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La Carroza de la Inmaculada Concepción


La católica ciudad de Arequipa que se distinguió siempre por su piedad y religiosidad acendradas cifró una de sus preciadas glorias al rendir culto especial a la inmaculada concepción de María, por eso no sólo el ayuntamiento la nombró la patrona de está ciudad sino que hizo voto de defender su pureza virginal.

La fiesta de la Inmaculada Concepción es una festividad religiosa mundial, pero que presenta una interesante manera de celebración dentro del departamento de Arequipa, en específico en las zonas de Arequipa (ciudad), Chuquibamba y Cayma donde es llamada “Mamita Conchita” desde la aparición de la primera estatua allá por el siglo XVIII cuando fuera traída por un grupo de soldados españoles y dejada en el lugar a pedido de los habitantes de Chuquibamba. La fiesta es importante por el número de feligreses que congrega, así como también, por poder apreciar en ella la asimilación de una tradición occidental en un pueblo con influencias andinas.

Como toda fiesta de la Inmaculada Concepción, esta se celebra en el mes de Diciembre, en el día 8. Es la fiesta de la Virgen Inmaculada, cuya efigie se encuentra localizada en el Templo de San Francisco, donde se hallan un total de 2 estatuas de esta representación mariana.

La primera, que es la más antigua y data de 1912 , era la que anteriormente salía en procesión en su festividad, actualmente sus recorridos son menores, pero quien la observa puede apreciar en ella la belleza que ostenta y el servilismo y fidelidad de los franciscanos (santos y frailes) que se hallan inmortalizados a los pies de la Santa Madre en señal de devoción de la que fuera la patrona de su Orden y de la cual nos ocuparemos  más adelante.

La otra imagen de la Inmaculada Concepción que se encuentra en este Templo es conocida también como La Purísima y, en la actualidad, se localiza en el altar mayor del Templo de San Francisco.


El Monumento
Fuente: Artículo ; De Arte Cristiano , obra notable  (Ilustración Peruana). 1912


La Novena

Diario El Deber 29 de noviembre de 1912


La Bendición 

Los talentos más distinguidos hicieron cosa igual, tanto que los socios de número que componían la Academia Lauretana, para pertenecer a ella, debían como condición indispensable ser por notoriedad de buena vida y costumbres y jurar la defensa de la Religión Católica, Apostólica y romana , del Misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Año en pos de año se ha celebrado con pompa especial tan consolado misterio; pero sin pecar de exagerados fue en el año de 1912 que se realizó con gran ponderación. Gran algarabía y entusiasmo produjo a la población la presentación del monumento que inmortalizara a este misterio.

La bendición del monumento se produjo en la tarde del 7 de diciembre de 1912 en el templo de San Francisco, (víspera de la fiesta de la inmaculada Concepción),  con verdadera suntuosidad, la ceremonia de la bendición del artístico monumento dedicado a la Virgen Purísima, con el ceremonial litúrgico episcopal, que estuvo a cargo del Rmo. Diocesano , Monseñor Fray Mariano Holguín, que tuvo como presbítero asistente al Iltmo Chantre Monseñor Manuel N. Silva y como gremiales a los canónigos señores Dionisio Berrenechea y al Dr. Eliodoro R. Farfán. Fueron padrinos de la bendición el Excelentísimo presidente de la República señor Guillermo E. Billinghurst, representado por el prefecto del departamento señor Guzmán Luna Iglesias y la distinguida esposa de S. E. Señora Emilia R. de Billinghurst, representada por la señora Carmen Aguirre Polar.

Asistieron los miembros del V. Cabildo Eclesiástico, el Alcalde municipal señor J. E. Eduardo Harmsen, el general señor Pedro A. Diez Canseco, los círculos de la Inmaculada de señoras y caballeros, muchos otros señores, las comunidades religiosas y gran número de fieles , viéndose la nave principal en inusitado movimiento , como si se tratase de una verdadera romería.

A partir de 1912 se viene realizando el culto a la carroza de la inmaculada concepción en el Templo de San Francisco.

Monseñor Fray Mariano Holguín


Fuente: Diario el Deber 7 y 8 de diciembre de 1912.








La máquina “José Pardo" en Arequipa

Máquina "José Pardo”, construida en los talleres de la Maestranza de Arequipa.

De las manifestaciones i agasajos con que las colectividades del sur recibieron la visita de S. E. el Presidente Dr. Pardo, ninguno tiene, tal vez, mayor importancia que la dedicación que los obreros de la maestranza de los Ferrocarriles de Arequipa, le hicieron de una locomotora monstruosa construida en esos talleres. I lo estimamos así, porque ninguno de los actos de adhesión de que se hizo objeto al Presidente ha revestido mayores caracteres de espontaneidad i de significación política.

Cuando S.E. llegó al local de la maestranza acompañado de su comitiva i de las autoridades, una ola de entusiasmo i de alegría invadió todos los talleres i las aclamaciones más ardorosas se mezclaron con el asordante ruido causado por millares de cohetes que estallaban al par de la simpatía inspirada por el joven mandatario.


El Presidente recorrió los diversos talleres, en el primero de los cuales recibió, con un apropiado discurso, de manos del jefe de la sección de carpintería, don Manuel Maldonado, el diploma i la medalla que lo constituyen como presidente honorario de la sociedad fraternal de obreros del ferrocarril.

En cada departamento las colosales máquinas que los forman habían sido adornadas con cintas de los colores nacionales i en los volantes i en los ejes giratorios se había atado paquetes de cohetecillos que, encendidos al tiempo de ponerse las máquinas en movimiento, llenaban el aire de chispas i de traques.

Al llegar a la tornamesa en que se ostentaba la estupenda locomotora bautizada con el nombre de José Pardo, la con­currencia era tan compacta i el entusiasmo de los seiscien­tos operarios de la maestran­za tan desbordante, que el tránsito se hacía.casi imposi­ble.



Allí un obrero modesto, pero de gran corazón, Mariano Núñez, dirigió la palabra á S. E., desde el ténder, haciendo cari­ñosas remembranzas del notable estadista don Manuel Par­do, muy atinadas observacio­nes patrióticas i elogiando la obra que, al ser ofrecida al jefe del estado, como prenda de adhesión i de afecto, demos­traba el grado de progreso que han alcanzado los talleres del ferrocarril i la entidad de las manufacturas que allí pueden llevarse á cabo i que son honra para el país. S. E. agradeció en frases elocuentes, el obsequio de que se le hacía objeto, estrechó la mano á Núñez é hizo lo mismo con el operario Manrique, joven de 24 años, que ha sido el constructor de la locomotora, i á quien dijo con fina galantería: “esta máquina debía llevar el nombre de usted con más justicia i con mayor razón que el mío.” En seguida el Presidente bautizó la locomotora rompiendo sobre la trompa una botella de champagne. Una aclamación unánime dió término al acto oficial.






Como dato curioso hay que tener en cuenta que los obreros del ferrocarril de Arequipa pertenecían, casi en su totalidad, al partido liberal que dos años atrás formó alianza con el demócrata, i que seducidos por el espíritu progresista del jefe del estado han querido adherirse á su política haciéndole esa elocuente manifesta­ción. La locomotora bautizada con el nombre de“José Pardo” es una máquina colosal, construida en la factoría del ferrocarril desde las ruedas á la chimenea i de la trompa has­ta el ténder. Las únicas piezas que no se fabrican en Arequi­pa son las llantas de las rue­das, no por falta de elementos, sino porque la presión atmos­férica es escasa (7,500 pies so­bre el nivel del mar) no permi­te dar el temple necesario al acero, que estalla en pedazos.



Fuente:

Revista Ilustrada Actualidades , Noviembre de 1905.
Nota: el artículo está transcrito conforme a la manera de escribir de la época, ya que la  "i " se utilizaba como la actual "y".




Las Almas Benditas y la Procesión de los Huesitos de Miraflores


Don Isidro Zárate Santillana fue uno de los poetas lonccos que inició este  arte,  respetando la peculiar forma de hablar de los chacareros de antaño, actualmente  sus poemas han trascendido,  desde 1977 cuando fueron rescatados por  este  profesor miraflorino. Tuvo un espacio en Radio Melodía (emisora arequipeña) titulado: “Poemario Loncco” en donde divulgó los poemas con gran aceptación en la ciudad, pues se emitían por lo general los domingos a las 6:00. de la mañana. Una de estas declamaciones  se ha podido ubicar en  un artículo de la  "Revista Mistiana" del año 1986, y  es sin duda  un gran hallazgo ya que nos permite conocer mucho mejor como era Miraflores, que si bien hoy es un distrito  populoso  antiguamente  solo abarcaba hasta  donde quedaba su antiguo cementerio, donde es la Chabela. Pasamos a transcribir  tal cual  el artículo, y podemos decir también que es uno de los primeros escritos utilizando los arequipeñismos, que en estos tiempos necesitamos rescatar. Miraflores al igual que Cayma también tuvo  su proseción de los huesitos.





Las Almas Benditas y la Procesión de los Huesitos

Din de qu'hi siu ccorito (1), en mi tierra Miraflores, si' ha venerau a las almas benditas del Purgatorio; y cuando llegaba el mes de noviembre, más mejor tavía, porqui'había un recogimiento muy especial. Cuando las gentes comenzaban algún trabajo, siempre si'hacían la señal dé la cruz santiguándose y diciendo: "Almas benditas qu'este trabajito me salga bien", "Almas benditas que lleguen con bien domé", "Almas benditas de mis agüelos que consiga pa' la bocólica de mis guaguas" y así pue, por el estilo, siempre nos encomendábamos a las almas benditas. Nuestros padres nos mandaban a los tres Conventos pa' lismoniar agua bendita, pa' llevar pue, pa' la casa y poner en un vaso con su clavel o una rosita pa’ que las almas benditas vengan a sonccar (2) pue, y apaguen su sé.


En aquellos tiempos di'aontes habían muchas congregaciones religiosas, algo así como ahura hay la Hermandad del Señor de los Milagros, del Santo Sepulcro, de Santa Rita de Casia, etc. en los tiempos di'aontes había una Congregación de señoras viudas, por lo general y eran devotas de las Almas benditas. Bien mi'acuerdo que dentro d'ellas habían comadres de mi agüela qu’era de Tingo Grande y hablaba puro loncco nomas, por eso pue hablo tal como ahura lo escribo este temita sobre las Almas Benditas.

Las señoras devotas tenían su Reglamento, pues se vestíyan de luto riguroso: su falda era bastante larga, llegando hasta los tobillos, la blusa era bastante amplia y con maguillo y la cabeza cubierta por una manta negra que cubría casi por completo la cara y en sus manos llevaban una bandeja con una calaverita rodeada de flores y otras llevaban velas o ceras prendidas en la procisión.

Siempre mi'acuerdo del tremendo susto que pasé cuando por primera vez miré una procisión de los huesitos, era pue un díya dos de noviembre, mi mamita me mandó pa'donde una tiya que viviya cerca de la Chirisuya (3) y pa' llegar habiya que cruzar la Calle Calvario; llegué a la Calle Misti y me metí corriendo por un callejoncito que uniya La Misti con la Calvario y al llegar a la boca calle y ahí mesmito vide algo que m'hizo parar los caballos de punta como si jueran trinches y hasta mi huaccali (4) casi se cayó pa'l suelo. Era la procisión de los huesitos.

Varias señoras vestidas de riguroso luto llevaban en bandejas calaveritas con flores y tuitas rezaban: gori—gori— gori. Casi lanzo un grito pero se me vino el'alma al cuerpo cuando vide qui' otros ccoros como yo, miraban cómo pasaban las señoras en la procisión de los huesitos.

Veniyan dispués de la Misa de Dijuntos de la Iglesia de San Antonio, directo, directo pa'l Pantión que quedaba pue, ondi'ahura es el Mercau de la Chabela. Mis patas tiemblaban de miedo pero poco a poquito me juí acostumbrando y hasta mi corazón se calmó, me persigné y me puse a tono con el gori—gori de la viudas.


Cuando la procisión llegó a la altura de la picantería de mi siá Marcelina, alma bendita, qu' el Tatito la tenga en un cantito de su Santísimo Cielo; la señora Marcelina era pue la Mayordoma de la Congregación de las devotas de las Almas Benditas más mejor tavíya, cuando le tocó la viudez y como era la Presidenta, hacían un alto en la puerti'calle de su casa, pa'luerio continuar con la procisión y siempre con el gori—gori de sus rezos; por detrás iba un caballero con un cajoncito de muerto llenito de huesos de cristiano.

El hombre seguiya los pasos de las señoras con toda ceremoña y también con su gori—gori. Antes de llegar al Pantión habiya una Cruz grande, ahí hacía un alto la procisión, pa'luego continuar a la Capillita qui'habiya en el centro del Pantión; en este sitio las señoras rezaban a voz más alta y casi llorando cantaban unas canciones bien tristes parecían yaravíes y tuitos se poniyan a llorar a moco tendiu. Y ahi mesmito salía al paso mi siá Feliciana la ccarienta (5) que siempre acostumbraba ser guarda de la Capillita del Pantión, ella pue si'ocupaba de poner orden en el Campo Santo y cuando en un intierro abrían una nueva sepultura y en ese iscarbo apareciyan algunos huesitos de cadáveres muy antiguos, ella se encargaba de juntar los huesitos con tuita devoción y los poniya en un cajoncito que más luego había de servir pa'la procisión de los huesitos, lo mesmo hacíya con las calaveritas que las poniya dentro de la Capillita del Pantión pa’adornarlas con flores y no faltaba el agua bendita y delante de las calaveritas, mi siá Feliciana prendiya las velitas que traiyan los fieles y más tavíya tuitas las personas que veniyan a acompañar a sus muertos.

Y así pue, una vez que tuitas las señoras habían terminau de rezar y cantar, se procediya al intierro de los huesitos en una sepultura previamente preparada y uno por uno iban cayendo los huesitos pa' la sepultura jondidados por las señoras devotas. Más bien las Calaveritas eran llevadas por mi siá Feliciana a la Capillita pa'ponerlas en fila y adornarlas con flores y prenderles ve litas.

Las señoras devotas, una vez que terminaban de poner los huesitos en la sepultura se poniyan a llorar a moco tendiu ricordando a sus dijuntos; tuititos lloraban y hasta las personas que nu'eran devotas, tuitos lloraban como si' en esos momentos estuvieran interrando a sus deudos. El pantionero si' acercaba con su lampa y se encargaba de interrar los huesos aumentando el llanto de tuitos los presentes; por supuesto la Mayordoma era la primerita en echar la primera lampada'i tierra, luego seguiya la secretaria y así poco a poco seguiyan tuitas las devotas, teñendo presente qui'una de las primeras obras de Mesiricordia es "Interrar a los muertos'".

Es lamentable esta oración ya ni siquiera rezan los colegiales di'ahura. Aontes pue, pa'ser cristiano completo habiya que saber de memoria las oraciones: dinde todo fiel cristiano, el Padre Nuestro, el Ave María, la Salve, el Credo, los Mandamientos de la ley de Dios, las obras de misericordia y tantas otras más.

Y asi pue, una vez interrados los huesos, las devotas rengresaban por la mesma Calle Calvario, nombre que si'ha quedau hasta la fecha. Las señoras bajaban la calle siempre rezando pero en voz baja, más se escuchaba el canto del ccasqquento(6)  dando el toqué di'oración. La campana de San Antoñó sonaba pa' que tuitas las gentes de rodillas recen el Angelus y las devotas de las Almas Benditas continuaban con sus oraciones: gori—gori—gori...



Arequipa, 15 de octubre de 1986.
ISIDRO ZARATE SANTILLANA
Fundador de "POEMARIO LONCCO"
Programa Radial Árequipeño.




(1)Ccoro: niño
(2)Sonccar: beber profusamente
(3) Chirisuya: Lugar de Miraflores situado  junto a la lloclla de San Lázaro  antiguamente  un sitio muy alejado  de la ciudad y poco habitado de allí su nombre Chiri: frío, suyo: lugar.
(4)Huaccali: Sombrero chacarero hecho de paja suave.
(5)Ccarienta: Que tiene ccara (vitiligo).
(6)Ccasqquento: especie de cigarra. 




Fuente:

Revista  Mistiana Año XV , N° 49.  Octubre -Noviembre de 1986.

Un Don Juan en Huaranguillo



Al Exmo. Diputado de la República, Ingeniero Enrique
Mendoza Núñez.

UN DON JUAN EN HUARANGUILLO
Brujerías de mi tierra

Esta historia no me pertenece. ¡Qué irrisorio sería adjudicarme semejante maravilla! Me la refirió, pícaramente, cierta tarde en Sachaca (1), el “loncco” (2) decidor don Isaac Sevillano Carbajal, mientras saboreábamos un cuy “chactado” (3) y lo asentábamos con abundante y perfumado “bajamar”. Así, pues, NI ES MIO EL TRIGO, NI ES MIA LA CIBERA, Y MUELA QUIEN QUIERA.

Huaranguillo —una aldea linda cual la ilusión y no muy alejada de Arequipa— es la real tapa de las señoras brujas. Allí, lector, viven libres como el aire del Buen Dios o cual los heliotropos que embalsaman nuestras huertas; y es tan común toparse con ellas que no sería una casualidad que la dama de nuestros ensueños, si la tuviésemos en aquel lugar, fuese la más insigne afiliada a la temible Hermandad.

Le hago, señor, esta seria advertencia, pues, tal vez usted, gran admirador del bello sexo, pudiese estar entretenido en remilgos con alguna huaranguina, y, lejos de cosechar ternuras y dulzones besos, recolecte hechizos y maleficios. Téngase, pues, en guardia y no malgaste cortejos con las tales féminas, que la aventurilla podría costar le caro.

Pero muchos dibujos van y vienen y la historia queda aún sepulta en el tintero. Tenga paciencia, su merced, a renglón aparte trazo, a vuelapluma, la última aventura de UN DON JUAN EN HUARANGUILLO.

Que don Amador Ríos, alias “El Ccariento”(4), salió siempre vencedor en las escaramuzas del amor, es asunto que no admite discusión. Que así como el avezado cazador pone el ojo en la liebre y después el perdigón, de igual forma el señor Ríos jamás erró el tiro. Hombre bien parecido, majo podría decir, nunca dejó de explotar en provecho propio los atributos varoniles que Dios le concedió. En consecuencia, como la casi totalidad de las mujeres pierden el seso y pensamiento por un mozo bien plantado, don Amador llevaba por descontado el éxito hipnotizador.

Además de estas perfecciones, muy de envidiar, por cierto, tenía este mortal gran destreza para hilvanar requiebros a las chicas. Su lenguaje, fino y elegante en extremo, amén que una sutilísima chispa para convencer, hicieron de él un verdadero donjuán irresistible. Y fue, precisamente, a mérito de tales prendas personales, que no hubo pizpireta que no cayese en las redes, tan diestramente tendidas por su apostura y locuacidad.

Pues bien; cierto día que don Amador paseaba, bastón en mano, por el portal San Agustín en busca de caza mayor, acertó a cruzársele en el camino mía guapísima dieciochoañera de rostro angelical, cuello de gracioso cisne, manecitas alabastrinas y delicadas; turgentes e incitadores senos, cinturilla de guitarra y bien contorneadas piernas, que, al pasar como una exhalación, le dejaron turulato, próximo a la locura. Entonces, acelerando agilísimo y elegante el paso, comenzó a desgranar los piropos más escogidos de su florido repertorio. Tanto dijo, tanto la miró y remiró que, al fin, vencida la desconocida, le obsequió una sonrisita almibarada que significa: “Si me amas, sígueme”.
En el colmo de la pasión, don Amador tensó el arco y lanzó el dardo:

—¡Diosa mía —la dijo—, heme aquí a vuestros pies rendidos! Permitidme, Gracia incomparable, acompañaros unos pasos.

Y la adolescente, muy avispada por otra parte, no pudiendo disimular la dicha, respondió al galán:
—Señor, vuestras palabras me arrebolan en extremo. Si deseo vuestro es acompañarme y si no os excedéis en la atención, no veo por qué os negaría tan inocente petición. Venid, pues, y continuemos el paseo juntos.

Preparado el terreno y creyendo saborear el fruto por adelantado, don Amador echó mano a la infalible  puntería y dijo a la adolescente los más delicados florilegios. Nadie, en verdad, ni el más cumplido cortesano, hubiera podido aventajarle en circunstancia igual.

Entretanto, la cortejada, más y más impresionada, contemplaba absorta a don Amador y parece, que, cediendo a la tentación, comenzó a corresponderle calladamente.

—Caballero —atinó a musitar, al fin, toda temblorosa en la última esquina de La Merced, después de recibir más poesía que arroz en matrimonio—, la hora avanza y juzgo momento de despedirnos; empero, si deseáis cultivar esta amistad, buscadme en Huaranguillo. Soy Lucerito... Os aguardaré al crepúsculo, a la entrada del pueblo. Hasta siempre, señor.

—Y yo vuestro esclavo, Amador Ríos —respondió al punto el galán, tomando entre las suyas las manos de la joven y besándolas delicadamente—. ¡Hasta siempre, Lucerito!

Huelga decir que don Amador acudió puntualísimo a esta cita y a las subsiguientes. La pasión, cada vez más vehemente y arrebatadora, hizo que los besos prosiguieran en aumento, pues, dejadas de lado la política y la vergüenza, se les veía entregados a las caricias bajo los huarangos a vista y paciencia de los virtuosos huaranguinos. 

Habían transcurrido seis meses de quimeras, pro-mesas, miradas tiernas, besos y juramentos. Lucerito, más y más feliz, experimentaba indefinible dicha y al propio tiempo temor de que aquel amor, tantas veces soñado, fuese una simple ilusión que, como tantos otros, que, después de haberla transportado a la felicidad más completa, la abandonaron. La joven, a la verdad, estaba enamorada.
Por otra parte, don Amador, el afortunado picaflor, comprendía que el amor se enraizaba seriamente en su corazón. Su pasada vida de impenitente galán se le ofrecía ahora inexplicable, ¡absurda!, pues aquella dulce niña y, según él, inocente, no merecía una vulgar fantasía de luces solamente. En el fondo, él, el renombrado hechizador de las mujeres, constató, con no escaso desengaño, cuán inútilmente había malgastado los mejores años de la juventud. ¡Qué arrepentido se sentía de sus pasados extravíos! Lucerito era tan distinta a las otras. Ella, sí, merecía su solicitud, su mejor cuidado. El momento era decisivo y había que aprovecharlo. Así, cierto día, cerrando los ojos cual, si divagase por el mundo del ensueño, reflexionó y se dijo: o ella o ninguna, y tomó la firme resolución de hacerla su esposa, ¡la compañera de su vida!

El tiempo avanzaba. Seis meses de amoríos no eran, ciertamente, una minucia despreciable para Luce- rito. Los apasionamientos prolongados —juzgó atinadamente— languidecen y mueren. Esto último preocupaba hondamente a la hermosa huaranguina, que si bien, joven aún y en plena eclosión adolescente, el recuerdo de los pesados devaneos, a menudo violentos, haciéndola olvidar la frescura de sus dieciocho primaveras, la pusieron sobre aviso. El “secreto” lo tenía en las manos y había que recurrir a él antes que don Amador, hastiado de sus encantos, la olvidara. Entonces, presa de la desesperación, acudió a la madre, doña Enriqueta.

—Madre —la dijo una tarde, abrumada por la angustia—, no sé qué hacer, a qué recurrir para coger al pájaro por las alas. ¿Qué me aconseja usted? Es verdad... que... Pero, ¡eso jamás! ¡Qué remordimiento sentiría de hacerle daño! ¡No, mil veces no!

—Hija —la respondió doña Enriqueta—, ¡a los brebajes!, ¡a los brebajes! y el pez morderá el anzuelo. Piensa —añadió con un destello luciferino en el semblante—, que el éxito está en el trabajito que hacemos en casa. Prepara de inmediato la tomita y el futre será tuyo hasta la muerte. Además, Lucerito, para ayudarte, fingiré encontrarles casualmente en la huerta y tú haciéndote la sorprendida, le darás después cuanto sabes. ¿Satisfecha, niña? Pero, escucha un instante. Lleva la bebida que preparé para lj alcalde. En camino, hijita, y déjate de remordimientos tontos. ¿Comprendido? Y bien, a la obra que en breve llegará don Amador.

—¡Oh, gracias! ¡Gracias, mamita linda! Ya sabía que usted solucionaría mi problema, que, aunque triste al corazón, me hará dueña de Amador.

Minutos después, mientras el crepúsculo fantaseaba en el infinito firmamento, apareció don Amador radiante de felicidad. 

—¡Lucerito de mi cielo! ¡Vida de mi propia vida! —exclamó, luego de besarla larga y ardorosamente—. He decidido casarme contigo. Vamos, diosa mía, ¿qué esperas?, gocemos de nuestro amor.
Pero mientras manifestaba sus delirios apareció doña Enriqueta, quien, fingiéndose colérica, increpó ásperamente a Lucerito y amenazó a don Amador; y la muchacha, simulando magistralmente pavura y asombro, cogió de la mano a don Amador y huyó con él, escondiéndose en su alcoba.
—Aquí estarás seguro, Amadorcito mío; pero antes bebe este refresco, te hará bien a los nervios. ¡Así! ¡Así!, todo el vaso; ahora escóndete debajo de la cama. Madre está furiosa y no sé a qué extremo podría llegar su indignación —le ordenó tajante la huaranguina.

Don Amador, atenazado por las garras inmisericordes del terror, hizo cuanto dijo Lucerito y ya debajo del catre esperó que la tormenta amainase; mas en tanto se encontraba agazapado como un zorro perseguido con las rodillas y las manos sobre los ladrillos, percibió un ruido singular que, de primera intención, juzgó provenir de un roedor indiscreto; pero como el ruido persistiese acompasadamente, alumbró una cerilla para hacerse luz y vio tres chombitas de arcilla deslucida a la cabecera del camastro; luego, movido a curiosidad, levantó cuanto pudo la cabeza y siempre con la candela en una mano miró dentro de las vasijas ligeramente enterradas en el suelo y comprobó, horripilado, que en una chombita había sapos negros comiendo ávidamente maíz negro, en la siguiente, anuros rojizos devorando maíz rojo, y, finalmente, en la tercera, asquerosos escuerzos blancos, consumiendo maíz blanco.

No es para narrar la rabia e indignación de don Amador al convencerse, hasta la evidencia, de que se encontraba en el antro de la brujería. Entonces, olvidan¬do el poético y delicado lenguaje y aún debajo del catre, vociferó estas lindezas:

—¡Mierda de...!, ya me fregué de por vida. ¡Hija de Beelzebul en la bruja y pendanga de tu madre! ¡Perra! ¡Guarra! —y salió hecho un bólido, perdiéndose en la oscuridad de los sembríos.
Dos horas después, luego de correr enloquecido por las chacras, de saltar acequias y devorar calles, con una desesperante comezón en los labios, llegó casi desfallecido al hogar, y, ya en el dormitorio, se miró despavorido en un espejo y otra nueva andanada de groseros votos y maldiciones brotaron de su boca, al ver, que, en plenos labios, se destacaba un monstruoso corazón atravesado por una graciosa flechita blanca.

De tal suerte terminó don Amador Ríos, alias “El Ccariento”, por la enfermiza especialidad de besar a las mujeres. Razón tuvo el viejo huaranguino, don Isaac Se-villano Carbajal, cuando, para ratificar la verdad de esta historia, riéndose me dijo: “SI DA EL CANTARO EN LA PIEDRA, O LA PIEDRA EN EL CANTARO, MAL PARA EL CANTARO”.

(1) Distrito de Arequipa.
(2) Agricultor de Arequipa.
(3) Cobayo o conejillo de Indias frito al aceite y presionado por una piedra.
(4) Manchado por maleficio de brujería. Hay ccara negra, roja y blanca.




Fuente:

Brujerías, Tradiciones , Leyendas y cuentos de Arequipa. Tomas Guillermo Vizcarra Carbajal. 1982.

La Ascensión al Misti del año 1900


Un 21 de octubre de 1900 el obispo Monseñor Manuel Segundo Ballón junto a 98 personas a las 9:00 horas celebró la primera misa y única efectuada; por un obispo, la cual culminó a las 10:05 horas en la cima del volcán Misti. El Papa León XIII había pedido que se consagre el nuevo siglo a Cristo Redentor y el obispo decidió consagrarlo en la parte más alta de la ciudad de Arequipa, para esto ya desde los primeros días de Octubre  todas las parroquias, templos y beaterios de la ciudad  y pagos inmediatos se aprestaban a brindar  su concurso al ceremonial cuidadosamente preparado.

[...]Sin embargo, antes de que llegue a la cima, el 8 de octubre se emite una carta pastoral y dispone que mientras el obispo celebraba la misa en la cima del Misti, en la pampa de Miraflores, se realice una misa por el vicario general Mariano Lorenzo Bedoya ahí fueron llevadas las imágenes de todos los templos y acudieron 10 mil personas.

En el mes de setiembre de 1900 se empezó a construir la cruz en la maestranza del ferrocarril (taller) donde 7 operarios dirigidos por el señor Nicolás Bedoya la construyeron a solicitud del padre dominico Humberto Manrique. La cruz mide 10 metros de altura por 4.5 de ancho y 50 cm corresponden a los rayos que se colocaron en las extremidades.(Teodocio Ballón . 1900 pg5). Y cuya estructura  básica debía estar  compuesta por rieles seccionados y unibles  por platinas  y tuercas a la manera  de la vía férrea . el Fraccionamiento  de los rieles se debió a la necesidad de facilitar la traslación  hasta la cumbre, para lo que se tuvo en cuenta que cada acémila no podría llevar más de cien libras de peso.

Por su lado los directores del Observatorio de Carmen Alto: Solón I. Bailey y Dr Lisle Stwart que habían ofrecido al diocesano  acompañarlo  en la peregrinación , preparaban  los equipos convenientes para medir  la temperatura, velocidad de los vientos , presión atmosférica en los distintos tramos del recorrido. [...] TEXAO Tomo IV Juan Guillermo Carpio Muñoz pg. 11).


Solón I. Bailey


[...]La cruz la llevaron en 30 mulas a la cima, pero antes la armaron en el convento de Santo Domingo[...].

Luego, el 12 de octubre desde el patio del convento la volvieron a desarmar y la transportaron. Como arrieros fueron Evaristo Calisaya, Pedro Arenas y el guía del observatorio de Carmen Alto Francisco Chávez, también estuvo el mecánico Mariano Málaga, tres peones y el padre dominico que gestionó. El 14 de octubre, la cruz estaba en la cima [...] (Arequipa: Cruz en la cima del volcán Misti cumple 116 años. Artículo, en el diario correo 2016. Gisela Vilca).


Mula en la cima del Misti, junto a la antigua Cruz colocada  por el Intendente  Antonio Alvarez  y Jiménez a fines de 1786. Está fue reemplazada justamente en el año 1900 y llevada al convento de Santo Domingo (Archivo fotográfico de la Universidad de Harvard . The Harvard Expedition,1893).


[...]El lunes 15 trabajando de sol a sol y con las fatigas del esfuerzo en la altura que les provocaba una respiración jadeante y palpitaciones  en el cerebro , los peones mitigando el derroche de energía con coca, ajos y jugo de limón , abrieron unas zanjas de dos metros de profundidad en las que  armaron los cuatro rieles que a manera de soporte de la mole de hierro, enterraron . Luego, premunidos de escaleras, armaron pieza  por pieza  la cruz, hasta que con los últimos rayos de sol que simulaban besar a la montaña terminaron la tarea.[...] TEXAO Tomo IV Juan Guillermo Carpio Muñoz pg. 12).


[...]Dante Zegarra narra que el 17 de octubre comenzó la procesión de imágenes en Santa Marta donde el señor de La Caridad fue llevado a la Catedral donde el canónigo José Valencia Pacheco inició un quinario, pues no solo fue ir y colocar la cruz sino hubo una preparación espiritual.


El 20 de octubre a las 6 horas, el obispo celebró una misa en el altar del señor de La Caridad, siendo esto parte de la preparación y partió para celebrar la misa el 21. Según Dante Zegarra, en la cruz hay dos placas una de ellas dice "Viva Cristo Dios hombre y salvador del mundo , dulcísimo salvador, conserva y aumenta tu caridad y tu fe en los habitantes de Arequipa". (Arequipa: Cruz en la cima del volcán Misti cumple 116 años. Artículo, en el diario correo 2016. Gisela Vilca).


[...]En la ciudad, ese 21 de octubre, a las 5 de la mañana  se desplazaban muchísimos fieles que por no haber  podido conseguir posada, se quedaron  a dormir en la Catedral al pie de  la virgen de la Candelaria de Characato, o de Santa Gertrudis de Sachaca, o de Jesús de Nazareno  de Tiabaya , o del Arcángel San Miguel de Cayma, o de San Juan Bautista de Yanahuara que , el día anterior habían traído  en procesión desde sus pagos  y depositado en la iglesia matriz , donde también  se guarecían  en sus andas de madera y con sus trajes  de penitencia  de acuerdo a las  disposiciones del ceremonial, el Señor de la Caridad , de Santa Marta, de San Francisco, San José y San Antonio Abad de Miraflores; San Agustín ; San Francisco; Santo Domingo; San Pedro Nolazco; de la Merced; San Juan de Dios; Santa Catalina; Santa Teresa; San Ignacio de Loyola; Santa  Rosa y hasta una urna que  contenía  "Las sagradas reliquias de los santos" traída del templo d e la Compañía.


" De rodillas señor, de rodillas
y en polvo inclinada la frente
hoy venimos a ti, Dios clemente
con amante y con fiel corazón".


Aquí estamos Señor. aquí estamos 
Anegados  d e llanto  los ojos
que se acaben , Señor , tus enojos
pues que somos tus hijos al fin".  

(Canto religioso popular anónimo)

Catedral de Arequipa a comienzos de 1900.


A los fieles que tuvieron el privilegio de dormir entre los santos, se fueron agregando cientos de caballeros y señoras bajo los estandartes de sus cofradías, hermandades, órdenes y penas de caridad cristiana y un ele vado número de devotos de todas las edades, aparte —claro está— de los miembros del clero y los de las órdenes sagradas que residían en la ciudad. Todos lucían, encima de pechos y espaldas, las rojas cruces bordadas de los detentes que para la ocasión se hicieron. El alboroto era grande en las repletas naves de la Catedral y, paulatinamente, fueron discurriendo feligreses aupando a su santo patrón o a la familiar imagen de su “paño de lágrimas”, iniciando así la gran procesión de penitencia que, reuniendo aquel curioso cónclave sagrado, hizo desfilar a los nota bles de riguroso luto y a los aldeanos y chacareros aterrados por las abiertas amenazas de su obispo ante la proximidad de un cambio en el arbitrario calendario.

Avanzó la procesión entre cánticos y rezos, entre repiques y lloros por las calles de San Francisco y San ta Teresa. Las sobrecogedoras notas del miserere mestizo entonado por un coro de voces lastimeras, parecía estrujarles el corazón:

“Señooooorr, ten mi-i-i-i-i-sericordia! 
de mí según tus piedaades" (Miserere Arequipeño: Anónimo)

Al doblar a la calle de San Pedro, los hieráticos rostros de los miembros del venerable Cabildo Eclesiástico, ocultaban en sus rugosidades la orgullosa satisfacción de ser pastores de una grey que exteriorizaba —con conmovedora unción— las devociones cultivadas por sus antepasados e inculcadas desde su más tierna infancia. Allí avanzaban —con paso corto y humilde- las mujeres enmantadas que escondían en sus pechos sus tribulaciones cotidianas, sus pobrezas y que al tiempo que sus pisadas pasaban de piedra a piedra, sus ingenuas mentes sallaban de misterio en misterio.

“Salve, salve, cantaba Maríya, 
que más pura que tú sólo Dios 
y en el cielo una voz repetiya 
más que tú, sólo Dios, sólo Dios.
Con torrentes de luz que le inundan 
los arcángeles be-e-san tus pies, 
las estrellas tu frente circundan 
y hasta Dios con orgullo te ve”, 
(canto religioso popular: Anónimo).

Continuó el séquito subiendo por San Antonio y el Calvario que en algunas “puert’i calles” lucían altares donde se entronizaron —sobre albas y almidonadas sábanas— las imágenes y cuadros de cristos y vírgenes domésticos, entre velas y flores, en marcadas por hojas de palmetas.

“Viene ya mi dulce amor mi rey, mi esposo adorado viene ya mi bien ansiado sus dones a derramar.
¡Oh! qué dicha, qué alegría viene Dios a visitarme querer en persona honrarme ¡qué dignación! ¡qué bondad!” (canto religioso popular.Anónimo)

Por fin, a la hora designada —8 de la mañana— se asomó el gentío penitente a la pampa de Miraflores desde donde en tres altares en que se privilegiaron al Señor de la Caridad, a la Virgen de los Dolores y a San José: comentaron a celebrar la misa una multitud de sacerdotes, presididos por el Vicario General de la diócesis y los curas del Sagrario y Santa Mar ta. En el sermón alusivo, que fue es cuchado con dificultad por los casi 15.000 feligreses que se asoleaban en el paraje yermo, el orador sagrado se regodeaba señalando:


"Grandioso y conmovedor espectáculo es el que presenta un pueblo, cuando al impulso de su fe y de sus sentimientos religiosos, ofrece a su Dios el humilde tributo de su adoración. Arequipa que siempre es y será lo que ha sido, por más que se le quiera empañar con la negra mancha de la inconsecuencia con sus tradiciones veneradas se encuentra postrada ante sus santos protectores _ implorando el perdón de las iniquidades cometidas en un siglo" (Teodosio Ballón. 1900 p.12).

Simultáneamente, arriba en el volcán tutelar, el ilustrisimo obispo de la diócesis don Manuel Segundo Ballón, ataviado con los ornamentos sagrados bordados en filigrana de oro apoyado en el báculo que esta vez le servía de necesario sostén y coronado con la mitra que el viento pretendía arrancar de su cabeza; bendijo la cruz de hierro y leyó del libro que con esfuerzo sostenía el padre Uriarte:

“Crux fidélis, ínter omnes arbor una nóbílis: fronde, flore, germine.
Dulce lignum, dulce clavos, dulce pondus sústinet...”

Mientras varios peregrinos, que no entendían las palabras en latín que pronunciaba el obispo y se llevaba el viento, deletreaban la inscripción de las dos placas de bronce que, al pie de la cruz, anunciaba a los tiempos y a los astros el hecho del que eran testigos:

“ ¡VIVA JESUCRISTO DIOS v HOMBRE Y SALVADOR DEL MUNDO! DULCISIMO SAL VADOR JESUS, CONSERVA Y AUMENTA TU CARIDAD Y TU FE EN LOS HABITANTES DE AREQUIPA.
Puso esta Cruz y celebró la Santa Misa en esta cima el Iltmo. señor Obispo Monseñor Ballón. 1900 — 1901”

“Obsequiada a petición del R.J. Humberto Manrique de la Orden de Predicadores.

N. Bedoya”


Monseñor Segundo Ballón (Revista Prisma 1906).


Luego, rezó la misa en la que sólo tres de los presentes pudieron comulgar, pues, los demás, por tomar remedios contra el soroche, rompieron el obligado ayuno y no lo pudieron hacer.

Terminado el rito principal, monseñor Ballón cogió de nuevo el báculo, dio cara a la ciudad que inexplicablemente no se podía distinguir y, mientras dos de sus auxiliares defendían su capa diocesana del ventarrón —que en la cumbre— parece viajar del mar hacia los andes, bendijo a su grey desde los veinte mil pies de altura en que se encontraba. Enseguida, se dio vuelta baria el cráter que como gigantesco embudo de polvillo amarillento pretendía comunicar el firmamento con el centro mismo de la tierra, y también lo bendijo; entregó el báculo, se quitó el manto y la mitra, bebió una taza de café y, antes de partir, dejó dentro de un frasco de vidrio una tarjeta personal y un papel en el que firmado y “con el sello de sus armas” estaba escrita uña extensa oración que concluía con la invocación siguiente:

“Que no se pierda, Señor, ninguna de los que me habéis confiado!. Que Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo Redentor nuestro, reine siempre en todo el mundo y especialmente en el Perú y en esta Diócesis. Que se conviertan los impíos y pecadores. Que los brazos de esta Cruz cubran esta Diócesis y la libren de todo mal. Amén.

MANUEL SEGUNDO
OBISPO DE AREQUIPA [...] TEXAO Tomo IV Juan Guillermo Carpio Muñoz pg. 15-16).




La Ascensión al  Misti de 1900 narrada por el Diario el Deber en los días  22 y 23 de  octubre de 1900 la pasamos a transcribir como sigue:


A grandes rasgos nos proponemos dar cuenta a nuestros lectores de la atrevida expedición que ha hecho al Misti el Ilustrísimo y Reverendísimo Prelado de la Diócesis Monseñor doctor don Manuel Segundo Ballón, en compañía de las personas que luego se nombraran.

Los datos que nos han servido para pergeñar este artículo son los de nuestro Director, quienes ha sido, como lo anunciamos, uno de los acompañantes del ilustro expedicionario, circunstancia que da a esta narración toda la autenticidad necesaria. 

Advertiremos a nuestros lectores, que de la cartera de viaje sólo hemos tomado los apuntes relativos al modo y forma en que ha llevado a cabo la expedición; pues aún quedan otros de distinto orden, que pueden; servir para escribir más tarde, con meditación, artículos del orden científico e histórico, y sobro lo cual trabajaremos porque así se haga y vea la luz pública en el folletín de este diario.

En los datos descriptivos dice al pie de la letra nuestro Director:

I.

“El sábado 20 de los corrientes y después que el Ilustrísimo Prelado se hallaba vestido con el traje del viajero, a las siete y media de la mañana, salió la comitiva del Palacio Episcopal, en número de veinte, mas o menos, la cual fue aumentando sucesivamente en las calles del transito hasta el canto de la pampa de Miradores, donde so pudieron contar hasta cincuenta, incluyéndose la escolta del Escuadrón Gendarmes, que con sus dos batidores marchaba a órdenes del Capitán de la Guardia Civil don Julio Moscoso.

Próximo al lugar denominado la Apacheta, se despidieron, para regresar a esta Ciudad, el Secretario de la Diócesis Monseñor Canónigo don Manuel Nicolás Silva, el señor Cura de Sachaca don Benigno L. Lozada, el doctor don Teodocio C. Ballón y algunos otros que salieron a despedir al Ilustrísimo Prelado.

En el punto llamado Agua Salada salieron alcanzar a los expedicionarios el señor Cura de Chiguata don Raymundo Calderón, el Gobernador don Apolinar Rodríguez y muchos otros vecinos notables del distrito de Chiguata, los cuales invitaron el Diocesano para que pasa se a descansar a la casa ce don Mariano Medina situada en el pago de Pucarillo.

Recorríamos un terreno elevado y árido, cuando fuimos sorprendidos gratamente con la vista de Pucarillo, romántico sitio, que nos hizo recordar los castillos feudales de la edad media por la topografía del lugar y la construcción de la casa del referido Medina, la cual se halla levantada sobre un picacho rodeado de verde andenería, la que había sido artísticamente decorada con arcos de flores naturales y banderas grandes y pequeñas; sus habitaciones construidas a la moderna, con techos de calamina y gustosamente pintadas, hicieron que formáramos la ilusión, como hemos dicho antes, de un castillo del siglo XII trasplantado a un retazo de nuestra apartada campiña; y si a esto se agrega el suculento almuerzo que a la europea se sirvió, bien hemos hecho en darle el calificativo que nos ha merecido.

En lugar de la charla do sobremesa con que se gusta solazarse después de las comidas de nuestros tiempos, el ilustre obispo se ocupó en desempeñar funciones de si ministerio administrando el Sacramento de la Confirmación como treinta criaturas que se le presentaron del pueblo de Chiguata, casi allí congregado.


A las 12 y 30 p. m. salimos de Pucarillo seguidos de una gran porción del pueblo que a caballo acompañó a la expedición hasta el punto denominado Piedra Grande, lugar donde había la costumbre de despacha la arriería que iba a Bolivia y pueblos del interior. En este sitio se suplicó al Diocesano que bendijera la silueta de la Virgen formada del musgo que naturalmente brota de un peñón, y que según el testimonio general, nunca desaparece; allí, pues, Monseñor Ballón, accediendo al clamor del pueblo que lo seguía, bendijo la referida silueta de Nuestra Señora y ordenó se colocase una cruz, a fin do que allí tuviesen los transeúntes un recuerdo respetable.

A las 2 y 15 el ilustre Prelado y su comitiva descansaron en una choza de indígenas, en el Alto de los huesos, llamado así y descrito ya por el recordado arequipeño don Juan de Romaña.

Aquí el ilustre viajero y los sacerdotes que lo acompañaban rezaron el oficio divino: y en el entro tanto los dos astrónomos que nos guiaban pasaron tornar nota de los datos meteorológicos que marcaban los instrumentos del observatorio que allí tienen colocados


A las 3 y 40 reanudamos la marcha, en unión de 9 expedicionarios de a pie que habían salido la noche anterior del distrito de Miradores; y llegamos a Monte Blanco a las cinco y 25, donde encontramos a muchos otros de a pie y de a caballo que nos habían precedido.

Cabaña en el Monte Blanco. (Archivo de la Universidad de Harvard, The Harvard Expedition 1893).

La agitación del ascenso y la crudez del temperamento produjeron en algunos un soroche ligero, pero con los antídotos que so llevaron se pudo combatir sin dificultad a medida que se presentaba en los viajeros este mal de aquellas regiones.

Las dos chozas de piedra y paja, formadas allí por los astrónomos como lugar de descanso, y donde tienen otro observatorio, fueron completamente ocupadas, riéndose muchos de los expedicionarios obligados ¿improvisar carpas y a refugiarse entre los claros do algunas piedras, que dicho sea de paso, no son grandes ni muy abundantes.

En este lugar de descanso nos fue imposible conciliar el sueño, pues la fatiga, el soroche que en algunos se presentaba, y hasta la asfixia motivada por la rarefacción del aire hicieron vano el empeño de dormir; de modo que todo fue una constante charla dentro y fuera de las chozas. Recostados en la arista que forma el Monte Blanco, en lo más pronunciado del cono, pudimos percibir algunos ruidos, lo que no nos alarmó, desde que nos hallábamos cobijados en las faldas de nuestro coloso.

Aunque el proyecto que llevábamos de esta ciudad era levantarnos a las 3 de la mañana para dominar la montaña, parece que amedrentó a toda la aparición de un furioso viento que comenzó a esta hora, pues, aunque nadie manifestaba apocamiento de espíritu, todos tácitamente convenían en postergar la salida. A las 4 el eolo se retiró y los expedicionarios se pusieron en actividad y comenzaron a preparar sus cabalgaduras. S. S. Iltma. que hasta aquí no había sufrido accidente alguno, se sintió algo fatigado; de modo que hubo que demorar un poco más la salida.

A las 5 y 15 se dio la voz de marcha, la misma que fue precedida por 35 hombres de a pie que entonces se contaban, a los cuales seguían 60 de a caballo.

Poético o indescriptible era el aspecto que presentaba a la vista el; desfile de los expedicionarios. Alguien dijo: “El Misti se humilla, bien que el asalto.se le hace por la espalda”. Efectivamente: aquella inmensa mole de tierra y granito, queda a los arequipeños la idea de grande, parecía ceder cariñoso, senda estrecha, firme, pero feligresa a la planta de los expedicionarios, que en hilera y a semejanza de un reptil serpenteaban al coloso. Los infantes fatigados cedieron el paso a  la caballería, entrañando para esto en la parto alta de la senda sus bordones, a fin de tener apoyo seguro en la pendiente riesgosa que desde Monte Blanco presenta el Misti.

En este ascenso los valientes mostraron lo que importa esta buena cualidad, pues a cada desprendimiento de un guijarro que corría al fondo, decimos mal, que volaba al abismo, dejaban escuchar sus ¡hurras! y sus voces de advertencia para los que formaban el término de la comitiva, los cuales abrían paso al guijarro desprendido que pasaba silbando hasta encontrar punto de apoyo.

El Padre dominico Humberto Manrique llegó el primero al cráter, al as 7 y 50, y sucesivamente todos hasta las 8 y 5 en que fue dominada por todos la montaña. 

Esta, al ver seres extraños en su boca, quiso infundirles respeto despidiendo por ; ella una gruesa columna de humo, bien que otros interpretaron esto  como un saludo al Prelado de la  ciudad que lleva su nombre.

II

Estamos en el cráter ocupando el pequeño plano convexo que apenas deja uno de los picos inclinados que formaban las paredes del cráter antiguo, cuyos labios, bruscamente cortados e inclinados hacia adentro semejan la boca de un cascarón. 

Mirando al fondo y como a las 200 varas calculadas por el señor de Romaña, se nota una planicie de tierra y arena, planicie que tendría una forma circular exacta, si por el Este no se mostrase una boca o segundo cráter, que afecta la figura de un circulo inscrito sobre la quinta parte, próximamente de la circunferencia formada por el cráter primitivo. Por este según mas la vista hacia el horizonte, y de preferencia a nuestra ciudad querida, la que con su campiña pudimos distinguirla con las mismas dimensiones con que se nos la presenta en un plano en miniatura. Vimos el valle de Vítor dividido en dos secciones, los distritos do Pocci y Quequeña, las pampas de Salinas y una gran extensión del río Chili, conocido, antes de llegar al volcán, con el nombre de Río Blanco.

Concretadas nuestras miradas al punto donde debía llegar la peregrinación, se distinguía el conjunto a la simple vista, representado por una manchita negra que salía fuera del despoblado en el distrito de Miradores. Con auxilio de telescopios y larga-vistas pudimos confirmar lo que descubrieron nuestros ojos, y algo mas amplio, pues veíamos a las personas que se acercaban al conjunto, como las que se. separaban de él.

Constatado este hecho con la observación que hicieron los expedicionarios, grande fue el placer que todos experimentamos al notar que la ceremonia religiosa que se iba a celebrar en la cima, coincidía exactamente con la que debía tener lugar en el plano; y aumentó de grado el júbilo cuando terminada nuestra ceremonia quedaba también concluida la otra, pues la mancha negra de la concurrencia fue desapareciendo paulatinamente.

A las nueve de la mañana principió la misa S. S. Iltma. en un altar improvisado al pie de la cruz nueva, conocida casi por todos, por habérsela exhibido en el convento de Santo Domingo, la cual está colocada en la parte más prominente, al lado de la que en otro tiempo había plantado allí el lltmo. señor Pamplona, do grata memoria.

La cruz nueva habla sido enarbolada dos días antes por el hábil mecánico don Mariano Málaga, quien habla empleado tan solo tres horas de rudo trabajo en compañía de otros dos entusiastas operarios y algunos indígenas que auxiliaban a estos. Dicha operación fue ejecutada bajo la vigilancia del celoso dominico fray Humberto Manrique, quien recibió las más cordiales felicitaciones por su meritoria empresa llevada a cabo con buen éxito, igualmente que el distinguido do mecánico Málaga a quien dimos un apretón de manos en reconocimiento del valor cuantioso de su obra.


Asistieron en la misa a Monseñor Ballón, los RR. PP. fray Luis Arenazas v fray Miguel Uriarte del convento de la Recoleta y  sirvieron de Ministros, de Mitra, el señor cura de Caima don Jacinto Daniel Flores y de báculo, el  R.P. fray  Humberto Manrique. Demás es decir que todos los expedicionarios oyeron la misa con el fervor propio del arequipeño, habiéndose dado también el acto edificante de la comunión, administrada por el Iltmo. Prelado, al M. R. P. fray Miguel Uriarte y a los feligreses don Pedro Pablo Salazar, vecino de Miraflores y don N. N. de Chiguata. Concluida la misa se recitó la letanía del Corazón de Jesús y algunas o tras fervientes oraciones, una de las cuales escrita de puño y letra de Monseñor Ballón y sellada con el sello del obispado, fue colocada dentro de una botella y puesta en la parte inferior do la cruz nueva.


Durante la misa se sacaron varias vistas fotográficas por las inteligentes astrónomos doctor De Lisio Stewart y Mr. Royal Harwood Frost y por el fotógrafo don Maximiliano T. Vargas; y concluida la ceremonia religiosa se tornaron otras, según se nos dijo, hasta el número de 18.



Postal basada en una fotografía de Max T. Vargas 1900


Después de esto se examinaron loa detalles del cráter en la parte que nos fue accesible. Allí encontramos los recuerdos de las expediciones anteriores, y a imitación de aquellas, se trató de dejar lo que correspondían a la nuestra. Vimos al señor cura Flores poner dentro de una botella un retrato suyo con una tarjeta escrita, así como también notamos que los jóvenes don Mariano Bedoya, don Darío Núñez, don Sabino Gutiérrez Ballón, don José Álvarez Cano, don Enrique Rodríguez y otros colocaron también sus tarjetas dentro de otra botella, con la fecha de su arribo a la cima del coloso. Solo el pobre compañero, que también formaba parte de la expedición, no encontrando con que cincelar sus recuerdos en aquella cumbre, arrojó compasivo un ramo de flores de la planicie al fondo del cráter, como para neutralizar el asfixiante gas sulfuroso con el aroma vivicador de los claveles: como para refrescar les ardientes labios del gigante con los húmedos pétalos de las rosas; o en fin, como elocuente testimonio de cariño que solo ha de vivir en el corazón de la montaña, porque el rigor del tiempo y el fuego que respira bien pronto han de incinerar ese puñado de llores acariciado durante un penoso y largo viaje.





III.

A las 10 y 15 se dio la orden de retirada. La generalidad, a la vista del peligro de un descenso incomodo marcho pie en tierra con excepción de su S. S. Iltma  que lo hizo en su briosa mula , dando con esto  una muestra de su serenidad y fortaleza.  La nieve contenida , las vueltas del zizás y destrozada en la marcha de subida, había comenzado a liquidarse, haciendo fangosa de trecho en trecho la reducida senda. la misma que avanzada a paso doble del de subida, aceleró la marcha hasta el punto de vernos en salvo en Monte Blanco a las 12 m. donde se tomó desayuno con apetencia mayor que en las horas pasadas.

Satisfechos de haber realizado con éxito un capricho, muchos de los expedicionarios emprendieron inmediato regreso a la ciudad, haciéndolo los de a pie por el lugar más corto que en la bajada puede ser bien aprovechado.

A la 1 p. m. S. S. Iltma. con la comitiva que fue más fiel salió de Monte Blanco, siguiendo el mismo itinerario de la subida.

Sucesivamente desde el Alto de  los huesos. Piedra grande y Tambo de león, fue alcanzado S. S. Iltma.  por diversos grupos de a caballo que de trecho en trecho se confundían con la gente de a pie que en  distintos lugares se había dado cita  para darle la bienvenida, mostrando vivamente su placer de ver salvo al Prelado, con arcos, flores y quemazón de cohetillos. Podemos pues, decir, que desde Cachamarca hasta Cangallo, ni el Pueblo, ni Pucarillo dejaron de estar allí representados.


Pampa de los Huesos, (Archivo de la Universidad de Harvard) The Harvard Expedition 1893.

En el pie de la cuesta, camino de Arequipa, fue alcanzado el Prelado por el señor Teniente Alcalde del H. Concejo Provincial D. Manuel García Suarez y por el  Inspector de Instrucción Presbítero don Remigio Zevallos.

Como A las 6 de la tarde llegó la expedición a la pampa de Miraflores, en donde cerramos nuestra cartera de viaje, A fin de que la marcha  urbana fuese descrita por los cronistas de la localidad, así como el juicio o apreciaciones del viaje, por las pluma de los redactores de los diarios.

La siguiente es la lista de los expedicionarios que nos proporcionaron sus nombres y que no apare con designados en la narración que precede:

Pedro Ignacio de Bustamante, Inspector de Concejos de Distritos del H. Concejo Provincial. Diego Arrieta, Mateo Paredes Recavarren, Eulogio Ramos, Guillermo Valdivia. Hurtado, Cesar  C. Rodríguez. Andrés Tapia, Natalio Romaní. Benedicto Salas, Manuel B. Salinas, Delmiro Salinas. Segundo Benavente, Francisco Chávez. Miguel Vargas. Julio Chávez, Juan Fernández. Ramón Vega, Manuel T. Salas, Elisban Meza. José Alpaca, Francisco Alpaca. Nazario Nieto, Juan Fernández, Enrique Butrón, Mariano Valdivia, José Vilca, Agustín Barreda, Jacinto Romero, Gregorio Roman, Pedro Alvarado, Jacinto Miranda, Evaristo Calisaya, Ladislao Zarauz, José Salinas, Morel Valdivia, Santiago Sánchez, N. Borja, N. Cruz, y N. Cruz.

Fuentes:

  • Diario EL Deber, días 22 y 23 de octubre de 1900.
  • TEXAO , Tomo IV . Juan Guillermo Carpio Muñoz.
  • (Arequipa: Cruz en la cima del volcán Misti cumple 116 años. Artículo, en el diario Correo 2016. Gisela Vilca).


Al Pie del Misti



El vals  es un género musical que tiene mucho tiempo entre nosotros, Según las investigaciones de Augusto Vera Béjar en su importante Obra El Vals Arequipeño, nos dice, que el  vals aparece en Arequipa a comienzos del siglo XIX,  según el sociólogo arequipeño Juan Guillermo Carpio Muñoz, quien transcribe una "noticia" de Antonio Pereira y Ruiz , escrita en 1816, en la que se narra el hecho de que junto al minué , el bolero y otras danzas se practicaban en Arequipa el Waltz, aunque sin darle al cuerpo la elegancia que en los bailes propios del país, dentro de las otras referencias que hace esta la de escrita por Eugéne de Sartiges, noble viajero Francés quien desembarcó en Islay en 1833 quien visito Arequipa y luego d e permanecer  en otras ciudades peruanas abandonó el país  en marzo de 1835, y donde menciona que en una de las fiestas  ofrecidas en Arequipa en su honor, se bailo el vals que según el era más lento que en Europa.

La manera de componer valses en los inicios fue de acuerdo a la usanza europea, es por eso que los primeros valses en Arequipa son compuestos para piano.

Augusto Vera Béjar nos deja una pregunta en su libro: ¿Pero , quienes fueron esos autores arequipeños que escribieron en pentagrama sus valses y que fueron casi en su totalidad influenciados por la sobras europeas?


El mismo autor  se responde diciéndonos que uno de ellos fue el Doctor Eduardo Recavarren García Calderón, quien en 1884 compuso su valas Al Pie del Misti, dedicado al músico arequipeño Octavio Polar.


Don Juan Guillermo Carpio Muñoz, en su libro el Pendón Musical de Arequipa, nos dice acerca de esto que  en Arequipa el vals más antiguo con temática peruana del que se tiene registro es sin duda el Vals "Al pie del Misti" , no existe otro anterior a este  con tales características, además de contar con pruebas documentadas de tal existencia y que por añadidura hasta hoy se le conoce popularmente.

Este vals se editó en nuestra ciudad en la litografía Farfán  el año 1884. La Bolsa antiguo diario local del 25 de setiembre de  1894  en su página 2 al dar la noticia del acontecimiento decía: Aparece en la caratula del retrato del hábil autor una vista del Misti . Hacemos extensiva nuestra felicitación a la Casa Farfán por muestra a la cultura de esta ciudad. La partitura de Al pie del Misti  se vendió a 80 centavos el ejemplar y llevaba la dedicatoria de su autor al compositor  y director de orquesta arequipeño , don Octavio Polar.






Primera Grabación

"Al pie del Misti" fue grabada en disco, por primera vez un 27 de agosto de 1917 por la limeña Orquesta del Zoologico .



La Letra Original.

Como bien hemos dicho el Vals "Al Pie del Misti" es de 1894,  pero ¿Cuándo comenzó a cantarse?

Existe una versión  del 11 de noviembre de 1917 interpretada por el trió limeño conformado por Manuel Almenario , Alejandro Saéz y Justo Arredondo en la guitarra dicha versión  cantada  tiene distintos versos de los conocidos,.........  por obvias razones . ( Luis Pareja: Arequipa y su Música). 

Con motivo de la celebración del IV Centenario de la Fundación Española de Arequipa en el año de 1940, Eva Mirandade Saráuz, fue quién le colocó la letra a la composición musical  , para que fuera interpretada por sus alumnas . Eva Miranda y la maestra Jesús Suárez García junto al coro de niñas de la Escuela Pre vocacional estrenaron la canción en el año de 1940.





Vigencia.

El vals gozó de tanta popularidad que bien merece estar presente en un Record Guiness,  Desde sus inicios  con la versión cantada con algunas variaciones en los versos de Eva Miranda, por el dúo del "El fiero" Rodríguez y Santillana, con las guitarras de Zelada y Martínez, quizas la primera versión cantada con la letra de Eva Miranda. , hasta las versiones de los Hermanos Dávalos, y de las Hermanas Velazco.

Sobre el significado e importancia que tiene este emblemático vals, no sólo en la historia musical de Arequipa sino del Perú, Manuel Acosta Ojeda, refiere en su blog que mientras el "waltz que llega a Lima, venía importado para las clases aristocráticas de la capital, vía Panamá; el waltz que llega a Arequipa lo hace vía Buenos Aires- Potosí , viene en la memoria de los esclavistas europeos, aquel creado por la burguesía emergente , con la energía de esa clase , entonces popular". en ese aspecto de orden social y económico es que radica la diferencia entre el vals limeño y el arequipeño.



Fuentes:

  • Augusto Vera Béjar: El Vals Arequipeño.
  • Luis Pareja Rivero: Arequipa y su Música.
  • Juan Guillermo Carpio Muñoz: El Pendón Musical de Arequipa.
  • Fotografía de Eva Miranda de Saráuz: Luis Antonio Alvaro Suclla Lazo.