Viaje en ferrocarril de Mollendo a Arequipa 1910
Carlos J. Bachmann geógrafo peruano nacido en Lima en 1869 y fallecido en 1938. Fue ex secretario de la Comisión especial del Supremo Gobierno en el Madre de Dios, Acre y Purú.
Es conocido por sus contribuciones a la geografía y la historia del Perú. Publicó en 1918 "Viaje de Lima al Madre Dios", apuntes de viaje" donde narra de manera detallada y amena en varios capítulos su travesía que realizó el año de 1910, de este libro hemos recopilado el Capitulo II y parte del III, donde describe su paso de Mollendo a Arequipa.
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Capitulo II
Viaje en Ferrocarril
DE MOLLENDO A AREQUIPA
(172 kilómetros)
Mollendo es puerto difícil, su mar bravo y su desembarcadero fastidioso, lo que pronto quedará subsanado, cuando se termine la gran obra del rompeolas ya muy avanzado. La población, que desde luego es superior a las anteriormente nombradas, queda en alto, en especie de anfiteatro, con suelo muy desigual. Tiene vistosa Casa Comunal de tres pisos, de reciente construcción, acaso el mejor edificio del puerto; muy regular Estación y Oficina de Telégrafos; espacioso Mercado o Recoba como lo llaman en el Sur; bonita y aseada Plaza, buena Iglesia, confortable local del Club, dos o tres hoteles, siendo los mejores el del «Ferrocarril» con soberbia vista al mar, y el «4 de Julio» que queda en la plaza.
Tiene también Oficina de Correos al lado de la cual quedan los talleres del único periódico que se edita, titulado «El Puerto». Su temperamento es delicioso; su sociedad simpática y agradable y su comercio activo. Está unido por ferrocarril con Arequipa, Puno, Cuzco y poblaciones intermedias. Se comunica con todos ellos por telégrafo y con Arequipa por teléfono también, y por medio del cable submarino con todas las ciudades del mundo. Por su aduana trafican las mercaderías que se importan y exportan, no solo al Sur del Perú, sino también a Bolivia cruzando el lago Titicaca, y por el monto de los derechos que recauda ocupa el tercer rango entre las aduanas de la República, después del Callao e Iquitos.
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Nota: El periódico "El Puerto" se publicó el 31 de marzo de 1894, de larga duración hasta el terrible incendio del 2 de abril de 1912. Fue fundado por don Juan José Reynoso Ampuero.
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Como el tren partía a las 1:10 p. m. apenas tuvimos tiempo de sacar nuestros boletos, y saludar al paso a nuestros distinguidos amigos don Juan José Reinoso, senador por el departamento de Arequipa, don Joaquín Miró Quesada, quien con su señora esposa se hallaba allí de tránsito a Lima; doctor Santiago D. Parodi, diputado por la provincia de Islay; don Camilo Carrillo, administrador de la aduana; oficial de marina don Federico Moore, teniente del resguardo, y algunos otros más.
El comisionado especial y demás compañeros de comisión, quedáronse en el puerto por diversos motivos, tomando el tren tan sólo la familia Farje y nosotros. La distancia entre Mollendo y Arequipa 172 kilómetros, recorriéndola el tren en seis horas, y ascendiendo des de 3 m. 83 cm. sobre el nivel del mar en que está Mollendo, hasta 2,301 en que está Arequipa. El valor del pasaje, en primera clase, es de 6 soles.
A la 1:10 partió el convoy, que iba completamente lleno, llegando a Mejía que queda a 11 kilómetros de Mollendo y pocos centímetros más abajo a la 1:25. A la 1:27 partimos de aquí. Principia vegetación silvestre, y más allá se ve pastos y algunos arbustos. A la 1:34 se llega a Ensenada, caserío insignificante donde se ve pasto y algún ganado. Ensenada está a 9 m. 75 cm. sobre el nivel del mar, y dista de Mejía 10 kilómetros y de Mollendo 21 km. 2. Las mujeres del lugar se acercan a los carros a ofrecer a los pasajeros algunos artículos de venta, a precios bastante cómodos; caña dulce, por ejemplo, dan ocho o diez grandes por 10 centavos. Al salir de Ensenada a la 1:38 no se ve más que vastos arenales. Cruzamos por entre esos médanos, que eran probablemente los que divisábamos desde a bordo, y como el sol era fuerte sentíamos calor sofocante.
A las 2 de la tarde llegamos a Tambo, que se halla ya a 304 m. sobre el nivel del mar, a 9 kilómetros de Ensenada y a 30 km. 2 de Mollendo. Habíamos subido 295 metros tan sólo en 22 minutos. Bonito pueblecito es Tambo con casuchitas formando calles; hay despachos de mercaderías y licores como las pulperías de Lima, atendidas por mujeres; se ve también plantas y arbustos.
Salimos de Tambo a las 2:03 por pampas de terreno duro. A lo lejos se ve médanos y más allá atractiva campiña. Atravesamos buen paso a nivel, divisando aún más abajo el pueblecito que acabábamos de dejar. Uno que otro cactus surgen de cerros de granito truncados, siguiendo el convoy describiendo infinidad de curvas.
A las 2:23 llegamos a Posco, paradero miserable, aislado, a la altura de 557 metros, a 10 kilómetros de Tambo y a 40 km. de Mollendo. Habíamos subido en 20 minutos 253 metros. Hay aquí un cambio y en la choza del guardián se ve higueras, gallinas y pollos.
Un minuto después, es decir, a las 2:24, partimos de Posco, cruzando el tren por entre cerros de granito cortados para dar acceso a la línea. El calor nos da sed, y supimos con complacencia que en el convoy venía el pullman que tiene anexo pequeña cantina bien surtida y a precios módicos. Comimos sandwiches bebimos cerveza elaborada en Arequipa bastante bue- Antes de pasar por Cahuintala, donde no para el tren, se ve pampa al parecer de greda o arcilla. Cahuintala está a 759 metros de altitud, a siete kilómetros de Posco y a 47 km. de Mollendo.
Llegamos a Cachendo a las 2:57, habiendo ascendido casi 433 metros en 33 minutos y recorrido sólo 15 kilómetros. Cachendo dista de Cahuintala 8 kilómetros y de Mollendo 55 km. Se halla a la altura de 990 metros sobre el nivel del mar. Aquí se ve casuchitas, pulperías, pavos, gallinas, etc. Vendedoras de empanadas, picantes y chicha se acercan al tren, y los pasajeros, particularmente los de segunda, bajan a comprarles.
A las 3:02 zarpamos, atravesando pampas de arena floja que no forman médanos. El sol reverberante sofoca, y la arena sutil, polvillo casi impalpable, se cierne por las ventanillas a pesar de tenerlas cerradas, asfixiando casi al viajero. El paso por estas pampas es una verdadera vía crucis. Al correr vertiginoso del tren distinguimos sobre esos extensos arenales huellas de pies humanos y de cascos de bestias, admirando la habilidad de los viajeros que pasan por esos desiertos, guiados solo por sus propios instintos, o por el conocimiento casi increíble que tienen de esas pampas, en las que no se advierte punto alguno de orientación. Sin embargo, los inmensos arenales son interrumpidos por cerros rocosos, que los ingenieros que construyeron esta línea se vieron precisados a cortar, para continuar nuevamente el trazo sobre otras pampas idénticas que no parecen sino prolongación de las anteriores, y que al viajero se le antoja interminables por el fastidio que causa el paso por ellas.
Diecisiete minutos demoramos para recorrer 15 kilómetros que separan Cachendo de Huagri, paradero insignificante, donde llegamos a las 3:19. Huagri dista de Mollendo 70 km. 7, y se halla a 1,074 metros sobre el nivel del mar, es decir, habíamos subido más de 83 metros. Apenas un minuto se detiene aquí el tren, siguiendo su curso a las 3:20 para llegar 17 minutos después a la Joya.
En esta estación que queda a mitad de camino y donde se ve alguna vegetación, llegamos a las 3:37, habiendo recorrido desde Huagri 17 kilómetros y desde Mollendo 87; queda a 1,262 metros de altitud, o sea 188 metros sobre el paradero anterior. Se ve hacinamientos de carbón de piedra a ambos lados de un desvío de la línea; dos o tres chocitas seguidas y algunos árboles. Frente a la estación unas cuantas cruces enclavadas en el suelo, denuncian el pobre cementerio.
A las 3:49 salimos de la Joya, para atravesar nuevamente interminables pampas. A poco se ve, a la izquierda de la vía, un médano aislado, y más adelante otros más bajos a ambos lados, de arena blanquecina. El sol cada vez más insoportable, y el fino polvillo no deja de colarse por entre los resquicios de los ventanillos y balcones de los carros, no obstante de hallarse corridos cristales y celosías. Poco antes de llegar a San José dejamos por un momento aquellas inclementes pampas entrando a terreno algo desigual y quijarroso mezclado con tierra dura, para volver a pasar por llanuras idénticas a las anteriores, si bien de piso más duro, que alterna con algunos médanos.
Veintitrés minutos después paramos en San José, esto es a las 4 en punto. Habíamos recorrido 16 kilómetros en 20 minutos. San José es un simple paradero con garita para el guarda. Tiene pequeño huerto y algunas aves de corral; dista de Mollendo 103 km. y se halla a 1,478 metros de altitud y a 216 metros sobre la Joya.
Solo un minuto se detiene el tren en este paradero, continuando su marcha a Ramal a través de pampas como las ya pasadas, en las que se observan montículos de arena a ambos lados. El astro rey se muestra cada vez más ardoroso, y hace destacar imponente al majestuoso Misti, a la derecha, con sus picos nevados. El panorama que se presenta a la vista del viajero es espléndido, digno de ser copiado al natural por el pincel de un Montero o de un Merino. La locomotora avanza intrépida por entre los contrafuertes de la cordillera, a donde parece fuera a estrellarse; dejando a poco, hacia atrás, por las vueltas de la vía, los cerros nevados que forman aquella.
A las 4:18 se llega a Ramal, simple paradero en media pampa, con casuchas de cañas a ambos lados, donde habitan arrieros. Se observan algunos mulos y aves domésticas.
Ocho minutos después, a las 4:26, se llega a Vitor, que se encuentra a 1,630 metros sobre el nivel del mar, a 19 kilómetros de San José y a 122 km. de Mollendo. Aquí toma agua la máquina. Vitor es caserío, con «Gran Hotel» frente a la estación, casitas de caña con embarrado, arbustos y hasta jardines. Muchos vendedores de uno y otro sexo ofrecen a los viajeros picantes, chicha, pasteles de yuca, guayabas, naranjas y otras frutas, todo barato. Las mujeres tienen un sonsonete que hace gracia a los que las escuchan por primera vez, y con sus sencillos trajes y grandes sombreros de paja ordinaria se atraen simpatías.
Salimos de Vitor a las 4.34 sobre terreno duro y cerros de granito cortados. Veinte minutos después se ve ya el río Chili que con poquísima agua corre por profunda y estrecha quebrada. Desde el tren se divisa al frente el Misti, que se destaca imponente con su nevada cima, entre los picos también nevados del Chachani a la izquierda y del Pichu-Pichu a la derecha.
Paramos en Quishuarani a las 5 en punto. Dista de Vitor 13 kilómetros empleando en recorrerlos 26 minutos, y de Mollendo 136 kilómetros. Se halla a 1,866 metros sobre el nivel del mar. En este paradero en que por toda vegetación solo vimos unos cuantos geranios, guayabos, higueras y caña brava, los muchachos asaltan el convoy y recorren los carros vendiendo canastillas con guayabas y naranjas.
A las 5:01 seguimos viaje, contemplando ocho minutos después el Chili que se desliza a la izquierda por profundísima quebrada. Más adelante hay otro paso a nivel, perdiendo de vista el río a las 5:25 para entrar nuevamente a campos de arena. Cinco minutos después volvemos a ver el Chili, allá, muy abajo, siempre a la izquierda, en cuyas vegas hay unas pocas reses pastando.
Llegamos a Uchumayo a las 5:35, cuando el sol comenzaba ya a ocultarse. Este pueblo de pastores, que queda a la derecha del río, está a 1,965 metros sobre el nivel del mar; a 16 kilómetros de Quishuarani, que se recorren en 34 minutos, y a 151 km. de Mollendo. Tiene casas de sillar y caña y pequeña iglesia. Algunos muchachos ofrecen atados de caña dulce. Criaturas y burros es lo más que se ve. No usa zapatos la mayoría de aquellos zarrapastrosos. El tren demora aquí cinco minutos para que tome agua la máquina, y aunque tuvimos tiempo para bajar, no lo hicimos por estar conversando con el señor Manuel Ugarteche, director-gerente de la Sociedad Eléctrica de Arequipa, limitada, que viajaba con nosotros desde Mollendo; sin embargo, desde la ventanilla observamos que la campiña era más amplia, y que habían ranchos a ambos lados de la vía férrea. Algunos se quejaban de frío. Nosotros no lo sentíamos.
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Nota: El Señor Manuel Ugarteche Jiménez (*Arequipa, 22 de mayo de 1878 - + Lima 2 de abril de 1943), fue también ministro de Estado en el despacho de Hacienda bajo el segundo gobierno de Óscar R. Benavides y llegó a presidir el gabinete ministerial en las postrimerías de dicho régimen (1939).
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A las 5:40 salimos del pueblo histórico de Uchumayo. Se nota la campiña bien cultivada y aprovechada, viéndose algunos pastorcillos que cuidan sus rebaños de vacas y cabras. A las 5:50 se pasa un viaducto y dos minutos después se llega a Huaico.
En este lugar donde los señores Forga e hijos, han implantado magnífica fábrica de tejidos, se principia ya a ver gente bien vestida, frailes y soldados. El tren demora 12 minutos en recorrer tan solo cinco kilómetros que separan Uchumayo de Huaico, con un desnivel de 30 metros; pues Huaico está a 1,995 metros de altura y a 156 km. de Mollendo.
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Nota: El señor José Miguel Manuel Forga Selinger, nació el 26 de mayo de 1868 en la ciudad de Arequipa. Sus padres fueron: el catalán Miguel Forga Barnach (que fundase la fábrica de tejidos en El Huayco el 30 de enero de 1897) y Juliana Selinger. Fue también alcalde de Arequipa de 1924 a 1925.
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Solo dos minutos demora aquí el convoy, de donde sale a las 5:54, por buen camino llano. El valle se ensancha, y siete minutos después, a las 6:01, se detiene el tren en la estación de la pintoresca población de Tiabaya, uno de los lugares favoritos de las hermosas arequipeñas para sus alegres paseos campestres a caballo.
Tiabaya dista cuatro kilómetros de Huaico, 160 de Mollendo, y está a 2,057 metros sobre el nivel del mar. En esta bonita población la vista del viajero se recrea contemplando la belleza y elegancia de las da- mas que toman el tren, de vuelta sin duda de un día de campo pasado alegremente en sus pintorescos huertos y jardines.
A las 6:03 salimos de Tiabaya, llegando a Tingo a las 6:43, otro bello lugar de campo, que comparte con aquel el favoritismo de las simpáticas mistianas. Tingo se halla a 2,217 metros de altitud; dista de Tiabaya ocho kilómetros y de Mollendo 168 km. Habíamos ascendido 160 metros.
Ya entrada la noche, a las 7:02, llegamos a Arequipa, la segunda ciudad de la República, cuna de grandes hombres, de crecida población y de sociedad culta y atrayente. Se halla a 2,301 metros sobre el nivel del mar; dista de Tingo poco más de tres kilómetros y 172 de Mollendo.
Al llegar a Arequipa, que tiene estación de fierro, probablemente la mejor del Perú, carros del tranvía urbano halados por mulas esperan a los viajeros, que los conducen desde el lugar apartado en que se halla, hasta algunos de los buenos hoteles con que cuenta. Nos alojamos en el «Royal», situado en la primera cuadra de Mercaderes, a unos cuarenta metros de la plaza principal. Es hotel decente, bien servido y la pensión módica: tres soles diarios por desayuno, almuerzo, comida y cena. En el «Central», otro hotel, que queda en la calle siguiente, se cobra lo mismo. Hay, además. el de Morosini y Parodi, situado en el portal «9 de diciembre», donde se come muy bien, el Internacional y otros más de segundo orden.
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El Portal de San Agustín alrededor de 1910.
Fotografía coloreada digitalmente que muestra a la Calle Mercaderes en su segunda cuadra, donde se puede ver al Hotel Central, y al fondo la basílica catedral de Arequipa aún con sus torres inconclusas, en 1898.
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Nota: Al mencionar el Portal 9 de diciembre, para la época con el cambio de nomenclatura instaurada en 1888, este fue el nombre del Portal de San Agustín. Esta nomenclatura se derogó en 1895. Pero al parecer este nombre aún se consideraba en 1910 que es cuando Carlos J. Bachmann realizó su viaje a la ciudad de Arequipa.
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Fotografía del tren llegando a Tingo, inicios del siglo XX.
Fotografía coloreada digitalmente que muestra a la estación del ferrocarril en Arequipa, en 1915.
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Julio 4.
Once días permanecimos en esta ciudad simpática, ocupados en despachar la gente que venía con la comisión. En los ratos que nuestras ocupaciones nos lo permitían salíamos a pasear por calles y plazas visitando los principales edificios y pueblos de los alrededores. La ciudad es grande, limpia; solo la afea y deshigieniza las acequias descubiertas que se ve en casi todas las calles, por donde discurren los desperdicios de las casas, infestando la atmósfera con los mal olientes vapores que de ellas emanan. La plaza principal es grande, bonita, con jardines cubiertos de césped y plantas bajas con gran número de bancas; solo le hace falta al centro una pila o algún monumento, está bien alumbrada con focos eléctricos de arco, que es la luz que se emplea en toda la población. Su pavimento es de loza artificial.
El Hospital Goyeneche con su bellísima capilla de estilo gótico, es uno de los mejores que hay en el Perú, y hasta puede rivalizar con cualquiera de los de Sud América. Lleva el nombre de esa familia ilustre, a cuya generosidad se debe tan hermoso como confortable edificio, construido todo de piedra y provisto de los elementos más modernos que la ciencia médica exige y cuyo costo se estima en más de un millón de soles. El local del «Club de Arequipa» está muy arreglado: es el centro de reunión de la juventud aristocrática. Dos puentes principales existen sobre el Chili: el Grau y el Bolognesi.
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Nota: La inauguración oficial del Hospital Goyeneche, fue durante la mañana del11 de febrero de 1912.
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La campiña es atrayente y muy pintoresca. El plano de la ciudad no es llano: a cada rato hay que subir y bajar. Las manzanas más o menos como las de Lima son cuadradas y las calles siguen líneas rectas. Tiene bonitas residencias particulares, algunas con jardines exteriores con enrejado. Todas las casas son de piedra sillar y los techos abovedados; pues como Arequipa está muy expuesta a frecuentes y fuertes temblores, parece que esas construcciones, con tal material y en tal forma, resisten mejor los movimientos sísmicos.
La prefectura, subprefectura y corte superior quedan en la segunda calle de San Francisco, la municipalidad en el portal «28 de julio». La plaza principal está limitada por la catedral y tres portales; éstos se llamaban antes: el de la derecha a la catedral de «San Agustín», el del frente «Carceletas» y el de la izquierda de «Flores». Hoy se les ha cambiado los nombres por los de «9 de diciembre», «28 de julio» y «6 de agosto» respectivamente. Hay sucursales de todos los bancos de Lima, instalados en locales centrales y cómodos, y buenas y respetables casas comerciales nacionales y extranjeras; pero el comercio por menor está en manos de turcos.
Chinos y negros no hay en Arequipa y si los hay es en tan reducidísimo número, que no se advierten. El teatrito «Fénix» que está en la segunda calle de Santo Domingo, es muy modesto; no se halla a la altura de la belleza y elegancia que distingue al bello sexo que a él concurre a funciones de gala, aunque también es cierto que en Lima no hay nada que pueda llamarse propiamente teatro.
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Nota: En 1825 se formó una sociedad de los caballeros mas pudientes de Arequipa, para llevar fondos para la construcción de un Teatro. Pero según el arquitecto René Muñiz Rodríguez: La Historia del Teatro Fénix se remonta a los primeros años del siglo XIX, los albores de nuestra República, y es sin lugar a dudas el primer Teatro que tuvo Arequipa.
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La idiosincrasia de sus moradores se revela por los numerosos templos que posee, así como por los establecimientos en que predomina: boticas, zapaterías y chicherías. La gente decente rinde culto fervoroso a las prácticas religiosas, como lo demuestra el tañido de las campanas de las iglesias que no cesan de fastidiar mañana y noche con sus monótonos sonidos a los recién llegados.
Aunque el clima es bueno y extremadamente seco, se siente en verano calor fuerte durante el día y en las noches frío muy regular y hasta intenso a veces, produciendo estos cambios bruscos y diarios de temperatura resfriados y hasta pulmonías, que hacen muy frecuentadas las boticas y el que éstas se multipliquen por el negocio que producen.
La mujer arequipeña que habita en la ciudad, de cualquier clase social que sea, parece que objetivan el sumum de su elegancia en el calzado. Raro es ver en las calles alguna que no lleve botas o zapatos nuevos y perfectamente bien hechos, pues los zapateros mistianos trabajan con tal esmero, que hacen verdadera competencia al similar extranjero, no obstante de que el precio a que expenden el artículo es relativamente subido.
La gente del pueblo, especialmente la de la campiña, es muy aficionada a los picantes y a la chicha. Solo así se explica que existan más de dos mil chicherías, las que se ven muy frecuentadas diariamente desde las dos de la tarde que es la hora de lo que llaman piqueo, práctica establecida que solo se cobre veinte centavos por un gran vaso de rica chicha de jora, siendo gratis dos o tres platos de bien condimentados picantes. Como éstos se sirven en pequeña cantidad y son tan apetitosos, sucede con frecuencia, al menos a los foráneos que piden repetición de los mismos, verse rodeados de tres o cuatro vasos llenos, pues como no se cobra por picantes, es forzoso servir junto con cada tanda de platos un nuevo vasón de chicha, que da derecho a cobrar veinte centavos por cada repetición.
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Nota: Como se puede apreciar la picantería arequipeña siempre estuvo presente, lo que Carlos J. Bachmann llama "piqueo" no es otra cosa que nuestro "jayarí" , el gran vasón nuestro arequipeñísimo "Caporal" y la chicha de jora, nuestra chicha de guiñapo.
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La Catedral, que ocupa todo un lado de la plaza, tiene dos torres, una de ellas con reloj. Una verja de fierro circunda el atrio. El edificio es de sillar como casi todas las construcciones de Arequipa y para llegar al atrio hay que subir algunas gradas de piedra. Es severa, espaciosa y sencilla. En el altar mayor que queda en alto, se ve al centro, en esqueleto, el tabernáculo que es cilíndrico, todo dorado, y como de cuatro metros de altura. Tiene tres naves, techos elevados y en bóveda, sostenidos por anchas columnas de sillar admirablemente estucadas; piso de mármol. Tras del altar mayor, y en semicírculo, se ve, de tamaño mas grande que el natural, estatuas representativas de los doce apóstoles.
Lo que más llamó nuestra atención fue el púlpito, que está también aislado, tallado en fina madera de una sola pieza. Es soberbio; dudamos haya en Lima otro mejor. A la hora que la visitamos se decía misa en uno de los altares laterales de la derecha, la que era oída por escasísima concurrencia, sin duda por ser día de trabajo, jueves 7 de julio. Los muchachos que coreaban la misa, chillaban como si estuvieran repasando la lección en la escuela. ¡Qué voces tan destempladas! Nos produjeron desagradable efecto.
Púlpito de la Catedral de Arequipa en 1920. Antigua Postal de los Hnos. Vargas.
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Nota: Fue el 25 de noviembre de 1879 en plena guerra con Chile, que llegó proveniente de Francia al puerto de Mollendo, el Púlpito para la catedral de Arequipa. El hermoso trabajo en madera, es obra del artista francés Charles Buisine-Rigot.
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Los habitantes de esta simpática ciudad de cielo perpetuamente despejado, gozan de fama merecida de cultos e intelectuales. De su Universidad una de las más renombradas de las menores de la República, han salido talentos que han honrado los cargos más conspicuos en los tres poderes de la nación. En su ateneo, figuran hombres de valer literario; en su prensa, nótese el empuje que en los últimos años le han dado los propietarios y directores de sus tres diarios: «La Bolsa», sub-decano del periodismo nacional; «El Deber», clerical, y «El Pueblo», que tiene ya seis años de vida, y que se da el lujo de imprimirse en Marinoni, primera máquina de esta clase que se implanta fuera de Lima. Su material de lectura, sus noticias telegráficas de todas partes del mundo, su formato y sus ilustraciones, todo revela en esos diarios acertada dirección y progreso. Publícanse, además, ocho a diez periódicos semanales, quincenales o mensuales.
Mucho ha progresado Arequipa en los últimos años; y en la actualidad se ocupa con empeño su municipio en tres mejoras de indiscutible necesidad: la construcción de un mercado, la canalización de la ciudad y la electrización del actual tranvía de sangre. Era, en verdad, de llamar la atención, que Mollendo, Puno y otras poblaciones de no tanta importancia como Arequipa, poseyeran recobas más o menos decentes y adecuadas. Hoy se emplea como tal un vasto campo, en uno de los extramuros, donde los vendedores de comestibles y toda otra clase de mercancías, instalan en confuso hacinamiento toldos sostenidos por cañas, bajo los cuales, en el suelo, acomodan sus artículos; solo una sección pequeña de carniceras, pescadoras y algunas otras expendedoras de ciertos comestibles, gozan de la comodidad de mesas, aunque inadecuadas para estos usos, desde que no cuentan con agua para la limpieza diaria de las mismas.
Como este pobre mercado llamado de San Camilo, carece de techo y de agua potable para la debida higiene, el aseo deja muchísimo que desear. Felizmente, como hemos dicho, su Concejo Provincial se preocupa desde ha cuatro años en la construcción de un edificio confortable y decente; y solo el subido costo de la obra ha podido retardarla hasta hoy, en que ya se ha conseguido un contratista que la ejecute por 335,000 soles.
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Nota: Fue recién el 13 de noviembre de 1913, que terminada la obra de la parte del edificio del Mercado San Camilo, se hizo la traslación de los puestos de venta, que durante muchos años se encontraban en diversas calles de la ciudad, al nuevo local.
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La canalización de la ciudad era otra obra que la higiene reclamaba a gritos, la que junto con la del aumento del agua potable que hoy viene de Yumina, está presupuestada en más de un millón de soles. Por último, la electrización del tranvía es medida que ha de contribuir en mucho al progreso y adelanto de la ciudad; pues con las líneas existentes y las que se proyectan a Miraflores, Tingo, Tiabaya, Yanahuara, Caima, Paucarpata y Jesús, la red de ferrocarril urbano e interurbano alcanzará gran extensión y el tráfico constante y rápido entre esos atrayentes pueblos y la capital, será factor poderoso para el desarrollo de unos y otra.
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Visitamos otro día el Observatorio Astronómico de Harvard, situado en las faldas del Misti, en el lugar llamado Carmen Alto. Fuimos a caballo, pues está algo apartado de la ciudad. Uno de los jefes, amable americano que apenas habla español, tuvo la bondad de pasearnos todo el edificio, cuya instalación admiramos. Posee grandes telescopios fotográficos, que nos permitieron contemplar a distancia muy reducida el sol, la luna y algunas estrellas; un sismógrafo registrador de temblores locales de sistema distinto a los tres que posee la Sociedad Geográfica de Lima en los parques de la Exposición; termómetros registradores de máxima y mínima, barómetros, pluviómetros, aneroides, veletas, ozonómetros, anemómetros. cuanto instrumento requiere un Observatorio científico de primer orden como el que nos ocupa, único de su especie que existe en el Perú.
De regreso del Observatorio visitamos la hermosa quinta del coronel Francisco Ramos Pacheco, situada cerca de aquel, también en terrenos del Carmen Alto, que es el nombre del fundo, propiedad de dicho coronel tan conocido y apreciado en Arequipa, su ciudad natal, donde ha ocupado los más altos puestos administrativos, como en Lima, donde por tantos años ha residido, representando como senador y diputado a su departamento o a algunas de sus provincias.
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Nota: La Quinta del Coronel Ramos Pacheco ha sobrevivido al tiempo y todavía se puede apreciar en la actualidad.
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Nos recibió el coronel con la amabilidad que le es ingénita, y no obstante de hallarse no muy bien de salud, se prestó con mucho agrado a pasearnos su hermosa y bien tenida quinta. Desde la terraza se abarca con la mirada casi toda la linda campiña de Arequipa; el panorama es espléndido, magnífico. Hacia el Sur, a corta distancia, y un poco más elevado que el punto en que nos hallábamos, queda el Observatorio. Hacia la izquierda el caserío de Acequia Alta, y más allá la Tomilla y el Cerro Colorado. Sigue después Caima, del que se destacan las torres amarillas de su iglesia. Caima quiere decir: aquí no mas párate, y respecto a este nombre corre una tradición. Viene en seguida, siempre a la izquierda, Cerro Vicente, con caserío; luego Pachacutec, más atrás, con su iglesia de una sola torre; el pueblecito llamado Señor de la Caña, del que se divisa también una torre pintada igualmente de amarillo; luego Tiabaya con sus alegres huertas y jardines; después Sachaca, pueblo en el que está el gran fundo de la familia Goyeneche, de 300 topos; siendo el más grande de todo el valle otro fundo de la misma familia llama- do Huasacachi, que tiene como 400 topos; en seguida el pintoresco y alegre Tingo, que como Tiabaya es lugar veraniego, de recreo y de baños. Más a la izquierda queda el panteón o apacheta de Arequipa, al fondo del caserío nombrado San José; el histórico pueblo de Socabaya; Sabandía, lugar de baños; Paucarpata, Characato, hacia abajo, en las faldas, lugarcito lleno de atractivos, y más arriba los baños de Jesús, al pie del Pichu-Pichu, donde quedan asimismo las canteras de las que se ha extraído todo el material para las construcciones.
Nos muestra también el coronel Ramos Pacheco, desde su espléndido mirador, la quebrada de Chilina por donde desagua el Chili; el riachuelo Charcani, que sale detrás del Observatorio Astronómico, donde está la fábrica de luz eléctrica. Al pie del Misti y no muy lejos de la quinta, se ve precioso chalet en medio de campo de verdura que presenta hermosa vista. Este chalet fue construido primitivamente por un señor Velazco a quien lo compró don Agustín Tovar, reformándolo. Después volvió a adquirirlo su antiguo dueño, quien lo donó a su muerte a la Beneficencia de Arequipa.
El coronel vive allí como en un paraíso, rodeado de comodidades, y cuando los recuerdos de pasadas épocas o las contrariedades mundanas, acongojan su espíritu, sube a la terraza de su bien situada quinta, desvaneciéndose su aburrimiento con la contemplación de tan precioso panorama. El fundo, cuyos sólidos muros de sillar tienen más de un metro de ancho, y que queda como cien metros más alto que la ciudad, está bien tenido: su temperamento es admirable. Predominan entre los árboles y arbustos el sauce y el eucaliptus, es- tos últimos llevados y plantados por él personalmente, conocedor de sus benéficas propiedades. Hay también profusión de hermosos rosales.
Departimos amigablemente con el coronel, evocando gratísimos recuerdos de Lima, y de los tantos buenos amigos con que aquí cuenta; y al cabo de una hora en que abusamos de su galantería, nos despedimos con pena de tan simpática como agradable compañía, agradeciéndole sus atenciones.
Al recorrer en otra ocasión algunos de los pueblecitos que como un cinturón rodean a Arequipa, visitamos en Miraflores la iglesia de San Antonio, que es sencilla y bonita Al penetrar el templo nos rodea gran chiquillería que se apresura ha ofrecérsenos para cuidar nuestros caballos. La capilla de la Concepción, en Azángaro, caserío que pertenece a este distrito, se halla en construcción. Como en todos los pequeños pueblos que conocimos, la gente es muy bondadosa, y en sus múltiples chicherías se ve a las mujeres del lugar, algunas de rostro simpático, que con la mayor galantería nos invitan a probar sus picantes y su tónica chicha. En Yanahuara visitamos también su iglesia por el estilo de la de Miraflores; si mal no recordamos se llama San Vicente. Aquí almorzamos en un pequeño huerto de propiedad de un limeño llamado Galindo, quien nos trató muy amablemente. Por el aspecto bonito y alegre del lugar y por la glorieta campestre en que se nos sirvió el excelente almuerzo, antojábasenos estar en el barrio del Cercado en Lima. El clima de Yanahuara es mejor que el de Arequipa; los habitantes son exclusivamente del pueblo; las calles estrechísimas y de piso perverso y desigual.
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Nota: Es curioso que Carlos J. Bachmann confundiese El Templo de San Juan Bautista de Yanahuara, con la humilde capilla del Cerrito San Vicente también en Yanahuara.
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La provincia de Arequipa consta de veinte distritos, algunos de los cuales deberían suprimirse, pues no hay entre muchos de ellos y la ciudad, solución alguna de continuidad. Se pasa inadvertidamente de esta a aquellos, notándose solo la diferencia por sus callejuelas descuidadas, desiguales y estrechas, en las que abundan tenduchas, chicherías y despachos de licores; por su terreno polvoriento y lleno de baches; por lo desmantelado de sus casuchas donde solo habita gente pobre y por la chiquillería harapienta y bulliciosa que discurre por esa especie de callejones tortuosos que sirven de vía pública. Diríase que solo fin político ha guiado la división territorial de esta importante provincia, pues quizá la mente de quienes iniciaron la creación de nuevos distritos, fue fraccionarla más tarde, cuando determinados intereses políticos así lo aconsejaran, a fin de contar con mayor número de representantes en la Cámara de Diputados.
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DE AREQUIPA A PUNO
(352 kilómetros)
Julio 15 (viernes).
Después de once días trascurridos en la bella ciudad del Misti, y que aprovechamos lo más que nos fue posible para tomar algunos apuntes para nuestro diario de viaje, el Comisionado del Gobierno creyó conveniente enviarnos a Puno en comisión, a fin de arreglar allí personalmente, en nuestro carácter de secretario, con el prefecto señor Anselmo Huapaya, y tesorero departamental señor Peñarrieta, las cuentas de la guarnición del Madre de Dios, forma de pago en lo sucesivo, y demás asuntos económicos relacionados con la delicada y laboriosa misión que nos llevaba a las montañas orientales del Perú.
Partimos a las 7:10 de la mañana, llegando a Yura alas 8:05. La estación de Yura queda a 29 kilómetros de Arequipa y a 2575 metros sobre el nivel del mar, es decir habíamos subido 274 metros en 53 minutos. Los baños, que son muy concurridos, están lejos, a un kilómetro de la estación. En el andén se ve aglomeración de gente de toda nacionalidad que acude a esperar el tren que acaso les lleva noticias de sus familias a ese apartado lugar, donde hánse visto obligados a ocurrir en busca de remedio para sus dolencias en las termas maravillosas de ese balneario. Se cuentan curaciones admirables: hay varios pozos de aguas ferruginosas, sulfurosas y alcalina, sumamente benéficas para el estómago y enfermedades de la piel. Su fama. es casi universal y su acción tan segura como las de Carlsbad, en Austria. Algunos naturalistas y químicos, entre ellos el ilustre Raimondi, han hecho análisis de sus aguas, que prueban sus grandes virtudes medicinales.
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Nota: Carlsbad ó Karlovy Vary en checo, es una ciudad balneario en el oeste de la hoy República Checa, ubicada en la confluencia de los ríos Teplá y Ohře. Karlovy Vary es uno de los balnearios más famosos y tradicionales del mundo.
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A las 8:35, dejando atrás la hacienda Uyrupampa, propiedad del señor Guillermo Buitrón, paramos en Quiscos, que está a 46 kilómetros de Arequipa ya 3,052 metros sobre el nivel del mar. En media hora habíamos subido 477 metros.
Veintidós minutos después, esto es, alas 8:57, pasamos por Airampal y a las 10 a. m. nos detuvimos en Pampa de Arrieros, que queda a 71 kilómetros de Arequipa y a 3,749 metros sobre el nivel del mar. Hay túnel entre Airampal y Pampa de Arrieros. Aquí almorzamos en 20 minutos, pues el conductor del tren no da mayor tiempo. La rapidez con que ha y que desempeñar esta importantísima e indispensable función estomacal, no permite reparar en los alimentos ni mucho menos saborearlos: todo se hace allí con la velocidad del rayo. Son tres o cuatro platos los que se sirven, que tiene uno que engullirlos más que de prisa; ni tiempo hay para tomar el café. A los 20 minutos justos la locomotora hace chillar su sirena y el que no llega pronto se queda, sin más remedio. Los sirvientes son activos, sin embargo; el servicio aceptable, el comedor decente; no puede exigirse más en ese lugar cuyo nombre “Pampa de Arrieros” nos parece muy justificado. Un sol pagamos cada comensal, sin vino desde luego, por esa rápida alimentación, y a las 10:22 partimos.
Vemos aún y rodeamos el Charchani, Misti y Pichu-Pichu; divisamos la cordillera nevada que va a Cailloma; así como la de Ubinas. Después vemos, a la derecha, la Pampa del Confital, inmensa. Al llegar a Cañagua presentan hermosísima vista esas tres moles nevadas que se yerguen imponentes, confinando la vasta y verdosa pampa.
Llegamos a Cañaguas a las 11:08. Dista de Arequipa 93 kilómetros; 2 2 de Pampa de Arrieros, y se halla a 4,078 metros sobre el nivel del mar. Un cuarto de hora después de la partida de este punto, se ve ya con gelaciones de hielo (continuamos viendo los tres nevados) y 26 minutos más tarde, o sea a las 1149 nos detuvimos en Sumbay que queda a 113 kilómetros de Arequipa, a 21 de Cañaguas y a 4,127 metros sobre el nivel del mar. Estábamos, pues, 378 metros más alto que en Pampa de Arrieros. A poco de salir de Sumbay dejamos de ver los tres nevados, para contemplar en cambio, a la izquierda, los de Cailloma y Lampa. A cada rato se ven vicuñas, llamas y alpacas. Abundan también las huayatas, aves que en grandes tropas vimos después en las márgenes del Cabanillas.
Pasamos sin parar por Puca-Cancha, llegando a las 12:21 a Vincocaya, situado a 4,377 metros sobre el nivel del mar, a 154 kilómetros de Arequipa y a 41 de Sumbay. En 32 minutos habíamos subido casi 250 metros.
A la 1:05 paramos en Crucero Alto, que viene a ser el punto más elevado de la línea y la mitad del camino entre Arequipa y Puno. Crucero Alto está a 4,470 metros de altura, a 187 kilómetros de Arequipa y a 33 de Vincocaya. Alas 2:10 se ve hermosa laguna con chocita de indios.
Nos acercamos al paraje más seductor del camino llamado Lagunillas, nombre que queda justificado por las lagunas que se admiran a ambos lados. Poco antes de llegar a la estación, hacia la derecha, en medio de un cerro, se destaca una cruz, y a la izquierda gran laguna con islita al centro, y otra mayor más allá, de tranquilas aguas azules, con imperceptibles olitas, que el tren rodea por algunos minutos; a su contorno hay otras más pequeñas, donde pasta poco ganado. A las 2:23 se detuvo el convoy. Continuando, hallamos a la derecha chozas y a la izquierda otra laguna más regular, tan grande como la anterior y bellísima, circundada de nevados cerros. Algunos patillos alegran con sus vuelos la quietud de sus aguas. El tren rodea también esta laguna por pocos minutos, pero por sus orillas, en tanto que en la otra lo hace por los elevados cerros de su contorno. De esta sale el río Cabanillas, cuya margen izquierda sigue el convoy hasta llegar a Santa Lucía.
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