El incendio de la Catedral, 1844
La imponente catedral que actualmente ostenta la ciudad de Arequipa, no siempre lució así, está es parte de una evolución arquitectónica que empezó casi desde que la religión católica se asentara en el valle del Chili. Pasando por la humilde parroquia de "San Pedro" hasta los templos que concluyeron en la magnífica construcción de 1656, obra concluida durante el Obispado de Fray Gaspar Villaroel. Muchas reliquias fueron acumuladas durante el periodo de esplendor del Templo, entre ellas: [...] el madero de la Sta. Cruz y otra de un pedazo de canilla de San Vital mártir. [...] D. Valdivia.
El Obispo D. Juan Cavero (1725 – 1741) trabajó la sacristía y piezas contiguas. Mientras que el Obispo Juan Bravo agregó el presbiterio.
En 1784 el obispo Juan de Cavero y Toledo, hizo construir la iglesia de San Juan, junto a la catedral de Arequipa, pero el Terremoto ocurrido el 13 de mayo de ese año destruyó el templo, por lo que hubo que eclesiásticamente suprimirlo.
Los daños que sufrió producto del terremoto se registraron de la siguiente manera:
En la iglesia Catedral cayó un pedazo considerable de la bóveda sobre el muro y deshizo su pulida fábrica de cedro y lo más sensible el órgano de tal manera que solo se han encontrado reliqueas de su materia, pues falseando un pilar dejó lo demás de la iglesia en distintas partes rejada de cuidado y sus torres una de ellas para deshacerla . En la iglesia de Sacramento, llamada San Juan, se desplomó su media naranja que es el sagrario del altar mayor , quedando el cañòn de la iglesia amenazando riesgo , derribados los estribos de su torre.
En 1814 el presbítero canario Don Antonio Pereira Pacheco y Ruiz, llega a la ciudad de Arequipa junto con el Obispo Luis de Gonzaga de la Encina , y en su inmortal obra, "Noticia de la muy noble y muy leal ciudad de Arequipa en el reyno del Perú" de (1816), describe como era la vida de la ciudad entre sus muchos apuntes dibuja como lucía la catedral de Arequipa e inclusive confecciona un pequeño plano de su interior, por lo que podemos darnos una idea mejor del monumento perdido.
LA IGLESIA CATEDRAL ANTES DEL INCENDIO
Comentario del Dr. Mariano Ambrosio Cateriano , diciembre de 1891.
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Fundada bajo el patronato del Apóstol San Pedro, este templo fué de los más suntuosos que ostentaba el Perú, en los mejores tiempos de su proverbial riqueza. Extendíase su longitud del Oriente al Poniente y del Septentrión al Mediodía su latitud, del orden composito era su arquitectura, constaba de tres naves espaciosas y anchas y 10 columnas áticas cubiertas con cortinas de terciopelo carmesí, sosteniendo las 18 bóvedas de arista, 14 ventanas que franqueaban la luz y 3 grandes puertas la libre entrada. Trece hermosos altares de cedro perfectamente dorados lo decoraban. El Altar mayor constaba de tres cuerpos y estaba laminado de plata, el tabernáculo ocupaba el primero y guardada la valiosísima custodia con el viril y resplandores de oro engastado en ellos muchas piedras preciosas de gran valor. En el segundo cuerpo veíase la Virgen de la Asunta, en el tercero al de San Pedro, Patrón de la Iglesia y en los nichos colaterales a los demás apóstoles, todas de magnífica escultura.
En el Altar llamado de Las Reliquias, se veneraban las de San Sebastián, San Julio, San Justo, San Donato, San Vicente, San Plácido, San Leonardo y San Valentín, colocados en preciosos relicarios de plata, los cuales habían sido donados por el Obispo León el cual ordenó se rezase el oficio de ellas con rito doble por haber sido declaradas insignes, según decretos de Gregorio XIII y Urbano VIII.
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1. Nota: Para El Deán Valdivia los altares fueron 12 con diez retablos de madera de tres cuerpos y dos pequeños, uno de la Antigua a espaldas del coro y otro de San Miguel . Fueron de mucho costo . El mayor estaba adornado con frontal, atriles blandones, gradillas y columnas de plata . El tabernáculo y el nicho de la imagen de la Asunción estaban forrados con plata. Para el presbiterio había seis hacheros que tenían 852 marcos de plata: tres de ellos fueron dados por el Obispo Pedro Ortega los otros 3 lo hicieron por el Cabildo con bienes de la fábrica y algunas aplicaciones . La custodia mayor tenía el sol de oro, con 134 diamantes , 135 rubíes, 23 amatistas , 157 perlas grandes .
Las reliquias de San Julio, San Valentín , San Justo , San Donato, San Marcos, San Fabio, San Pío , Sta Margarita, San Vicente , San Plácido y San Leonardo fueron remitidas por el Cardenal Carpinco con su auténtica del 15 de diciembre de 1678, al Sr. Luis Manuel Portocarrero Arzobispo de Toledo , quién las cedió el 17 de abril de 1696 al Sr. Obispo de Arequipa Antonio de León y este las donó a su iglesia Catedral el 28 de abril de 1698. Las demás fueron donadas por los Srs. Obispos D. Juan de Otárola y D. Juan Cavero con consulta del jesuita Hernando Colmero , en vista de su parecer del 24 de julio de 1698, dispuso el Sr. León con su cabildo se rezase con rito doble de varias de esas reliquias , repuntándolas insignes según los decretos del Sr. Gregorio XIII de 1575 y del señor Urbano VIII, de 1628, a pesar de que no eran insignes a juicio de personas inteligentes. Todas las reliquias se quemaron en el incendio de la Catedral, sin embargo se rezaban aún por ellas por decreto actual Sr. Obispo Goyeneche.
2 Nota.- La Capilla de San José que existe en la catedral y que sirvió de parroquia del sagrario hasta la construcción del templo de San Juan y la sala capitular fueron edificadas por el obispo (IX) Antonio de León.
El Retrato de este obispo que se hallaba en la antigua galería de la catedral y que se quemó como todos los demás en el incendio del 1ro de diciembre de 1844 , tenía por única inscripción la décima siguiente , la cual por el doble ,mérito de haberse conservado cuarenta años en la memoria de un amigo nuestro , es un amuestra de la literatura nacional de ahora 200 años, creemos será leída con agrado. Dice así:
Obispo de Panamà
Y Rejente de su audiencia
Fue con virtud y prudencia
El León que presente está.
Pasó a Trujillo y de allí
A Arequipa la dichosa,
Treinta años la rigió esposa
Dejó a Quito y Santa Fe
En ella inmortal reposa.
En la sala capitular de la catedral se conserva hasta hoy día otro retrato de este Obispo en un cuadro al óleo y al porte natural. Aparece sentado , con gorro griego en la cabeza , coleta bigote y pera al uso de su tiempo, cabriote morado con cuello vueltas y cesgos de armiño, tres mitras sobre la mesa, un palio y otras dos a sus pies, son los objetos que se ven en este interesante cuadro . El hermoso y simpático aspecto de este retrato, algo revela de lo que fue el mayorazgo de España, doctor de la Universidad de Alcalá de Henares, favorecido con cuatro mitras .cura de Villar Olmos y Tordelaguna. Gobernador , Capitán General, Presidente de la Audiencia y Obispo de Panamá, Trujillo, Arequipa electo de quito y del Arzobispado de Santa Fe , Don Antonio León.
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El coro ocupaba el centro de la nave mayor, en el que se contaban 61 sillas de madera de cedro, divididas en dos secciones, una superior y la otra inferior, teniendo en sus respaldos tallados en alto relieve las efigies de los 12 apóstoles y otros santos. En la testera y parte superior de la silla episcopal que se distinguía por su esmerado trabajo, veíase en un elegante nicho el busto del Salvador al natural y coronaba toda la testera una hermosa cúpula sostenida por 6 columnas en cuyo centro estaba colocada la estatua colosal de San Juan Bautista.
Sobre los muros laterales del coro se hallaban dos magníficos órganos de muy sonoras voces, en el medio ostentábase majestuoso el fascistol giratorio de 4 fases, sostenido por 4 leones y cerraban las preciosidades de este lugar una bien torneada reja de tres varas de alto. En la columna inmediata al coro, hacia la derecha destacábase el magnífico Púlpito de cedro, muy bien tallado.
Hacia atrás del coro, en un precioso altar construido con gusto y adornado con esmero, venerábase a la Virgen María bajo la advocación de la Virgen de la Antigua, en un hermoso cuadro pintado al óleo, al natural y de mérito superior. A los extremos del Presbiterio habían colocadas dos tribunas con sus atriles, donde se cantaban la Epístola y el Evangelio en las misas solemnes.
La bóveda subterránea de figura circular, donde reposaban las cenizas de los Obispos que morían, hallábase también debajo del presbiterio y tenía su entrada por el costado derecho. La capilla dedicada a San José, tenía una preciosa cúpula y un hermoso altar de tres cuerpos.
La Sacristía en la que guardaban muchos y muy valiosos ornamentos sacerdotales y más de veinte mil marcos de plata y algunos vasos sagrados de oro, tenían como la mejor de sus decoraciones, los 18 retratos de los Obispos de Arequipa, desde el Ilustrísimo Rodríguez hasta el de Lencina, cuadros al óleo y al natural que formaban una valiosa galería.
Tal era la Catedral de Arequipa, hasta que le sobrevino la catástrofe de que nos vamos a ocupar.
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Incendio de la Catedral:
El Domingo 1ro de Diciembre de 1844 después de la misa conventual que celebró el Sr. Chantre Dr. D. Bruno Valcárcel y demás distribuciones de los días festivos, se retiraron los canónigos de la Catedral, Cerrando las puertas a poco más de las diez de la mañana. Como un ahora después vió salir por las ventanas un espeso nubarrón de humo inmediatamente se dio aviso a los sacristanes, los que acudieron sin dilación . abiertas las puertas presenciaron los circunstantes el espectáculo más sorprendente y terrible ; el altar mayor estaba convertido en una formidable hoguera de donde como por corrientes eléctricas partían rayos de fuego a los demás altares, con la celeridad que en pocos momentos era inextinguible en todos ellos, así como en el coro y en la sacristía. Para dar más libre acceso a la multitud que convocada por el imponente tañido de la campana mayor acudía presurosa , se abrieron d e par en par las tres puertas y el viento sur que dominaba en esos momentos inflamando las llamas , hizo más voráz el incendio y precipitó la consumación de la catástrofe . El agua que se había hecho represar de la acequia de la Pontezuela , entraba como un torrente impetuoso por la sacristía y no sirvió que para anegar la Iglesia. Columnas y capiteles íntegros convertidos en ascuas, desprendíanse de lo alto de los altares despedazándose unas veces en el aire y cayendo en copiosa lluvia de fuego o precipitándose íntegras y aumentando con su estrépito el terror esas moles candentes.
Las piedras de berenguela que cubrían las ventanas reventaban también con fuerza y sus fragmentos se esparcían por todas partes . Seríanos imposible , describir la confusión y el terror de los que presenciaron tan espantoso espectáculo . Unos arrojaban agua para apagar el fuego y otros intentaban precipitarse por entre las llamas para salvar las efigies ; mientras las mujeres lamentaban o pedían misericordia .
Toda diligencia fue inútil y el fuego devoró cuanto era combustible en aquel suntuoso templo sin perdonar la voracidad de las llamas ni el santuario, pues la plata que lo decoraba corrió como el agua fundida a fuego tan devorante. A las doce del día todo estuvo concluido . Cuarenta minutos bastaron para que desaparecieran por siempre tantos monumentos memorables tantos objetos preciosos, tantas reliquias veneradas, que testifican el espíritu religioso y ferviente de las generaciones de más de dos siglos.
La consternación fue general y profunda y las autoridades interpretando fielmente el sentimiento popular dispusieron una procesión de penitencia y una misión en la plaza, el segundo Domingo de diciembre . El orador elegido para manifestación tan solemne fue el prestigioso y popular tribuno del año 34, aquel que había hecho de la sublime apoteosis del genio ante las veneradas reliquias del mártir de Humachiri y el que pocos días antes del incendio había quebrantado los corazones y cautivado las voluntades de su inmenso auditorio dese el púlpito de San Camilo. Ese orador fue el Deán de la Iglesia Catedral Dr. Juan Gualberto Valdivia favorecido entonces del aura popular . El acto era imponente y el espectáculo conmovedor .
La casa de Dios acababa de ser devorada de Dios acababa de ser de esas paredes calcinadas por el fuego y ennegrecidas por el humo, se hallaba congregado el pueblo de Arequipa. Esas masas populares que así rebozan de alegría al oír el traquido de los cohetes en sus festividades religiosas, como la detonación del rifle en las convulsiones políticas ; que de mañana oyen misa, al medio escuchaban a su tribuno o vitoreaban a su caudillo y por la tarde piden gritos la cabeza del que han elegido para su victima , todos se hallaban reunidos en la plaza.
Los ojos se arrazaban en lágrimas al mirar los tristes despojos del augusto templo, donde en la mañana y en la tarde acompañaban al órgano los divinos cánticos de los ministros del santuario ; donde el cristiano ofrecía al cielo en su humildes y sinceras preces, el tributo de su adoración y donde el pecador contrito se purificaba con las lágrimas del arrepentimiento.
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El diario arequipeño "El Republicano" también narró los sucesos de la siguiente manera:
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Poema en el Diario El Deber del 1ro de diciembre de 1944.
Al Incendio de la Catedral
Qué humo es aquel—¡Oh Dios!—que en torbellinos,
Por las ventanas de la Casa Santa,
Salen negras columnas precedido
De torrentes de fuego.. ¿Es el Incienso
Qué lleva las plegarias del Cristiano
Ante el trono inmortal del Señor inmenso?...
Las almas más espesas, ya no caben
Por tan cortos recintos:— densas nubes
De un humo mas espeso:—el fuego crece,
Muge la tierra, se conmueve el Templo.
Yen su interior rodando un sordo ruido,
Parece que mil manos destrozaran,
Los altares sagrados.. .Derrepente
Veinte becas vomitan espantosas
Llamaradas constantes que a la altura
De las soberbias torres sobrepasan:
Huyen otras mil despavoridas
Horrorizadas de su mismo estrago,
Y estrellándose en olas en la cumbre
Del Templo Sacrosanto, brama el fuego,
Y el furor del incendio no pudiendo
Por el techo incendiado abrirse paso,
Retrocede cual rayo, y esparciéndose
Llena el recinto, lo devora todo
Y el edificio mismo es convertido,
En un vivo espantoso reverbero.
Aún las piedras entonces alimentan
El hambre destructora de las llamas:
Los retablos gimiendo se desploman,
Y caen en mil ascuas retumbando.
No respeta, el estrago el Solio Santo.
Que en Misterio retiene entre nosotros
Al Cristo del Señor al Dios excelso.
Su alcázar— ¡oh dolor!— el Pan Santísimo
Que a nuestra frágil vista lo escondiera
Todo es presa del fuego, todo arde:
Es un horno terrible que amenaza,
Destruir la ciudad enteramente.
Con más fuerza la tierra se conmueve
Por doquiera el horror, el fuego y humo
Rechazan los esfuerzos, lanzan rayos;
Torbellinos de llamas sofocantes.
Convierten el Altar el Atrio Santo
En un infierno... ¡oh Dios!... ¡piedad!...yo miento:
— Es tu casa Señor la que devora.
El incendio fatal.— Humildemente
Tu sabia Providencia reconozco,
Y ciego a tus decretos me someto
— En vano el clamor de la campana.
Este triste suceso anuncia al pueblo:
Al horrible volcán de fuego activo.
En vano acude el pueblo religioso.
Que viendo la catástrofe aún no cree
Que es tu Casa Señor la que arde entonces
Cual si fuera cabaña de un mendigo!...
Aunque absorto de horror se desengaña
Que todo en este mundo está sujeto
A la ley invariable de la ruina:
Que la pobre ramada y el alcázar
Del Santo de los Santos—igualmente
Se someten a ella... en vano en vano
Esforzados cristianos se deciden
A disputar la presa de las llamas:
Precipítame al horno, y aún no llegan
Cuando el fuego rechaza sus esfuerzos
Heroicos es verdad, pero impotentes.
En vano este pueblo derramaba
Lágrimas de dolor,—ellas bastaran
A apagar el incendio, si el Altísimo
No hubiera inexorable decretado
La ruina de su Templo Sacrosanto,
Parece que sus ayes. sus plegarias
Se elevaban envueltas con el humo.
Y en el inmenso espacio se perdían,
Y al trono del Eterno no llegaban...
¿Y El Padre de los Hombres que esto mira
No alagará el Incendio?... Tus designios
¡Oh Dios Santo! yo admiro, y no me atrevo
A sondear tu justicia y providencia.
Bástame saber que siempre bueno
Nunca el mal te propones,— no es posible,
Que en ti pueda caber,— aún cuando fuera
Posible que quisieras practicarlo.
Resolviste el incendio de tu Templo,
Y no queda a tu pueblo más recurso
Que llorar,— verlo arder,— y amarte siempre.
Llegó el instante que fijó el destino
Y una hora fué bastante a volver humo
Y Altares Venerandos que escucharon
Las plegarias de seis generaciones.
Ni el altar, ni el vestíbulo ya existen:
En dos siglos oyeron les cantares
Que entre ellos interpuesto el Sacerdote
Reclamaba, gran Dios, todos los días
Tu inmensa bondad para tu pueblo.
Y las gruesas columnas que ofrecían
La larga duración del monumento.
Cono delgadas vigas no resisten
Al impulso terrible de las llamas
Que oprimidas calcinan todo el Templo
Y cayendo en astillas disminuye
Su antes firme ya frágil corpulencia.
Las enormes paredes que ostentaban,
Con desprecio del tiempo, los altares
Los bustos de mil Santos y las galas
Que la piedad humilde tributara
Al culto del Señor,—ya nada existe;
en ellas no se advierte sino el hueco
Calcinado y humeante en que posaron
De lo piedad solemnes monumentos.
Son sepulcros terribles cuyo aspecto
Recuerda el filósofo cristiano
Que todo desparece en éste mundo,
Y que un día vendrá que el mundo mismo
Y Tal vez en menos tiempo de una hora
Tornarse al abismo de la nada.
Mientras tanto, ¡ah Señor!—tu que miraste
Consternado a tu pueblo y abatido,
Resignado a tu sabia Providencia,
Que escuchaste su aves sus clamores,
Que lo viste llorar con fe más viva
Que el pueblo ingrato que inmoló a tu Hijo,
Y que marcado de ésta mancha eterna,
Recibió por castigo ver su Templo
Reducido a cenizas— ¡oh Dios Santo!
Si es tan grande el delito que ha atraído
Sobre tu Casa Santa tanto fuego,
¡Más grande es tu bondad!... aquí se acabe
Esta horrible catástrofe:— a lo menos
Conserva el Templo .ya que no hay altares.
Y si quieres probar la fé constante
De este pueblo escogido que te adora.
¡Piedad!... basta de incendio... siembre bueno
Cambia en Misericordia tu Justicia!...
— Llegaron las plegarías a lo Eterno;
El fuego se extinguió; — su avidez fiera
Se devoró así misma en un instante.
Más ¡oh doler!—Parado el edificio
No presenta a los ojos espantados
Sino la sombra del hermoso Templo
Que ha una hora no más que presenciaba,
Entre himnos sagrados, los Misterios
Más augustos y Santos del cristiano.
Deforme ahora por do quiera muestra
De espantoso incendio los estragos.
Ceniza y carbón han reemplazado.
A los Santos y al Santo de los Santos!.
Todo desapareció... tantas riquezas, y el oro del Señor los santos vasos
Y el Tabernáculo y al copón sagrado.
Que el Dios de los sucesos contenía
¡Más horror no es posible! …. Todo forma
Ese negro montón de vil escoria
Los antiguos sepulcros destapados
Que sucesos sangrientos respetaran.
Ya no conservan ni los esqueletos
Que ocultaron en paz. y en otro tiempo
Grandes almas, talentos y virtudes.
Voraz el fuego profanolo todo.
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- Diario El Deber 1ro de diciembre de 1944.
- Nota 1 : Fragmentos para la Historia de Arequipa. Deán Juan Gualberto Valdivia.
- Nota 2 y 3: Memorias de los Iltmos. Srs. Obispos de Arequipa. Mariano A. Cateriano.
- Imagen de Portada, dibujo de la Catedral de Arequipa en 1814, por Antonio Pereira y Ruiz .