馃煝馃獧 El Riu - Riu
脥ndice
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EL "RIU - RIU"
Con la cabeza cubierta por un huacali, un amplio sombrero de ca铆da, la robusta mujer lavaba ropa bajo la rala sombra de un molle calato, sin hojas. El sol, que hab铆a escalado ya el cielo hasta cerca del c茅nit, aplastaba las cosas, los animales y el paisaje. Los desnutr铆a priv谩ndolos de sombra. Todo era quietud. Hasta el aire hab铆a dejado de dialogar con las hojas de los sauces llorones que bordeaban las acequias. Por sus cabelleras desgre帽adas y gachas, parec铆an dolientes de verde luto.
- ¿Qu茅 hac铆a huarocllando en el gallinero? - grit贸 de pronto la campesina a un rapazuelo chascoso, con el cabello revuelto, que jugaba en el interior de un gallinero hecho de sunchos y viejas maderas. En el patio de tierra del racay, una vivienda a punto de venirse a los suelos, el aj铆 seco, el afrejolado y otros gallos y gallinas, buscaban lombrices en la acequia.
- ¿Qu茅 quir铆a qui haga mamita, pu茅? No tengo con que jugar...
- se quej贸 el peque帽uelo. Jos茅 se llamaba, y los granujas de los alrededores lo apodaron "Cuche Ccala", haciendo alusi贸n a su gordura.
- ¡Aunque seya r谩scate las verijas! - volvi贸 a tronar la mujer.
Jos茅, de cuclillas, abandon贸 el gallinero de mala gana. Una vez fuera se sent贸 en un sillar e hizo vagar la mirada por los alrededores. El silencio pesado y agobiante, a veces se interrump铆a por alg煤n grillo que hac铆a m煤sica con sus 茅litros.
¡Guelta carajo, guelta! * - se escuch贸 a lo lejos al ga帽an que roturaba la tierra de una chacra, a distancia, con una pareja de bueyes.
- Andate a comprar a la tienda una espelma para poner a las almas benditas! orden贸 la madre. Jos茅 obedeci贸 y se encamin贸 a la tienda por un sendero polvoriento, chupando un huiro. Al brincar la acequia para retomar el sendero interrumpido, un grupo de occollos se puso en estampida en el remanso. Jos茅 arroj贸 lejos lo que le qued贸 del rajacho o tallo maduro del ma铆z que estuvo mascando y sorbiendo su dulce savia, asustando a un ruise帽or que, nervioso, emiti贸 unos trinos, bati贸 alas y vol贸 hacia otro tapial cubierto de rosas silvestres, de esas cuyos p茅talos seg煤n los chacareros - curan de chognis y de irritaciones de los ojos, preparadas en la tienda de abarrotes.
Jos茅 cumpli贸 con comprar la vela de cera al pagar recogi贸 la tapa de una botella de cerveza. La guard贸 en el 煤nico bolsillo sin agujeros que ten铆a. La madre dej贸 de lavar y cogi贸 la espelma. Prendi贸 la mecha y la introdujo en un velero de hojalata. Fue a su cuarto y con ella ilumin贸 a la toquita*, a la calavera, que le cuidaba la casa. Rez贸 ante ella y ante algunas estampas, y se march贸.
Afuera, Jos茅 sacaba la tapa de metal de la botella de cerveza, con un clavo destruy贸 el corcho y enseguida con un martillo fue cuidadosamente lamin谩ndola. Despu茅s de cierto momento, el peque帽o tuvo un disco met谩lico. Con el clavo que utiliz贸 para eliminar el corcho perfor贸 el disco dos veces, formando dos huecos centrales equidistantes. Finalmente hizo pasar una pita o cuerda por los agujeros y le hizo un nudo ciego. Con satisfacci贸n contempl贸 su obra: un riu-riu. Utilizando los dedos 脥ndices, uno a cada extremo de la pita cerrada por el nudo, comenz贸 a estirarla y recogerla. Y el riu-riu gir贸 y gir贸 convirti茅ndose en un disco apto para producir cortes. Y precisamente fue lo que efectu贸 Jos茅: cortar peque帽os tallos, hojas, flores. Todo ello ca铆a al suelo gillotinado, mientras 茅l celebraba cada destrucci贸n.
¡Mam谩 mira mi riu-riu! - exclam贸 jubiloso.
¡Cuidau que malogres algo pues te doy un tacnallanazo en la senca advirti贸.
El mocoso prosigui贸 con su obra perjudicial yendo de un lado para otro. Y el modesto juguete fue cercenando plantas. En su desenfrenada distracci贸n no advirti贸 la presencia de un vestido que pend铆a de un cordel y ¡zas! le hizo una brecha. El peque帽o enmudeci贸, qued贸 lelo. Su madre, descontrolada por la ira al advertir el perjuicio, exclam贸 amenazadora:
- ¡Te voy a llaucar los sesos, ti'har茅* tragar huacacara! - corri贸 y cogi贸 la reata y persigui贸 a su hijo que arroj贸 el riu-riu y corri贸 para ponerse a salvo de la azotaina.
La campesina se detuvo al borde de la acequia, cerca de la ronda, y la frustraci贸n la inmoviliz贸. Qued贸 con la reata en la diestra, maaoullando* su enojo. Y se volvi贸 paso a paso, desconsolada.
- Con lo caro que est谩n las cosas - mascull贸 - que hasta anchi vamos a comer.
El travieso ni帽o qued贸 escondido entre sauces, matecllos y texaos, tembloroso. Las aguas rumorosas parec铆an burlarse de su drama corriendo incontenibles en la acequia.
Un chirote levant贸 su vuelo vertical, lanz贸 su canto mostrando el rojo plumaje de su pecho y volvi贸 con igual presteza al trigal. Y era que la tarde se pronunciaba. El hambre le mortific贸 el est贸mago. Dej贸 su escondite y apenado, volvi贸 al racaysubrepticiamente se introdujo en la humilde morada y comi贸 lo que pudo hallar. Se tendi贸 sobre unos cueros de carnero y qued贸 de espaldas mirando el techo pajizo donde una ara帽a succionaba la vida a una mosca que hab铆a atrapado.
- ¡C贸mo quisiera tener mi riu-riu - dijo - pa'cortar mi pena!
Y una l谩grima furtiva se desliz贸 por sus mejillas.
*Ti 'har茅: por te har茅.
*Guelta: por vuelta
*Maaoullando: por maullando.
*Toquita: Diminutivo de Toca. Vea Toca.
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