del mismo año ya se había estrenado también una película sonora en español ,en el Teatro Olimpo, llamada "Sombras de Gloria" de  Metropolitan Studios, siendo la primera en proyectarse en Arequipa.  (Diario el Deber 17 y 18 de marzo de 1931). (1)



En marzo de 1931, el Teatro también fungió de escenario para el festival de Box local.




Diario El Deber 31 de agosto de 1931.





El Teatro durante los ciento treinta y tantos años de existencia ha tenido diversos nombres pues unas veces se le llamó simplemente Teatro; otras Teatro Municipal posiblemente porque era el municipio quien corría con su administración en algunos años; otra Coliseo, Coliseo Municipal y por último desde 1890 Teatro Fénix, muy bien llamado así porque como el Fénix de los ingenios, ha resucitado dentro de sus cenizas.

Para 1960 se intentó demoler, cosa que felizmente no llego a suceder, pero queda como  prueba este artículo del 25 de enero de ese año.






Descripción del Teatro Fénix en el Diccionario Teatral del Perú de Manuel Moncloa y Cobarrubias, 1905.


En realidad, muchos son los acontecimientos que han hecho la historia de este Teatro, el mismo que se dedicó exclusivamente a local cinematográfico. Es necesario resaltar que, merecidamente, de 1985 se incluye al Teatro Fénix en el Inventario Monumental de la Nación, declarándolo Monumento Histórico de Arquitectura Civil Pública mediante la R.M. N° 1251-85 ED del 27 de noviembre de T985*.



 

Dada la interesante tradición de este Teatro, de su historia gloriosa y de que ha sido la escuela del Arte en esta legendaria ciudad y considerando las figuras notables de fama mundial que han desfilado por su palco escénico deleitando y culturizando al público de Arequipa y llevándose esas mismas figuras la grata impresión de la cultura musical y artística del público de Arequipa en todas sus épocas, considerando además el hecho a notar de haber sido ideado y construido por celebridades en el mundo arquitectónico, y además por su solidez y condición de acústica insuperables a pesar de la mala construcción de los techos, tanto del escénico como de la sala se hace de exigencia su reconstrucción y ornato, sea el Municipio u otras empresas que cuenten con el dinero necesario las que emprendan la empresa de restaurar esa reliquia histórica y artística.

Fuente:

  • Arequipa Patrimonio cultural de la Humanidad, Héctor Noé Ballón Lozada
  • Arequipa, su pasado, presente y futuro Adela Pardo Gámez de Belaúnde
  • http://andreagonzalesrivero.blogspot.pe/2015/08/el-teatro-fenix.html
  • (1) Colaboración del señor: Jose Alonso Núñez Gambarini .

La Trilla en la Arequipa de Antaño


Con la llegada de los españoles prosperaron los cultivos que ellos trajeron; así se hace importante el cultivo de la vid sobretodo en el valle de Vítor, el cultivo de ajos y cebollas en la campiña arequipeña, a la que se agregó el cultivo del trigo también traído por los colonizadores españoles, es por eso que a través de la historia se construyerón muchos molinos a lo largo de la campiña  arequipeña, siendo uno d e los más antiguos, el restaurado  y conocido Molino de Sabandía así como  otros que han llegado  hasta nuestros días y que si bien ya no cumplen la función por la que fueron creados hoy  se encuentran como un recuerdo del gran pasado agrícola de nuestra tierra.

Hasta la época de 1940 se cultivaba preferentemente trigo para pan y maíz para chicha, luego se consiguieron variedades aclimatadas que tomaron el nombre de la región, por ejemplo el trigo se llamó, mentana, barba blanca, candial y florencia aurora y en maíz se cultivaba el maíz  que tomó el nombre arequipeño de maíz blanco, para mote y el maíz negro “culle” para hacer chicha, éstas variedades han desaparecido. Hasta mediados del siglo XX , una de las más típicas estampas de Arequipa,  fue la Trilla, si bien se tiene conocimiento de esta  antigua actividad, pocos son los escritos que la describen tan bien  , Por el año 1952, en la Revista Fanal de Lima Alfonso Delboy la describe tomando como referencia sus viviencias en los años 30s,  para fines de los años 90, Manuel Rodríguez Velasquez (MAROVE) 1996,  en ”Estampas de Arequipa” y Jorge L. Cárdenas Delgado con su Libro “Carmen Alto, Remembranzas de su ayer” 1998, logran trasladarnos a esa Arequipa rural,  cada vez más lejana para los nuevos habitantes de la ciudad Blanca. 

Las actividades agrícolas propias de Arequipa subsisten  en los distritos más alejados de la ciudad  pero cada vez  más los pueblos tradicionales pierden  campiña y por ende urge que se rescate estas actividades netamente agrícolas.

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La Trilla

En mis vacaciones escolares por los años de 1931 al 35, solía pasar los  veranos en una chacra de la campiña arequipeña conducida por una   allegada de mis familiares, a quien daba el cariñoso apelativo la Tía y que por embates de la fortuna se veía obligada a trabajar de sol a sol  en recia tarea, impropia de su sexo.

Era un pequeño fundo de 60 topos, unas 20 hectáreas, que antaño había sido de los legendarios Canónigos del Fierro, luego propiedad los señores de Goyeneche, después de una sucesión de piadosas generaciones para terminar, según se me ha dicho, donada al Arzobispo de  la Blanca Ciudad. Se todo esto porque Tía era muy devota y la las noches nos obligaba a rezar interminables rosarios, dedicando los misterios a cada uno de los que había sido dueños de la heredad, llamaba Añaipata y quedaba tras un cerro del mismo nombre, a del Cementerio de la Apacheta, a una buena hora de caballo de la ciudad.

La faena de la trilla es algo que ha quedado grabado en mi mente para siempre. Se hacía generalmente a fines de enero o principios de febrero , y constituía el más resonante suceso del campo.

No sé si los métodos y costumbres de entonces subsistan todavía Tampoco sé -ni me propongo averiguarlo- si se trataba de un sistema propio de la región, o si era empleado en otros lugares. Me circunscribo únicamente a mis recuerdos.

La trilla, como es obvio, empezaba con la siega. Toda la tarea se cumplía en verdadera carrera contra el tiempo. Arequipa, en aquellos meses, es tierra de chubascos y nada más perjudicial que un aguacero en cualquiera de las fases de la recolección. Si llueve, el grano se remoja y el beneficio se lo lleva la trampa. Era necesario tener mucha prisa.

Yo siempre fui un mal segador pero así y todo exigía -y mimado de la patraña mi capricho era obedecido- que se me diera una melga como a cualquier jornalero, es decir, unos diez o doce surcos, entre canalillos de regadío, a lo largo de cada pampa que difícilmente tenía más de 150 varas de largo. Hombres y mujeres usaban hoces Collins o Caballito inglesas y también otras llamadas serruchos en el lenguaje del campo, y tenían singular habilidad para cortar, a unos 40 centímetros del suelo, los tallos pajizos de poco más de un metro, rematados por barbudas espigas pletóricas de grano. Así se formaban, cada cuatro o cinco pasos, abultadas gavillas que eran acomodadas en enormes costalones, de cotín, luego transportados por borricos para formar inmensa parva dentro de la era o canta ubicada en estratégica lomada a todo viento.

Era muy ingenioso el labrador arequipeño. A los tres meses de sembrado el grano, cuando los tallitos verdes todavía no eran quebradizos, rociaba semilla de alfalfa que en momento de la siega ya se alzaba en tiernos brotes -el majuelo- para convertirse después en imponente alfalfar, delicia del ganado y fuente adicional de ingresos para el dueño. Eso era saber sacar partido de la tierra. Los campos segados no quedaban reducidos a improductivo pajonal.


La Siega, pintura de Manuel Alzamora 1953


La trilla tenía dos fases. No todo el grano maduraba al mismo tiempo y se necesitaba dos jornadas. La primera, trilla chica, o con madrina. La segunda, trilla grande, días después, con atajo.

Las mieses quedaban en la canta. Allí con largos tridentes llamados horquillas eran cuidadosamente esparcidas, formando muelle acolchado de unos 80 centímetros de altura. La de Añaipata era circular, de duro piso de piedra cercada con tapial defendido por pencas de luna. Formaba una especie de coso de unos 20 metros de diámetro ion portalón de añosos troncos. La trilla chica no constituía para mi motivo de mayor entusiasmo. Era así: una media docena de borricos, y cuatro o cinco caballos y hasta tres bueyes eran colocados en hilera. Lado a lado unos de otros. 

Con fuertes reatas de cuero retorcidos se les enlazaba por los cuellos y mediante huatos de caito (soguillas de luna de llama) se les amarraba los hocicos, por arriba de los belfos, para evitarles la tentación de servirse de las apetitosas espigas. El primer animal de la hilera, la madrina, era necesariamente una borrica Al hato así formado se le conducía al interior del coso, ubicándose  la madrina en el centro. Y luego, a remoler. La pobre madrina giraba sobre si misma, y los demás animales en tomo a ella. Daban y daban vueltas  lentamente por horas enteras, con breves jornadas de deseando, hasta triturar las espigas y hacer que los granos quedasen libres.

Las primeras vueltas eran fatigosas, pues las bestias tenían que marchar por sobre un mar de quebradiza y hostilizante paja, pero cada vez sus pisadas hacían más blando el monótono camino. Al terminar su laica, las crujientes mieses quedaban reducidas a una molimiento áspero de granos, barbas y fragmentos de paja.

La separación del grano y el desojo se cumplía poco tiempo después junto con el de la trilla grande, magno acontecimiento con contornos de fiesta y animación.

Apenas empezaba a alumbrar el sol. ya estábamos en el campo. En aquella época podía andar sin zapatos; correteaba sin temor de las piedras y los tallos, con la planta endurecida como cualquier chacarero. Nos dábamos mucha prisa en segar, pues la tarea no debía durar mus de tres días. La era se iba repletando casi hasta el nivel del muro y al centro se acumulaba imponente castillo de algunos metros de altura. El primer atisbo de lluvia detenía nuestra tarea y todo era carreras para recoger los últimos montones segados. Debía salvarse la cosecha, librarla de la lluvia, cubriéndola con enormes paños de lona tolderas- tapando los resquicios con costales viejos y con cuanto trapo hubiese a mano. Hasta cubrecamas y frazadas.

Llovía sólo unas horas y luego el sol se llevaba la humedad. Pero era necesario montar guardia toda la noche, y para esta tarea yo me prestaba gustosísimo. ¡Cuántas noches he dormido sobre las espigas asomando la cabeza por los pliegues de las lonas con la cara a las estrellas! Mi propósito de montar guardia era quebrantado por el sueño. Vigilaban recios peones armados de escopetas compactamente cargadas de granos de sal. En realidad, no se temía el robo de las mieses. El peligro estaba en que se robasen la costosas tolderas. Por aquellos años asolaban la campiña de Arequipa unos atrevidos bandoleros, los hermanos Tovar, a quienes los campesinos atribuían una cantidad inverosímil de depredaciones.

Al fin terminaba la siega y la trilla grande debía cumplirse de inmediato. Por la mañana se hacia los últimos preparativos. Los peones extendían cuidadosamente las mieses con sus enormes horquillas y cuidaban los caballos del atajo dándoles muy poco pienso y nada de agua.

A las once comíamos sentados en la tapia de la era. Se hacía chaqué de tripas y chairo de dos carnes. Los peones lo tomaban con enormes rocotos de espantable recuerdo. Almorzaban por parejas con sendas cucharas pero de un solo plato. Servíase después papas sancochadas y mote con llatan de ají amarillo y loritos de liccha. Cerraba el festín el reparto de trozos de sangro de trigo, grandes como mitades de ladrillo. Todo rociado con chicha áspera, sin alcohol ni azúcar, que circulaba en descomunales vasos.

Sin tiempo para reposo continuaba la faena. Aquí entraba en funciones el yegüero, cincuentón en sumiso corcel con arzón alto y templada baticola. El atajo-había dos que trabajaban alternativamente era un medio centenar de caballejos adquiridos en remates del haras militar  La jornada era épica. Los peones se armaban de enormes zurriagos de cuero retorcido, rematados en finos lambetes de cerda trenzada, y se apostaban adosados a las tapias, a cuatro o cinco metros tinos de otros. Impulsados por los más terribles juramentos y otros estimulantes gritos, el atajo irrumpía en la era arreado por el yegüero y empezaba a galoparen circulo, empavorecido por las voces y por los trillazos de los peones ¡como sonaban los trillazos! La marcha iba in Crescendo y creo que sólo terminaba cuando el yegüero ya no podía más con sus riñones. Los caballos chorreaban sudor. Con los dientes pringados de baba y sus ojos enloquecidos revelaban el esfuerzo inaudito que estaban cumpliendo. Venia el cambio. La peonada reemplazaba los lambetes gastados y entraba el otro atajo. Siempre el mismo yegüero, pero en cabalgadura de refresco, y la loca cañera recomenzaba en sentido contrario. El ambiente poblábase de un polvillo que hacia lágrimas. Todo era ruido, estampido de latigazos y ronco jadear de los tristes rocines. Se daba cuatro o cinco remolidas hasta que se comprobaba que el grano quedaba bien trillado.

Antes que cayera la noche todo debía terminar. El viento juega en la trilla un papel importantísimo; se encarga de separar el grano de la paja. Con grandes palas de madera se aventaba al aire la amalgama triturada por las bestias, y la brisa llevaba el despojo -granza- cayendo sobre extendidas tolderas el rubio grano intacto, reluciente, apretado y generosos como una promesa de vida y de pan. Si no había viento había que llamarlo. Se encendía hogueras y se le silbaba amorosamente con una melodía que no puedo repetir pero que resuena en mis recuerdos. Práctica mala o buena lo cierto es que el viento acudía. Todo había terminado. El grano limpio era encostalado en burdos gongoches y llevado a lomo de los sufridos asnos a graneros grandes como iglesias. La peonada se iba a sus viviendas y volvía la paz al campo.

La trilla había terminado, pero no mis voluntarias tareas después, jinete en algún mansurrón caballo, acompañaba al molino al  Mayordomo. Arreábamos al molino al Mayordomo. Arreábamos  interminable fila de borricos. Si la cosecha había sido buena la balanza debía acusar 20 fanegas de 205 libras por topo cultivado. Si el precio  del mercado era productivo, deberíamos cobrar 18 soles por fanega No siempre el año era bueno y pocas las veces en que el grano fue bien valorizado. La Tía sólo ganaba para vivir sin estrecheces. Una vez la cosecha fue muy mala, no pudo pagar el alquiler y la desalojaron ignominiosamente. Pero esa es otra historia.

Revista Fanal Lima, Alfonso Delboy 1952.



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La Trilla, pintura de Teodoro Núñez Ureta



La Siembra y cosecha de Trigo (Carmen Alto)

En los rastrojos de maíz y CCANUNA de papas, se preparaba el terreno en que se sembraba el trigo, en junio o julio, para cosecharlo en diciembre, antes de las lluvias. La semilla correspondía a las variedades del trigo MENTARA y el BARBA BLANCA, luego se sembró el TRIGO MOCHO llamado así por no. tener barba.

Nota: La ccanuna como queda el terreno después de pallapar. ( Del aymara , chacra donde acaban de recoger papas).

El terreno, antes indicado, se preparaba pasando una reja con apero de palo no muy profundo, luego se pasaba la rastra de fierro para limpiar la broza y nivelar la tierra, para después pasar rastra con palo borrador, se Melgueaba con apero de palo haciendo los surcos necesarios para anegar o regar, se pateaba y se rociaba la semilla de trigo al voléo a razón de 80 a 100 kilos por topo, se daba una reja con apero de palo, y una pasada con rastra de fierro para enterrar el grano, al final se melgueaba con apero de palo para regar en las mitas correspondientes.

A las tres semanas de sembrado el trigo cuando el tallo era aún pequeño, si se deseaba sembrar alfalfa que era muy común.

Se rociaba dicha semilla, también al voleo, y para enterrarla se arrastraba una rama de molle personalmente o con la ayuda de un burro.

Las cosechas se obtenían a los cinco o seis meses, de acuerdo a la variedad, creciendo el trigo junto con el majuelo de alfalfa.

Procedíase entonces a la siega para llevar las espigas a las ERAS y ceder su trilla con atajos de caballos o tropas de burros y, en muy raras ocasiones, con máquina trilladora. La paja que quedaba en el campo luego de la siega era cortada para "repajar" los techos de las casas. Este repaje era común realizarlo antes de la época de lluvias, los techos de paja quedaban tan consistentes que nunca pasaba el agua de las lluvias.

El trigo obtenido se cargaba en costales, a los diferentes molinos, para su venta; desde 1965 no se sembró más trigo porque el Gobierno comenzó a importarlo de Argentina a precios muy por debajo del cosechado en Arequipa, por lo que a los agricultores les resultaba antieconómico sembrarlo.

Actualmente la siembra, cultivo y cosecha de papa, maíz y trigo ha cambiado de ahí que las cosechas no son tan buenas como las de antes, y sobre todo no se sigue el proceso que antes se cumplía;  más aún, no se cuenta con guano de isla o  se guanea con abonos artificiales que generan parásitos, viéndose obligado el agricultor a gastar ingentes cantidades de dinero en pesticidas, en desmedro de su margen de ganancias.

Por eso, en estos momentos, son pocos quienes siembran y cosechan maíz y papas, haciéndolo en poca escala; dedicándose más a las verduras y alfalfa por ser más productivas y en menos tiempo de cultivo.

Un aspecto muy importante, que observaba el agricultor de nuestros tiempos de niño, era que sembraba teniendo en cuenta los cambios lunares, por lo que en toda casa siempre había un almanaque que los indicara, a la vez que les servía para poner los nombres a los hijos de acuerdo a los santos que consignaba para el día dicho almanaque, salvo algunas excepciones.

Carmen Alto, Vista hacia donde se ubicaría posteriormente  el Observatorio 1890



Las Eras y La Trilla

El poblano carmenalteño ha sido y es eminentemente agricultor, dedicado a la siembra y cosecha, especialmente de papas, maíz, trigo, alfalfa y verduras. Para guardar los productos tuvo que construir graneros, asimismo ERAS, hechas en partes altas donde sopla libremente el viento; eran de forma circular con paredes medianas de adobe o sillar que se unían con cal, piso empedrado, puerta de acceso amplia trancada con palos de molle o eucalipto, semejaban una pequeña pista de circo romano.

Atajo en Carmen Alto, 1890.




En las eras se hacía LA TRILLA del trigo o cebada, la espiga se segaba en la chacra que se conducía a la ERA en tropa de burros. Se le ponía a secar al sol formando un montón. Extendida ya, era pisada por ATAJOS de caballos y yeguas que, en libertad, se les hacía correr sobre la paja y espiga hasta que quedara totalmente desgranado. Nosotros aún ccoros, corríamos tras los atajos con un pequeño zurriago que hacíamos restallar de trecho en trecho que aunado a los gritos de ¡HUALALI HUALALI!  azuzábamos los animales que, en número de 15 más o menos, cumplían el trabajo a falta de caballos o cuando era menor la cantidad de trigo, se utilizaba tropa de burros acollarados.



El primer burro era aparejado con carona  y conducido por un peón que lo hacía remoler sobre su eje, recibiendo el nombre de MADRINA, Esta tropa de burros la componían 10 anímales a los que se  Incluía en los últimos cuatro puestos igual número de caballos de poca alzada aprovechando el más rápidos de estos en los extremos; En concreto los burros al trote y los caballos al galope realizaban el trabajo de la trilla en forma muy eficiente y sin malograr el grano.



Desprendido el grano de la espiga, el  producto en el acto llamado PARAR EL MONTON, se juntaba en el centro de la era y en la cima se colocaba una cruz hecha con  flores, que la obsequiaba el camayo o a falta de él una persona muy allegada al propietario; toda una fiesta se iniciaba EL AVENTAR, con horquillas o trinches de fierro para que la fuerza del aire se encargara de separar el grano de la paja ya molida. Las mujeres armadas de pequeña; escobas de retama o berbena también de paja de puna, iban limpiando el grano; cuando ya el grano escapaba de las horquillas se utilizaba palas totalmente de madera para no dañar el grano y se concluía el trabajo quedando el grano limpio sin pala, piedras o impurezas, que en costales de yute y portado en tropa de burros se llevaba a los molinos de la ciudad o a los graneros de la casa.

Al atardecer del día de la trilla, la dueña cocinaba el rico "sango" de trigo que se comía con el pepián de conejo cuy,  luego por la noche, los ccoros, permanecíamos tirados dentro de la granza contando cuentos  y gozando del claro de la luna hasta dormirnos.


Nota: Según el diccionario de Arequipeñismos de Juan Guillermo Carpio Muñoz, El Sango es una comida típica que se prepara con trigo tostado y molido, chancaca, pasas, leche, azúcar, canela y otros ingredien­tes. El sango en Arequipa es espe­so y dulce y aunque algunas per­sonas lo prefieren comer solo, lo tradicional es servirlo poniéndo­le encima una presa de estofado de cuy con bastante jugo colora­do. De acuerdo a mis investiga­ciones sobre nuestra culinaria el sango arequipeño como el de otros lugares derivan del sanku incaico que dentro de la religión incaica, era una especie de eucaristía o comida sagrada, hecha con maíz tostado y molicio, agua y grasa que el Inca invitaba en la cere­monia religiosa del Inti Raymi a todos los asistentes e incluso, a los principales les hacía poner sobre su porción efe sanku un pedazo de carne asada o unas gotas efe sangre de la llama sacri­ficada durante la ceremonia. Los asistentes al Inti Raymi comían el sanku con el mismo recogi­miento con que los católicos comulgan. En la Arequipa anti­gua era la comida obligada y tra­dicional que invitaba el propie­tario o dueño de la cosecha el día de la trilla del trigo y después de la jornada a todos los que intervinieron, en medio de un gran jolgorio. Hoy se lo prepara en contados lugares y algunas veces al año y hay quienes lo pre­sentan como un postre arequipe­ño (sin estofado). No está demás señalar que el contraste dulce- salado (como el del sango con estofado de cuy) es rarísimo en la culinaria típica de Arequipa. El vocablo sango lo incluye el DRAE pero con una acepción genérica, indirecta y que no corresponde cabalmente a lo que nosotros denominamos: sango: “sanco, especie de ga­chas”. Nótese que la Academia —además— prefiere: sanco. Final­mente no está demás destacar que el sango arequipeño siempre se hace de trigo, nunca de maíz. Esto es un indicio formidable sobre nuestro mestizaje: el trigo lo trajeron los españoles y lo maridaron con la ceremonia india del sanku, en el proceso de “extirpación de idolatrías” dado el carácter casi eucarístico del sanku incaico y lo hicieron el potaje infaltable de la trilla del trigo.

Las eras, en Carmen Alto, fueron privilegio de los agricultores que tenían buen topeaje de terrenos; pero existía una de uso comunitario la de don Mariano Peña Barriga quien la fletaba, por cuyo uso recibía cinco soles o, en su defecto, le dejaban la granza para confeccionar colchones, abono o alimento de animales.

Actualmente no existen eras, pues no se siembra trigo desde 1965.

Las eras también fueron usadas para secar y guardar el choclo del  maíz, aunque los agricultores cuando iniciaron la construcción de sus casas con enrielado y sillar lo llevaron a sus techos y patios para mayor seguridad.

Jorge L. Cárdenas Delgado .“Carmen Alto, Remembranzas de su ayer” 1998.

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LA TRILLA CON MADRINA

El trigal era un vasto y ondulante manto de oro. Los chirotes emergían, se detenían un fugaz instante en el aire y lanzaban su canto. Luego de huacacha velozmente también se zambullían en ese mar de espigas.

El trigal estaba listo para su cosecha en el fundo llamado Añaypata. Se trataba de unos 60 topos (aproximadamente 20 hectáreas) cuyos propietarios antaño fueron los canónigos del Fierro, pasando luego a los señores de Goyeneche, a unas asociaciones piadosas y finalmente al obispado de la Blanca Ciudad. Estaba ubicado en la parte postrior del cementerio de La Apacheta, y a una hora a caballo desde la urbe.

Corría el mes de enero. Doña Carmen ordenó una mañana que desde el día siguiente se procedería a la siega. Convocó a un grupo de trabajadores del campo, restando uno de ellos.

- ¿Ande'stá el Francisco? - preguntó Doña Carmen.
- Está tihuayando (tiguayar) a los pájaros del trigal, mi ama.



Le siega tenía que hacerse a velocidad porque era época de aguaceros y el agua hacia daño al grano. 

La prisa era pues un factor esencial.

- Dénle una melga pa’l José, otra melga pa'l Tiburcio y asi en orden,  ordenó la mujer.

Hombres y mujeres, premunidos de “serruchos” (hoces) desde la madrugada del día siguiente se entregaron a la siega del trigal.

Mujeres segando  trigo en el Sector de Pachacutec 1960.



Con habilidad pasmosa esos trabajadores fueron cortando el trigo formando gavillas cada 5 a 6 pasos para después ser acomodada en costales.

- ¡Déjense de laqlar y reir que el tiempo guéla! - exclamó doña Carmen.

Unos mansos borricos enseguida transportaron esos costalea para formar una enorme parva dentro de la era ubicada al pie de la lomada por donde corría el viento libremente.

La alfalfa sembrada hacía rato que había dejado de ser majuelo y ofrecía una buena cosecha asimismo.

- Ña Carmen - expresó un jornalero - no todo el trigo está maduro.

- Bueno, pué, lo segarán en 2 jornadas mas que seya... 

– precisamente esta primera siega era la denominada siega chica o con “madrina" I a segunda la llamaban siega grande con hatajo.

En una segunda fase, con largos tridentes llamados horquillas las mieses fueron cuidadosamente esparcidas formando un colchado do unos 80 centímetros de altura. La era de Añaypata era circular. Su piso era de dura piedra y estaba cercada por un tapial defendido por pencas de tuna Era una suerte de coso de 20 metros de diámetro con portón de añosos troncos.

Y llegó el día de la trilla. Los hombres y mujeres azuzaban agotamiento después de cada faena. Consumían chupes con voracidad y sin esperar a  que el caldo se vuelva tiqca. Remataban con mote de maíz y de habite, aplacando la sed con chicha .

Bueno, para la trilla dispusieron media docena de borricos y 4 bueyes. Todos colocados en hilera, uno al lado del otro.

Enseguida con gruesas reatas de cuero retorcido esos animales fueron enlazados por el pecuezo, aseguradas por qcayto (caito).

Con este misma soguilla les aseguraban los belfos para que no comieran el trigo.

El primer animal de la hilera o sea la “madrina”, siempre era una burrita.  Así formado, este hato fue conducido al interior del coso con la “madrina" al centro y entonces comenzó la trilla.

-¡Vamos, carajo, flojos de m.! 

- se desgañotaba el hombre que los hacía girar en vueltas tras vueltas, siempre con la borriquita al centro.

El halo descansaba brevemente y después otra vez los gritos y las vueltas pisoteando las espigas. Con el repaso de las patas de burros bueyes escapaban los granos. Era la esperanza de pan y de alimento.
 ¡Pareciera que va a llover, apúrense cosas cuches! - gritaba Doña Carmen.

Las primeras vueltas del hato fueron fatigosas debido a que los animales tenían que marchar por un verdadero mar de paja con espigas. Pero en da vuelta se fue haciendo más blando el monótono caminar.

Al concluir la tarea de la trilla, las crujientes mieses producían movimientos ásperos de grabos y fragmentos de paja.

Después se habría de realizar el escojo del trigo pero ya en el marco de la trilla grande, un magno acontecimiento con ribetes de fiesta y festejo.

Toda esa gente que participó en esta trilla con “madrina”, por las noches roía a la luz de la luna pero se ponía fúnebre y triste cuando por el cielo cruzaba gritando el paqpaco.

- ¡Pac, pac, pac...!

 - ¡Maldito seyas, hijo de p... malpariu! - lo insultaban y el pájaro malagüero volvía a gritar.

-¡Pac, pac, pac...!
Y es que tenían la creencia y superstición de que a consecuencia de ese canto lastimero, al día siguiente alguien tenía que morir.

- ¡Dios mío, ojala que no haya finau!

Estampas de Arequipa . MAROVE, 1996.


La Siega, Pintor L.G. De la cuba B. 1921




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